viernes, 24 de octubre de 2008

LXXIV

La amistad entre el hombre y la mujer no existe. Es así, y en este caso soy el fucking dueño de la verdad. Wanna know why? Porque esa pseudo amistad es absolutamente susceptible a corromperse, y todo ente corrompible, no es digno de ser llamado como tal. Punto. Más allá de que haya distintos tipos de relaciones, unas más juguetonas que otras, y de que se mantenga una línea de mutuo disfrute pasivo, si esa puerta se abre tomamos la casa en cuestión de segundos. Y ésto es aplicable a todo y todos (a todo, y todas). No ocurre por obligación sino por humanidad. Pero al saber que también la puerta puede permanecer eternamente cerrada, es imprescindible saber disfrutarse desde un costado momentáneo, trivial. O vivir sumido en la constante fluctuación entre la vorágine de los recuerdos y la vehemencia de los deseos.

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