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jueves, 24 de junio de 2010

DXLIX: Confesiones de invierno

Ansias de explicarte, un sentimiento inenarrable y tan ajeno al entendimiento. No habrá mejor lugar para realizarme, culminarme y hacer cumbre en mi sensación etérea de querer conocer un poco más. O de estar, y decir te quiero. Necesidad de independencia, libertad inmaculada. Compañerismo reciente de sangre cristiana en rituales hindúes. Guitarra y resurrección. Quizá elija el lugar menos frecuentado, el que apuesto que no se encuentra, para que el destino depare si una visita repentina vuelve a hacerte caer, y puedo decir sin miedo, sin represalias, sino como algo real, momentáneo y sentido. Querer estar, un ratito, para acompañar el dejo gris de esa mirada sufrida que dicta con los latidos y redacta los versos más tristes con sus pupilas. Nada más, sólo eso. Un invierno menos frío. Entre el vino y otras noches, menos tímidos, quizá hasta un poco menos borrachos; siempre entre colchones literatos sobre el parqué, pirámides de agrio vidrio y la esperanza cansada sobre el marco del porvenir.

martes, 14 de abril de 2009

CCXXXIV: Impresiones de Santa Rosa, La Pampa (II)

Me es inminente la responsabilidad de una confesión: les he mentido descaradamente. En efecto, quizás no califique como "mentira" ya que lo expuesto era un ilusorio acontecimiento futuro y mi desfachatez para con la realización del mismo. Sí, dudé. Y dudé excesivamente. No es que temiera por algún monstruo fabulesco ni por nada que se le parezca. La raíz de mi duda, su núcleo, fue la pavorosa sensación de ser el único. Y aunque de todos modos terminé siendo el único de mi especie, tirándome de cabeza y nadando por la laguna pampeana, fue aquel inocente y aventurero labrador, que perseguía una botella vieja como quien persigue a la utopía vívida del misterio humano, quien me dio el coraje para lanzarme en ese vuelo.