Mostrando entradas con la etiqueta suerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta suerte. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de julio de 2010

DLXIII: El Día de la Hostia

Sin perfección en el camino, sin victorias ni derrotas, despertamos cada día viendo el sol reposar en el horizonte de nuestras horas, y soñando que permanecerá ad eternum sobre nuestras cabezas. Rodeados de equis e íes, insignificados más que insignificantes, inyectando a cada latido una cuota de subjetividad, de carga simbólica que resignifica el mundo. Y hay días, que esa carga depositada en cada variable de nuestra ecuación vital, resulta positiva, entera. Pero creo que, más allá de nuestra ilusoria felicidad por sucesos preciosos, se sucede un irrefrenable natalicio de variables vírgenes, nuevas. Ver la rueda en movimiento, sin parar, vertiginosa, poniendo ante nuestros ojos nuevas sensaciones todo el tiempo, esperando a ser descubiertas. Esa chance de abrir otras puertas, de emprender nuevos caminos; ese, es mi día de la hostia.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

CCCXXIV: Merde!

Hoy no fue tu día, no corriste libremente por las praderas de mis recuerdos. No anestesiaste mis sentidos con el filo sutil de esa inyección adrenalínica que emerge de tu añoranza. No fue tu día, pero será tu noche. Y lo sé; y me alegra. Quiero regalarte sólo palabras de aliento y un empujón por la espalda, una pluma blanca, un susto repentino en la punta del trampolín. Clavadista con red, pero en vuelo etéreo. Tu cabeza roza hoy las aguas oceánicas de la incertidumbre, pero paralelamente el corazón siente que todo está en camino, que ya está nadando en su salsa y que nadie puede sacarte de tu lugar. Sólo por si vos misma querés robarte un minuto veinte de presente ininterrumpido, acá estoy yo para darte todo el aliento que nos permitimos. Merde!

jueves, 7 de agosto de 2008

VI

Había una vez, un señor con mucha suerte. Inició un negocio y le fue muy bien; tuvo millones de dólares (que aún no quiso gastar). Una noche, con las monedas justas para el colectivo, decidió ahorrarse unos centavos revistiendo su casa con un material totalmente inadecuado, para no tener que deambular por esta bendita ciudad mendigando por dos moneditas de cambio; ¡ya saben como es Buenos Aires!.

Otra noche, la anteúltima de 2004, algo salió mal con los invitados , y el anfitrión optó por jugar a las escondidas un ratito con sus amigos, los policías.

-¡PICA OMAR!- gritó uno de ellos, y se lo llevó en un auto hermoso, con destellantes luces azules y sonidos esplendorosos, a un loft un poco raro. Sus paredes eran frías y tenía barras de hierro en la puerta. Creo que lo hizo para que no vuelva a esconderse, y así ganar el juego.

Un tiempito después, una doncella cautivante, de inigualable belleza, que suele andar con los ojos vendados y una balanza en la mano, decidió que ese juego se había terminado y que el señor tendría libre albedrío para ganar los juegos que quisiera.

Sintiéndose triunfante, se acercaba el momento de la verdad. Un jurado majestuoso escogería al ganador del juego. Pero una perspicaz joven sabía que Omar había hecho trampa.

¡No creerán su suerte! La joven murió hoy por causas desconocidas en el Hospital Fernández, a sólo 12 días de saber quién resultaría ganador.

¿No es, este tipo, alguien con muchísima suerte?

- - - - - - - - -

La nota:
http://www.criticadigital.com.ar/index.php?secc=nota&nid=8722

Clarín y Nación no lo publicaron. Crítica, lentamente lo va dejando en el olvido...

Como todo, como siempre.