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martes, 29 de marzo de 2011

DC: Negros de mierda


La Nación publicó hoy una columna de Rolando Hanglin, “¡País generoso!”, acerca de vaya a saber uno qué cosa. Comienza relatando la experiencia de una vieja amiga que se desvirga del desconocimiento del suelo argento y admira la vasta diversidad natural y cultural de nuestro país en función de su medio ambiente. Colibríes, quinchos y suelos estrellados se funden maravillosamente en el relato con la fecundidad de nuestra tierra y su belleza.

Sin embargo, Hanglin resalta la ajenidad de su colega para con la idiosincracia vernácula y cuela en el debate una visión discrecional de una consecuencia disfrazada de causa, ambicionando la adhesión del lector –considerar que no escribió para la revista de Vida Silvestre, escribió para La Nación–.

Contrasta así la deslumbración por nuestra flora y fauna con el "bicho feo" de la inseguridad -como él mismo se encarga de calificar-. Se deshilvanan de sus palabras conceptos símiles a la teoría ecololó de Caparrós –en pleno ejercicio del contraste social-ambiental–, pero también una férrea confianza en la realidad que construye el monopolio mediático al que suscribe –y en el que escribe–, así como un deleznable tinte xenófobo al mejor estilo macrista, cuando al referirse a ladrones, asaltantes y asesinos se queja: “No contentos con los que ya teníamos aquí, estamos importando fuertes cantidades de los países vecinos.

Hernán Nadal siempre dice que uno puede decir idioteces siempre que al menos mantenga la coherencia; beneficio que otorgo a Hanglin como lector y crítico de su columna. Enunciar la criminalidad como si fuese surgida del ámbito natural, como un acontecer sin raíz más que el de su mera existencia, tiene una correlación ideológica con la consiguiente xenofobia manifiesta y el profundo desconocimiento de una América Latina que padece del desdén estatal en menesteres básicos y vitales.
Los índices de hambre y pobreza, tanto en Argentina como en los países vecinos a los que Hanglin hace referencia, superan con creces cualquier índice de inseguridad que quiera intentar, al mejor estilo De Narváez. ¡Quizás Hanglin tenga un plan! Realmente no lo creo.

No quiero justificar ejemplos como los que se mencionan en la columna, condeno enfáticamente la violencia imperante en nuestras calles y exijo un castigo a sus ejecutores –aunque también una readaptación acorde, no la que ofrece nuestro tristemente célebre SPF–; pero tampoco es cuestión de inventar una fauna social de origen divino, desentendiéndose de la responsabilidad que como constructores de un Estado que olvida, margina y elige –y eso es lo más triste, elige–, tenemos de su origen.

Hanglin tuvo la habilidad de amalgamar a Caparrós con el Macri más bruto y hacer gala de un populismo dialéctico digno de admiración, pero absolutamente falto de consistencia. Copio el enlace acá abajo y los dejo en sus manos, aunque con la esperanza de que sigan vislumbrando la belleza del colibrí, haciendo asados en el quincho de su casa y agradeciendo por todo eso que los negros de mierda que nos matan y nos tienen de rehen, no pueden tener.

miércoles, 28 de abril de 2010

DXXIII: Cultura Porno.


¿Sabemos disfrutar del sexo? ¿Lo entendemos? ¿Cómo lo entendemos? ¿Hay distintas perecepciones al respecto? ¿Existe el sexo sin amor y el hacer el amor? ¿Existe creer en esos dogmas? No sé. A mi me parece que no aprendimos a entender la sexualidad. Que el hombre confunde la virilidad o la excitación con una situación de posesión y dominio que a veces -más de las necesarias- resultan violentas -más de lo necesario-. Que la mujer juega cada vez menos al juego de la seducción y empieza también a ocupar roles de dominio y violencia, física o psíquica. Que lo la cultura porno resulta un grito de guerra insatisfecho, una saciedad de lujuria de ojos blancos y aullidos crujientes. Eso es parte. Seguro que sí. Pero, ¿lo vivimos? ¿O lo deseamos y lo creamos con la mente? ¿No se sobreactúa la violencia sexual? ¿Cuándo se superan los límites? ¿Quíen los delimita? ¿Cómo ver cuando estamos superándolos? ¿Cuándo reaccionar? Hagamos el amor, no la guerra o hagamos la guerra en la cama. Eso dicen, qué se yo.

sábado, 20 de septiembre de 2008

XXXVIII

Hoy tuve la posibilidad de replantearme la definición de violencia. Les recomiendo a todos aquellos que inconstantemente, sé que pasan por Egosincracia, que se pregunten qué es efectivamente para ustedes la violencia. Pero piensen en lo macro de la expresión, no caigan en un eterno letargo racional, al llegar a la superficialidad de la violencia física. Trasciendan. Desentrañen a la violencia desde sus raíces, escalen su misterio por el tronco quebradizo y resquebrajado que la erige, y deléitense con la incertidumbre al llegar a las nervaduras preciosas y rebosantes de clorofila. Sepan verla en cada situación ajena, pero también, y principalmente, en cada acción propia. En cada pensamiento. Qué puede desestabilizar su equilibrio emocional, y por qué. Realmente creo que, conociéndonos un poco más a nosotros mismos, y a los impulsos que nos hacen ser cada día un poco menos humanos, estamos en situación de realizar un considerable avance a nivel conjunto (en la sociedad, en el grupo de amigos o, simplemente, en nuestras casas). Y sí, sepan; la violencia no es un avance bajo ningún tipo de circunstancia. Toda acción que implique pérdida de vida, es digna de ser llorada, porque es un poquito de nosotros, lo que parte en ese viaje rumbo a la nada.

Notas: 1. Por favor, no caigan en el cliché de decir "Violencia es Mentir", aunque agradecemos al Indio por su genialidad. 2. Si quieren, pueden aburrirse un poco leyendo lo que opina al respecto la Real Academia, haciendo click acá. 3. Su opinión, escríbanla si quieren, pero lo importante es que la reflexionen; frente a la computadora, en el colectivo, en la ducha, o mientras aletargan sus sentidos, esperando algo mejor. 4. Mi opinión, más adelante. Posiblemente.