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domingo, 9 de noviembre de 2008
LXXXIX
Se sentó en su escritorio y bajo una tenue luz de lámpara, dio el paso necesario para encontrarse con ella. Una hermosa doncella digital que encanta la mente, paralizándola, y dejándola inmóvil ante el ímpetu sentimental. Una ilusionista. Amaro permanecía estático, con la mirada perdida en suaves letras que corrompían, insurrectas, los mandatos tecnocráticos, dando así un nuevo sentido a la comunicación virtual. Aprendiendo que el espíritu puede comulgar y alimentarse a través del aire abstracto, con una pantalla LCD como herramienta mediadora. Así la historia vuelve a escribirse, secularmente y adaptada a los inminentes avances (o retrocesos) sociales. Baralides llegó a redescubrir la luz en un alma grisácea por el ollín aspirado en todos y cada uno de los detalles que Amaro no supo ver.
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Mauro Fernández
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16:37
jueves, 6 de noviembre de 2008
LXXXVI
¿Por qué puede alguien esperar ansiosamente las 2 de la mañana? Realmente no lo sé. Tal vez para ser anfitrión de algo que despierte un espíritu dormido o fulminado por el trajín del día. Uno que nunca deba dormirse, uno que pueda sostenerse en su estoicismo inmortal, por los siglos de los siglos. Y eso se ata a la tierra con una cadena liberadora, más allá de lo antagónico que ésto resulte. Existe una cadena invisible que puede atar nuestras almas al suelo (al cielo), no permitiéndonos huír de las verdades del corazón, e inmiscuyéndonos en lo sustancialmente verosímil de la espiritualidad humana. Inescindible de nuestro ser. Inexpugnable en el sentir, aunque a veces insostenible, al proyectar empíricamente en las acciones cotidianas. Quiero estar atado a la tierra. Quiero esa cadena, para no ser preso de mi destino. Ansío forjarlo. & if my spirit is crying for leaving, no oses pagarle el pasaje. No lo dejes atrapado en libertad, preso de una ciudad dormida y sin sueños.
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Mauro Fernández
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0:52
miércoles, 29 de octubre de 2008
LXXVIII
Enseñame a mirar con tus ojos. Pero no para ver tu realidad, sino porque sé que mirás con los ojos del corazón. Porque el mundo no es el mismo si lo concebimos como seres llenos de energía, que creyéndonos carentes de ambiciones. Y la sonrisa que se dibuja en mi rostro no es hoy por pensar, sino por encontrar aunque sea, un espíritu divino. Dejar de hablar de amor, para hablar de paz y de efervecencia espiritual. Olvidarse por un rato de la razón como concepción totalitarista, para que se haga más mágico el momento en que volvamos a encontrarla. Así de rebuscado es el aprendizaje, así de inesperado. Pero también, así de gratificante. Gracias por una sonrisa.
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Mauro Fernández
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10:00
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