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lunes, 9 de noviembre de 2009

CCCLXXII: Callophrys Rubi


Te encontré en el repasador de la cocina. Eso, es salir del gris. Eso es encontrarte en todos lados con la mirada blanca...

miércoles, 21 de octubre de 2009

CCCLIII: Fairies

Pobre monjita detenida, pobre Sor Presa (chistonto para arrancar... ideal), si se arrebata su virginidad de sospecha, su cualidad de inesperada y perfecta. Ideal, como no podía ser de otro modo. Sorpresivas las matutinas letras que visitaron bandejas de entrada oxidadas por la falta de cariño; mágico el encuentro. Allí, deslizando la respuesta en el buque que cala el corazón como sólo los recuerdos calan la memoria. Y ella allí, gritando, corriendo, con su carta inmediata casi estratégicamente preparada, dispuesta a romper la formalidad de la palabra para dejarse llevar por el encuentro. Noche inefable, lectura minusciosa, perro fiel junto a mis pies y la verdad evaporándose en el aire. Porque siempre hay algo más, y ese algo más quiso tener la voz que el silencio no calló. Quiso hablar y habló. Y más que hablar, llenó mi corazón de certezas esta vez, más no de interrogantes como otras veces (como temíamos sin saberlo). Habló cuando Ismael volvió a declarar su manifiesto a mi sistema nervioso, tensándolo de historias pasadas y finales, de ventanas e historias de amor. Libre de las sogas a las que siempre le huyó, sigo creyendo en las hadas. Confiándole sin palabras esta vez que el toque ilusionista fue mutuo, sentido y verdadero. Crossroads una vez más. Respuestas que llegan solas, inesperadas. Y cada vez más lecciones de vida, aprendiendo que soy tanto o más inocente que un recién nacido. I do believe in fairies. You're a fairy. I believe. I believe in you.

domingo, 18 de octubre de 2009

CCCXLVIII: Make Love Not War (bis)

Hay gente que está en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Hay gente a la que eso le pasa una vez en la vida, y otra que vive bajo ese patrón de tropezones constantes con la misma -¡bendita!- piedra. Tanto amor daba vértigo. Un vértigo que no entiende ni nunca entendió de estrategias bélicas, por lo que dejó amplios flancos sin cubrir, y el ataque sutil de la hipocresía lo tomó por asalto. Y el amor era real, de ese que no es entre dos, sino para con ese pequeño mundo que nos convergía en infinitos encuentros mágicos, día tras día, noche tras noche. Siempre lo mejor, siempre quisimos lo mejor, siempre apostamos por un corazón honesto y una ecuanimidad pacificadora. La paz, el objeto principal, lo que nos encontró. El caos y la guerra, lo que los separó. Hoy no; hoy nadie quiere guerra. Hoy todos tenemos que apostar por una paz encontrada, y más allá de mi cómodo lugar para decirlo, no lo digo por mí. Nada cambia por salirse del eje, al contrario, sólo logra desenfocarnos más y más de nuestro propio impulso vital. Nunca nadie quiso mal para nadie, nunca nadie engañó a nadie, nunca nadie odió a nadie. Make Love, Not War.

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Entrada autocensurada del 10/03/09

jueves, 27 de agosto de 2009

CCCXII: Invisible

Así te quiero, invisible. Entonces... ¿por qué te empeñás en aparecer? ¿El que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen? ¡No! Caca. No te quiero cerca. Fuiste un sueño, pero al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Porque volvés y no existe. Y de lo que fue, sólo las cenizas ruines de la añoranza quedan. Y los cimientos de un mañana ausente, momifican el sentir torturándolo en plan de extinción. Sabés leer, sabés desaparecer. Leé y desaparecé.

sábado, 8 de agosto de 2009

CCXCVIII: Living loving maid

Aquella que visualizó imágenes etéreas de inmortalidad amorfa, se amoldó a preceptos ajenos, quizás míos, quizás... quién sabe: los monstruos! Autoproclamándose "mujer de mi vida" -sin margen de error- se lamentaba por la pobre y dulce chica del 39, víctima de nuestros proyectados encuentros reiterados, pasionales; efímeros éxtasis de humanidad. Hoy, lejos, aislada, en plena concreción de sus aventuras soñadas, de casi todas. Naufragando entre mis errores y los suyos, no viviéndonos mutuamente. Ya no despertando con sus cabellos del color del trigo, que se agitan con el viento y vuelven a mis tierras, aferrándose a mi cuerpo entre las sábanas como los vívidos vestigios de las noches compartidas. 

lunes, 3 de agosto de 2009

CCXCV: Diecisiete días

Diecisiete días. Los elegí entonces y los elijo ahora. Cuando la magia empezó y cuando se le puso fecha de defunción. Cuando un rito caprichoso del día dieciocho cerró el libro de poesía sin terminar de leer la última rima. En el principio que precede otro principio, sigue siendo mi elección. Lo hermoso del arte es que puede alcanzar la eternidad, pero siempre desde lo efímero. No pude dejar que ésto no fuera arte, y te sigo eligiendo efímera. Claro que quedan poemas por leer, lo sé, lo siento... La varita del tiempo no está en mis manos, no elijo controlar sino contemplar. Por eso, nunca sentí modificarte, aunque estuvieses meses de viaje en otras costas, preferí el naufragio de dejarte ser sin ojos ciegos. Y allí estás, entera, divina, ajena. Un logro. Otra sonrisa que me gustaría compartir con vos, aunque se quede dormida en mi cama. 

sábado, 25 de julio de 2009

CCIXC: Capítulo mágico

Adolfita toma las riendas del destino, cumple años y cierra etapas. Es maravilloso descifrar las vetas de una personalidad tan múltiple y reconocerla en distintos instantes. Yo supe amarlas a todas ellas, doncellas de ensueño que tuvieron en cautiverio a todos mis sentidos en un castillo mágico, de cristal. Hoy elige cerrar, no darle espacio a sus hermanas más idealistas para expresarse -y se nota hasta en el tono de su voz, como si un vibratto único las identificara dentro del mismo cuerpito-, y enojarse con lo que una vez, una artista compró, más allá de lo que exhibía la vidriera. Espejos nuevamente quizás, no lo sé. La busqué como se busca a la flor más auténtica del jardín del Edén, la amé como se ama a un infinito inalcanzable que trasciende las formas de lo que es y lo que debe ser. Me duele que no sea por amor, me duele que sea por miedo... Pero de la forma que sea, simplemente, es. Y así, será un capítulo increíble y mágico en la historia de mi vida. Ojalá el autor sepa dibujarla una vez más en esta trama triste en la que, de tanto en tanto, necesito su polvo de hada para volver a volar. 

viernes, 24 de julio de 2009

CCLXXXVII: I do believe in fairies



¿Conocés ese lugar entre dormido y despierto? 
¿Ese lugar donde uno todavía recuerda que estaba soñando? 

Ahí es donde te amaré siempre. 
Allí te estaré esperando...

domingo, 5 de abril de 2009

CCXXVIII: Quisiera un día...

Quisiera un día poder zambullirme de un salto repentino en el mar inmenso de tus ojos tibios, susurrándote al oído mi anhelo más sincero de amor eterno y de felicidad. 

Quisiera un día que tu sonrisa pura fuese el motivo más veraz del ensanchamiento de mi pecho. 

Quisiera un día desgarrarme del paño viejo de los recuerdos, que retaza un corazón embriagado del licor de la nostalgia. 

Quisiera un día también, poder decirte "Adiós, hasta luego", y que la liturgia de esa despedida sea carnaval y no el velatorio funerario de mi sonrisa. 

Quisiera un día despertar por las mañanas y no sentir que un jirón de mi vida ha marchado en ruta anunciada tras el viento. 

Quisiera un día que las formas sigan habitando un plano paralelo y secundario. 

Quisiera hoy, tal vez, asistir a un curso intensivo de amores ideales, para no necesitarte a cada instante como si fuese el último.

domingo, 29 de marzo de 2009

CCXXI

Hay suspiros en los que el tiempo se relativiza, se hace volátil, inestable, prácticamente conjugado en un plano de la realidad donde pasado-presente-futuro se funden en un mismo instante. Y uno se empeña en retener ese suspiro para poder seguir inmortalizándose en lo sobrenatural de los viajes atemporales, sin reconocer que por definición, es lo efímero lo que obra de llave, de puerta de entrada y salida de esta dimensión paralela. 

La siento amiga, la veo viva, sonriente, pura y apasionada; la sé amada y amante, generosa, completa, eterna. En dimensiones compartidas o subyacentes, sólo quiero vernos brillar. Y vuelvo y la siento inyectando sus jugos en mi cola de serpiente, arrastrándose y debilitándome cada vez más a la magia de sus encantos. Sonrisas japonesas se le animan a la empatía de nuestras miradas; Papa Noel llega temprano, por miedo a que su magia material quede en segundo plano ante nuestra pasión encapsulada. Dedos impertinentes cruzados bajo las sillas de un recinto sabinero y repetido; el año nuevo, el año compartido, desde las doce hasta hoy -desde hoy y hasta siempre-. Estoy en ese pasado que mientras dure el suspiro, será también hoy y mañana. Adoro los tímidos enamoramientos, sus dedicatorias inesperadas, el sabernos compañeros de una vida espejada y la lucha constante por ser la raíz de la fulgencia más inmaculada que se imagine en una sonrisa o en un corazón ya podrido de latir. 

Encontrarte y encontrarme. Encontrarnos y eternizarnos. Acompañándonos, amándonos, soslayando formalidades, enfervorizando cada instante.
Caminando juntos, de la mano y cruzando cualquier temporal que se aventure a enfrentarnos. Porque además de pares, somos espejos. Y eso es lo que nos da fuerza. Eso es lo que mantiene viva la mecha de la pasión.

CCXX- Hurtos 8: Francisco "Paco" Urondo

Con toda paciencia, la noche iba
tejiendo a su lado. Con todo
el amor, la noche crecía sobre su trama, sin
rencores. Éramos
así los dueños del fuego
del amor; los privilegiados,
los niños, los condenados a morir
con las espaldas 
descubiertas. Asesinos de la historia
que no llega a su debido
tiempo, que acarician
profetas y temblorosos. Dardos.
Espejos
Paco Urondo

Estaba en un estado
de ánimo sentimental; estuve
sonámbulo. Alcohólico, desierto,
fugitivo y 
tropecé con la cara de tu sonrisa
que ocultaba
la cara de tu rabioso dolor.
Addio (fragmento)
Paco Urondo

miércoles, 25 de marzo de 2009

CCXVIII

"Espero no tener nunca la vida hecha..." Una frase que fue regalo, hoy se luce y me ilumina desde la parte superior del monitor de mi máquina. Y la creo, y la vivo; pero a veces, si bien no quiero tener la vida hecha, me gustaría dejar de sentir el sabor a hospital en la laringe, la impotencia interminable de la insatisfacción, el apego inescindible a los amores. A veces quisiera dejar de sentir a la muerte hacerse carne en un cuerpo abandonado y erosionado por la tierra roja del despojo. A veces quisiera amar más la ciudad, contentarme con menos y disfrutar cada instante al cien por cien. A veces, lo logro; con ella lo logro. A veces la necesito más de la cuenta y otras, recuerdo aquella mariposa del tuyú, perdiéndose en el horizonte mientras mi mente se edificaba bajo el seudónimo de Juan Pablo Castel. De blanco a negro y visceversa, sin saltos ni sobresaltos. Ayudándonos es más fácil. Apoyándonos, es perfecto. Pero es el maldito equilibrio de un gris inerte, el que duele y sumerge en inmensos mares de incomprensión.

lunes, 23 de marzo de 2009

CCXVII

Este fin de semana la lluvia fue amenaza constante, desde el horizonte hasta los más diversos pronósticos meteorológicos. Sin embargo, las aceras porteñas no recibieron una sóla gota de agua para lavarse las penas. El sol del sábado al mediodía fue marco ideal para un asado entre desconocidos; las nubes vespertinas amenizaron mi lectura en la pileta. Ella se televizaba y yo bajaba corriendo, mojando todo rincón de mi casa con agua de pelopincho, caprichoso e insistente, asemejando una lluvia ausente. El domingo, la lluvia roja fue impetuosa, pero sólo bajando de un imponente escenario habitado por estrellas calvas, y precediendo una obertura sensorial para la más increíble relación padre, hijo. Aún así, y con el sol o las estrellas sobre mis pensamientos, todavía sigo esperando. Waiting fot the Sun.

miércoles, 25 de febrero de 2009

CXCVI

Nuestro Recuerdo:



viernes, 6 de febrero de 2009

CLXXXII

Las yemas de mis dedos se impregnaron de tu aroma;
mis labios, mi hocico intrépido.
Lo huelo, me huelo, te huelo;
lo hago y me espejo hurgando en un flashback;
vestigio sensorial que todo lo trasciende.
El tiempo y el espacio,
un retorno quieto y vívido.
La más maravillosa prestidigitación,
la ilusión de inmortalizarse,
de soñarse, durmiente o ausente.
Y no hay Carsons Escarlata, crisantemos ni jazmines,
ni colchones sin cojines,
que testifiquen bajo palabra, la fundición de nuestro todo.
Viviendo fuera del universo interior,
sintiendo, lejos del corazón.
Soy el sonámbulo de las historias pasadas,
el durmiente, en los extrañamientos impíos de la luna sola.
Soy una murga desenfrenada, cuando lato entre tus piernas;
un bolero del Nano, cuando el iris de tu mirada me encuentra;
una triste y desencordada mandolina, cuando las almas vagan ajenas.

sábado, 31 de enero de 2009

CLXXIII - Hurtos 3: Antoine de Saint-Exupery

Y del primer libro leído (releído), en este nuevo y postergado brote literario, la tercera entrega de "Hurtos". Y quiero agradecer por él a "mi" Maga, a Baralides, quien me da constantemente el empujón necesario para sonreir. Gracias por una sonrisa (como aquella vez, pero sostenida).

"El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

-Por favor... domestícame -le dijo.

-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!

-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.

-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...



El principito volvió al día siguiente.

-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejempló, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la feliçidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunça sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.

-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando eI día de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.

-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...

-Ciertamente -dijo el zorro.

- Y vas a llorar!, -dijo él principito.

-¡Seguro!

-No ganas nada.

-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:

-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

-Adiós -le dijo.

-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos."


El Principito
Antoine de Saint-Exupery



jueves, 29 de enero de 2009

CLXXI

Cada segundo compartido, irrepetible.
Cada prenda que cae, un paso más hacia la eternidad.
Cada mirada, una inyección de profunda honestidad.
Cada caricia, un regalo del cielo, bajado a la yema de tus dedos.
Cada mentira, una posibilidad de seguir viviendo lo más real que me tocó vivir.
Cada verdad, una nueva posibilidad de ser feliz.
Cada cabello encontrado, un vestigio de la pasión.
Cada encontronazo, una coraza a nuestros sentimientos.
Cada mate, un instante que nos permitimos compartir.
Cada suspiro, una pena que se va.
Cada espejo, ojepse adaC.
Cada no, la posibilidad de un sí reprimido.
Cada sí, la llave al paraíso.
Cada advertencia, una reafirmación del amor.
Cada llamada, el sentido de tener celular.
Cada proyección futura, lo más mágico de los errores.
Cada 39 que pasa, una posibilidad menos de encontrarme con esa perra.
Cada final, el comienzo de algo nuevo.
Cada novedad, un aprendizaje.
Cada noche, la posibilidad de verte fulgente, única entre miles.
Cada adoración, un tímido enamoramiento.

miércoles, 28 de enero de 2009

CLXIX

Yo elegí 17 días. Lo elegí entonces y lo sigo eligiendo más allá de mis anhelos de eternidad momentánea, cuando nos hacemos menos que dos. 300 años connotan una inmortalidad no deseada. La muerte y la mutación, el despojo corpóreo y la libertad de las ánimas en su vuelo eterno hacia nuevas formas. Y si hoy sigo eligiendo 17 días, aunque el desgarro del adiós pueda ahogarme en mares de lágrimas e incertidumbre, es porque la vida, desde entonces, nunca va a volver a ser igual. Cada uno de esos días, cada uno de sus minutos, segundos, pueden llenar de magia los restantes 300 años. Como el aleteo de una mariposa blanca.

lunes, 26 de enero de 2009

CLXVI

Y mis interrogantes dejaron abandonada su más intrínseca cualidad, para moldear su forma, transformándose en exclamación de certezas empíricas e irrebatibles. Mi insaciable y animosa curiosidad, así como el impulso profundo de conocer sus momentos más íntimos, se sabía por el camino correcto. El sutil empinamiento de su olfato, no es el mismo bajo la luz de la luna, o las tenues luminarias de una cápsula inmaculada. Su lengua inquieta colándose entre la mordedura perfecta de su sonrisa, agudiza su peculiar instinto entrometido cuando acaricia jugosamente cada milímetro de mi existencia. Los interminables caminos de su cabello, pueden fácilmente convertirse en nidos enmarañados de pasión ferviente y extenuante. Todo lo desconocido fue arrasado por la impetuosidad de los momentos compartidos; como una inquisición movilizada por el amor a los instantes, y la libertad de sabernos únicos. Y no dejar nunca de sorprenderse ante cada acción, o de sentir cada vez más fuerte el cosquilleo en las entrañas ante sus ojos predominantes, es el verdadero secreto para no dejar nunca de descubrirnos, más allá de los descubrimientos.