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jueves, 23 de octubre de 2008
LXXIII
A veces, tanto lo ardiente de los rayos del sol, como lo claro de un cielo celeste y despejado, pueden inducir equívocamente a nuestro olfato, a la percepción de un aroma más que familiar en ese mes de 90 o 91 días que es el verano. Y desde hace unos días, siempre que las condiciones sean propicias, siento el dulce, denso y grasoso aroma a protector solar, esté donde esté. En la plaza o en la oficina, solo o acompañado, caminando por Corrientes rumbo a la 9 de Julio, o por la 12 de Abril en dirección al Río Uruguay. Y la inconstancia de las sensaciones que ésto genera en mi interior, es difícil de explicar. A veces es nostalgia por los veranos compartidos que viví estos últimos años, y otras es felicidad, soltura y desapego, que regala el caliente aire veraniego. Imagino las sombrillas y la playa, los amigos y las montañas, distintos paisajes que representan paralelamente, distintos pasajes de mi vida. En fin, ese bendito protector solar que tanto siento en cada rincón, es motivador de una demente y prolongada alucinación, desde lo más abyecto, hasta lo más hermoso y pintoresco de mi pasado, presente y futuro. Let it be.
Publicado por
Mauro Fernández
a las
11:48
miércoles, 3 de septiembre de 2008
XXI
A veces puedo ser tan metódico y meticuloso que me sorprendo. ¡Pero es evidente! Claro que va a resultar más práctico y prolijo realizar dos orificios en los vértices superiores del cartón de leche; ya que si hacemos sólo uno, al servirnos, el pobre envase comenzará a aglobarse, falto de aire. Ahogado e intentando aletargar el milagro de verter escasa lactosa sobre ese mar finito con color a riachuelo y olor a desvelo, comienza a vomitar entrecortadamente, e infla su vientre lanzando agonizantes burbujas de aire. Finalmente, respira lo justo y necesario para seguir viviendo (para seguir vertiendo), y continúa su ardua lucha hasta que nosotros, cafeinómanos omnipotentes, decidamos bajar el cartón y liberarlo de nuestra tortura. ¿Quién ha de ser tan cruel para hacer sufrir así a un pobre cartón de leche?
Publicado por
Mauro Fernández
a las
13:49
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