La noche pasó de largo. Ni los relojes, ni las cortinas advirtieron la constancia casi muda e inhallable del segundero. Tarde ya para la película que quisimos ver; tarde más, para despertarla. Los árboles, inmóviles. La muchacha de enfrente se me desnuda en la ventana, regalando una silueta a contraluz antes de cerrar la cortina y perderse de la noche. En mi boca, resabios del pollo al horno y la ensalada de jabón. Ese que lava la sangre y contamina menos que un gramo de aurífera codicia, trabada allí en las adyacencias del cerro diabólico -pernicioso él, por el sólo hecho de ser-. El parlante devuelve al Piscis de un nueve en sintonía, la nostalgia y los recuerdos. Luces bajas, no-ganas de un café en jarrito. Antes, cerrar el ciclo. Vuelvo. Un volver que vuelve a volver y no vuelve para quedarse, sino que vuelve a seguir volviendo. Volver a herir la belleza del mundo, simplificándola en torpes tipeos y virtuales renglones. Mejor me voy a la cama, a ver si vuelven los Reyes y me encuentran volviendo.
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sábado, 13 de febrero de 2010
CDLXVI: Ordenando el cuarto (1)
¿Volviste? Estás volviendo... Si, vos vas a volver por completo, pero yo no voy a largarte ni dejarte a la deriva. Hoy empecé a acercarme y fui feliz, con tu respuesta, con tu sonrisa perfecta, que ojalá no se borre de pronto... Amo sentirte cerca, y me mata la ansiedad, pero ahora empieza la lucha más árdua (mi lucha más árdua); la de estar cerca, esperando el sutil rocío de caricias, el calor de tus abrazos en invierno, el temporal de besos que se avecina, sin llegar del todo. Es una forma como un cielo bajo, cargado de nubes gordas y electrificadas, que no escurren una sola gota. Y recémosle a los dioses del tiempo, que desaten la tormenta... Que aunque sea el diluvio final, valdrá la pena estar sin paragüas.
5/5/09 - 1:13
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Mauro Fernández
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22:15
sábado, 23 de enero de 2010
CDIXL: Los setenta
Los setenta tienen ese no se qué, esa textura tan ríspida que lastima. Son algo así como los besos de Judas con lengua de gato, darle un instante es dejarlo marcharse y vencer el cariño a tus espaldas. Montado a la baranda, las noticias titulan “gato suicida salta de un balcón”, mientras se relame el vientre en el aire, a un desliz, una caricia, de todo aquello. Salta al balcón del vecino y el beso Iscariote se anega en el pasado, que no se imprime ya en su recuerdo etéreo. Y el 2010 se ve tan lejano, con sus bases de datos y empirismos inscriptos en las memorias inextinguibles de sus ordenadores, que la traición pierde su encanto. Los setenta lamen el culo del gato vecino. Su reacción: las garras filosas y los pelos erectos en su lomo. Pero vuelve a saltar, como si nada. Y todas las garras, y todos los pelos -y hasta los dientes que no percibimos-, nunca existieron. Como la vuelta a casa, la aspereza de su cariño y la leche para el gatito.
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Mauro Fernández
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19:28
jueves, 12 de noviembre de 2009
CCCLXXV: Viaje en el tiempo
Puse un Cd de fotos y me reencontré con mi pasado. Pero con uno que no me acordaba, que estaba nebuloso, perdido. Lo ví ahí, tan fresco, tan nene (y por otro lado, tan reciente) que me dio pánico, como sentimiento anticipado a la alegría. Reviví un amor, vi que las idioteces son repetidas, que creerse el dueño del mundo pasa en cualquier circunstancia, casi tanto como saberse el más idiota. Me ví riendo, tocando, jugando, haciendo estupideces, en bolas, disfrazado de mujer, actuando en una obra bizarra, de vacaciones, en poses floggers, en Cromañón, con Paco, jugando en Ferro, flaquísimo, baby face... Ví otro Mauro. Una lástima, porque seguro que ese todavía vive bien abajo, guardadito, y es el que de tanto en tanto agarra la guitarra cuando El Otro le dicta que "tiene tiempo". Y cuánto me faltaba conocer, cuántos amores, cuántos momentos, cuánto vértigo, cuánta experiencia, cuántos palos y cuántas muertes. Y cuántas resurrecciones. Un punto final que inexplicablemente, siempre se convierte en letra capital y sigue escribiendo. Y todo parecía tan real, que visto desde hoy me suena a mentira, a historia de otro, a cuento comprado. Pero no. Fue mío, mí historia y mi realidad, en la que creí 100% como hoy creo ésta, y la creo real, aunque sé que mañana será distinto y que las risas y las penas de hoy serán Cds de recuerdo el día de mañana. Y que esos días grises que, como dice Ismael, uno omite en su biografía, no suelen quedar inmortalizados en álbumes idiotas de tiempo suspendido.
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Mauro Fernández
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2:32
lunes, 17 de agosto de 2009
CCCVII: P + P = F
Mientras aquel maravilloso e impío sol descansaba sobre mi nuca, Elvira se deslizaba sobre el manto invisible que cubría las baldosas de Libertador. Sus paisajes se hacían nuestros y en un parque oriental, la metáfora de nuestro existir se hacía visible y maifiesta. Cruzamos el rojo puente sabiéndonos eternos. Sonrisas, manos inquietas y amigas que dan vida a los caídos crisantemos, un abrazo imposible en el balcón del templo. Pasos, vuelos, café y besos alquimistas. El 124, la huída cobarde, la magia obsoleta. Pasado + Presente = Futuro.
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Mauro Fernández
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15:08
domingo, 19 de julio de 2009
jueves, 7 de mayo de 2009
CCLI: Feliz cumpleaños...
A ellos, atrasado y presente. A ella, por venir. Festejemos juntos, los cinco en familia, de una vez por todas. Perdón por ser un ente aislado... Los amo, como nunca me animo a decir, por culpa de un sentimiento tan inefable e incomprensible.
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Mauro Fernández
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15:15
sábado, 25 de abril de 2009
CCXLIII: Hurtos 10 - Francisco "Paco" Urondo
No alcanza
vivir con precisión,
sabiendo lo que calma o arruina: la
complacencia, el sol
nuestro de cada día aliviándonos.
No alcanza
vivir con precisión; habrá
menos peligros
por ese lado, pero el calor
no llegará al fuego, necesariamente.
Nada sabrás
que yo no sepa,
nada verás
que ya no vieras.
No durarás: sólo
memoria; ausente.
Iré detrás
de tu recuerdo
cuando se aleje.
No volverás, no
encontrarás
todo el recurso del olvido.
Tener o No
Cuando arda el amor,
no estaré a tu lado,
estaré lejos.
Será por cobardía,
por no sufrir,
por no reconocer que no supe
cambiar todo esto.
Arderá el amor,
arderá su memoria
hasta que todo sea como lo soñamos
como en realidad pudo haber sido.
Pero ya estaré lejos.
Será tarde para lamentos
y nadie podrá todavía asombrarse
de lo que tiene.
Antes que nada, antes
de sospechar,
vivamos esto, que más no sea, y que
por ahí es demasiado.
Vivir, sin
que nadie admita; abrir el fuego
hasta que el amor, rezongando, arda
como si entrara en el porvenir.
Dame la Mano
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Mauro Fernández
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16:00
jueves, 2 de abril de 2009
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