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jueves, 28 de junio de 2012

Necesidad de [R]evolución

Comparto un video de TIME sobre la innovación energética en mercados rurales de India. Allí, más de 300 millones de personas no tienen electricidad. No tienen televisión, ni heladera, y cuando el sol se va, tampoco tienen luz. En estos ámbitos las renovables no son una alternativa, sino la única opción. En Argentina hay mucha gente viviendo "desconectada" de la red que podría contar con un derecho básico hoy en día, como la electrificación de sus hogares. La revolución por las renovables no es un problema ambiental esnob. La revolución energética es la mayor batalla del siglo XXI por la justicia social.




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Anotación al pie: El video está en inglés y no tiene subtítulos en español. Pido disculpas a quienes por ese motivo no puedan verlo, aunque no debería ser yo quien las pida. Que estas noticias no lleguen al mundo de habla hispana es parte de una manipulación y ocultamiento de información sensible al público. Los oligopolios mediáticos, tanto corporativos como estatales, callan todo aquello que pongan en riesgo sus intereses económicos y estratégicos. Allí se hace fuerte la pluralidad de voces –e idiomas– y la integración de la humanidad como un todo único e indivisible. Hay muchas reivindicaciones posibles a partir de esta entrada. Tomemos la que más nos parezca y llevémosla a la práctica cuanto antes. Lo que es imperdonable es la inacción.

sábado, 2 de junio de 2012

Reinventando el fuego

Vuelvo después de un tiempo con una muy buena charla de Amory Lovins, de RMI, sobre una impostergable y conveniente revolución energética para Estados Unidos. Aplicable a escala global. Eficiencia, descentralización e inagotabilidad de recursos, desde una óptica económica que la hace impostergable.




Gracias Emiliano por hacérmela llegar.

domingo, 22 de abril de 2012

#DepredaciónSustentable por el #DiaDeLaTierra

(y feliz día de la tierra para todos)


Quiero compartir la posición de Observatorio Petrolero Sur, "una respuesta militante a las agresivas políticas de promoción de la actividad hidrocarburífera en Argentina", como ellos mismos se definen en su sitio. Está claro que la depredación viene de la mano de distintos sectores, y el hidrocarburífero no es el único.

La explotación minera del oro, insustentable por definición y sobrevaluada por omisión -el 90% del oro del mundo se usa para especulación y ostentación-; del Uranio, radiactiva y motivada únicamente por la voraz adicción nuclear que pone en riesgo al mundo entero con sus reactores intrínsecamente inseguros; la deforestación alimentada por la expansión de una frontera agropecuaria depredadora basada otra adicción, bien argentina, la soja, entre tantas otras.

Lo que motiva mi inclinación por publicar este artículo es lo oportuno y lo certero de su aparición. El festejado proyecto de Ley de Soberanía Hidrocarburífera -o "la expropiación de YPF", como algunos lo quieren hacer ver-, no es otra cosa que el preludio de una vehemente avanzada sobre los recursos naturales, amparados bajo los dogmas de un nacionalismo de anteojeras, que avala una violación siempre que se haga con fines patrióticos. Celebramos, muchos, volver a controlar parte de nuestros recursos naturales.

Tal vez este no era el modo, tal vez Eskenazi también merecía que parte de su impaga participación accionaria fuese expropiada, y no sólo la parte del grandote español, quizás la búsqueda del enemigo externo que se cayó luego de que los aliados latinoamericanos no apoyaran el reclamo por Malvinas en la Cumbre de las Américas traiga aparejadas consecuencias peores que las previstas. Todas incertezas. La verdad es la única realidad. Y la verdad es que este proyecto, independientemente de su Título III, es la luz verde a un desproporcionado avance de los intereses económicos -YPF S.A. sigue siendo YPF S.A.-, por sobre los derechos de los pueblos y las decisiones energéticas de los ciudadanos de la Nación. Y eso es algo que, al menos, no debemos meter en la misma bolsa de banderines y piñatas en la que metemos que el 51% de YPF vuelva a flamear celeste y blanco.
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Un buen puntapié para iniciar el debate


Posición del OPSur ante el proyecto de ley de Soberanía Hidrocarburífera
Foto: OPSur
La tan esperada medida de avance efectivo del Estado sobre el petróleo y el gas es hoy en día una realidad. No se ven mayores inconvenientes a una aprobación directa en el Congreso Nacional.
La recuperación en el control y gestión del petróleo y el gas por parte del Estado nacional ha sido bandera y objetivo político de numerosas organizaciones, de las cuales somos parte. Sin embargo, no creemos que la medida apunte a la raíz de la situación y pueda ser tomada como punto de inflexión en la superación del marco regulatorio neoliberal, por lo menos hasta este momento. A su vez, el debate público –donde primó un punto de vista económico en desmedro de abordajes ambientales y sociales- se ha centrado únicamente en el por qué y el cómo. El para qué de la medida, según el proyecto de ley, apunta a alcanzar el autoabastecimiento energético y el equilibrio de la balanza comercial. Sin embargo no se llega a dilucidar el día después con mayor profundidad, los únicos indicios son el explícito interés sobre los cuestionados yacimientos no convencionales. La formación Vaca Muerta -que se ubica principalmente en territorio de la provincia de Neuquén- es la que más intereses despierta -aunque también existen otras cuencas en el país-; el escenario futuro, podría ser de profundo riesgo ambiental y social para gran parte del país, como lo demuestra la experiencia internacional.
Que el árbol no nos tape el bosque
Si bien celebramos la medida creemos que debe ser el puntapié inicial y no el cierre del debate energético, que se ha circunscripto a un abordaje económico. Consideramos que aún hay mucha tela para cortar.
Todavía no ha habido un pronunciamiento sobre los pasos a seguir respecto al marco regulatorio neoliberal que actualmente rige el sector, principalmente los decretos de la era menemista 1.055/89, 1.212/89 y 1.589/89. La vigencia de la desregulación y la libre disponibilidad del recurso lo definen como un commodity y no como un bien estratégico, más allá del supuesto cambio de paradigma que significaría la expropiación de las acciones de YPF, expuesto en la fundamentación del proyecto.
Asimismo, no se ha planteado el aumento de las regalías para todo el sector, en la Argentina los gravámenes son de los más bajos a nivel mundial y en clara disonancia con el camino emprendido en los últimos años por otros países de región. El aumento de las regalías sería una forma genuina de capturar parte de la renta petrolera de todo el sector, no únicamente de una empresa -que hoy detenta menos de un tercio de la extracción total de petróleo y gas.
La implementación de un plan de transición energética hacia una matriz ambiental y socialmente sustentable, sostenido con aportes de la potencial recuperación de la renta hidrocarburífera, tiene que ser parte del debate. No debería encerrarse únicamente en si el Estado debe intervenir o no en el control de los hidrocarburos o la recuperación de la renta petrolera, como condición excluyente de cualquier otra medida. La amplitud e integralidad de aristas, por sus profundas implicancias sociales y ambientales, debería aunarnos en un debate. Esto no solamente mejoraría considerablemente el modelo energético que tenemos y queremos, sino que también apuntalaría qué país nos gustaría construir para nuestra generación y las venideras; este sería efectivamente un ejercicio de soberanía energética.
Contradicciones: extracción para exportar y autoabastecerse
Dos de los puntos más destacables de la medida son la declaración de interés público del sector y sus diversas etapas, como lo expresa el artículo 1 del proyecto enviado al Congreso por el Poder Ejecutivo, y la creación del Concejo Federal de Hidrocarburos. Ambas darían mayores herramientas al Ejecutivo nacional, sumando la parcial expropiación, para un control más férreo del sector. Consideramos que tanto en el proyecto como en los debates posteriores, la primera plana del gobierno nacional se ha auto exculpado de cualquier responsabilidad que le quepa en los casi 9 años que lleva al frente de la Casa Rosada. Asimismo, ha corrido del eje la responsabilidad que tendrían que asumir los gobernantes provinciales, quienes muchas veces han actuado como representantes de las trasnacionales para lograr el mantenimiento y el incremento de los beneficios empresariales. En este sentido, la incorporación del grupo Eskenazi dentro de YPF no es mencionada por parte de los funcionarios nacionales, ni en el proyecto ni en los debates públicos. El rol y función que juegan los empresarios locales, en alianza con las trasnacionales, es olvidado en la definición de soberanía hidrocarburífera que propone el kirchnerismo. Este craso error, y en virtud del potencial escenario de alianza con el sector privado para acceder a los futuros niveles de inversión requeridos, no puede ser dejado de lado. Desde este espacio no esperamos que se ‘rasguen las vestiduras’, sino que subrayamos que el diagnostico oficial no repara en la necesidad de un cambio estructural del sector en ningún momento.
En esta línea, las palabras de la presidenta Cristina Fernández son claras en el sentido de que esta medida no es una ‘estatización’. La invariabilidad del status jurídico de la empresa, que continuará siendo una sociedad anónima, refuerza la idea de que su comportamiento no distará de la lógica de sus pares. El nuevo rumbo que se imprimirá en YPF y en todo el sector, de acuerdo al proyecto, apuntaría por un lado al autoabastecimiento (que revierta la tendencia deficitaria en la balanza energética y comercial) pero también, y paradojalmente, a la generación de saldos exportables. En otro de los puntos del proyecto se sostiene que la extracción hidrocarburífera “racional” apuntará a contribuir al modelo de acumulación imperante como prioridad, estimulando la competitividad de la economía en su conjunto.
La insustentabilidad como eje
¿De qué forma será posible que Argentina pueda autoabastecerse, garantizar el recurso a las generaciones venideras y, al mismo tiempo, exportar? La tendencia declinante de las reservas hidrocarburíferas no solamente son motivo del saqueo rampante del subsuelo emprendido por las trasnacionales, sino también un signo de que las cuencas tradicionales del país han llegado al llamado ‘peak oil’ o punto máximo de extracción (de hidrocarburos baratos y de fácil acceso). ¿Cómo paliar esta situación? Desde despachos empresariales y públicos la resolución a este dilema es la extracción de hidrocarburos de yacimientos no convencionales.
Argentina es la tercera reserva mundial de gas según un informe de la consultora Advanced Resources International Inc. -contratada por el Departamento de Energía de EEUU-, repiten sin cesar los funcionarios gubernamentales. Omiten, sin embargo, que un estudio oficial del gobierno de Polonia redujo a un tercio las cifras que la misma consultora atribuía a ese país –presentado ante la opinión pública como el ‘paraíso de los yacimientos no convencionales’ de Europa. O incluso EEUU, donde las reservas declaradas por las empresas empiezan a ser cuestionadas por estar ‘infladas’.
Tampoco los impactos ambientales y sociales que ha significado el desarrollo de este tipo de explotación en EE.UU. son tenidos en cuenta a la hora de proponer su implementación. La prohibición que pesa sobre estas técnicas de producción en Francia y Bulgaria o las moratorias que impusieron algunos estados de EE.UU., Sudáfrica, Australia y el Reino Unido de Gran Bretaña, entre otros, tampoco se mencionan.
La industrialización masiva de áreas rurales, la afección de economías regionales, el uso indiscriminado de agua, la pérdida de soberanía alimentaria por parte de agricultores, la contaminación comprobada (por la Agencia de Protección Ambiental –EPA- de EEUU) sobre tierra y agua y el indudable impacto sobre la salud de los habitantes serían datos menores para el discurso económico desplegado en los últimos días.
Sin embargo, el ministro de Planificación Federal y ahora interventor de YPF, Julio De Vido, ha dicho que Repsol deberá pagar por los pasivos ambientales. El gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, ha sido el precursor en este sentido y anunció que demandará a Repsol por el pasivo ambiental que dejó la operación de la compañía en territorio provincial. Pero, una vez más, la preocupación ambiental es una variable de negociación en donde lo que no se pone en tela de juicio es al sector en su conjunto, sino que se cuantifica la naturaleza como si fuera una mera mercancía. En el marco de la crisis ecológica global, que tiene entre sus principales razones la quema de hidrocarburos, el país pospone necesarios debates sobre una de transición energética y una verdadera sustentabilidad.
Nos preguntamos si el aumento de participación en el sector por parte del Estado nacional redundará en una adecuación de la industria a los derechos de los pobladores locales. Vasta información documenta las recurrentes violaciones de derechos humanos por empresas privadas, especialmente sobre campesinos y pueblos indígenas. En este sentido, nos alerta y preocupa la benevolente mención -en los fundamentos del proyecto de ley- de la prioridad que tiene en México la extracción de hidrocarburos por sobre cualquier otra forma de ocupación y uso de la tierra. ¿Hasta dónde estarán dispuestos el Estado nacional y los provinciales a avanzar con la frontera hidrocarburífera? ¿En qué medida se garantizará un ambiente sano para las generaciones presentes y futuras de continuar profundizando la matriz hidrocarburífera?
Buenos Aires, 19 de abril de 2012.
contacto@opsur.org.ar – (011) 4373-6303/4

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Señales de importantes cambios desde Alemania

Comparto con ustedes un excelente artículo del sociólogo alemán Ulrich Beck sobre el plan de abandono de la energía atómica que lleva adelante el gobierno de su país natal.

"Las nucleares privatizan los beneficios y socializan los peligros. Si sus empresas estuvieran obligadas a suscribir pólizas de seguros por el riesgo que generan, se acabaría el cuento de la electricidad nuclear barata

Os habéis quedado solos, afirma el ecologista estadounidense Stewart Brandt, con referencia a los planes de Alemania de abandonar la energía nuclear. Y añade: Alemania actúa de forma irresponsable. No podemos renunciar a la energía nuclear por razones económicas y por la amenaza de los gases de efecto invernadero.

Sería absurdo suponer que Alemania, al decidir dar un vuelco a su política energética, se despide del concepto europeo de modernidad y se adentra en las oscuras y boscosas raíces de su historia intelectual. No es la irracionalidad alemana la que ha ganado, sino la fe en la capacidad de aprendizaje y creatividad de la modernidad en el trato con los peligros de los que ella misma es responsable.

Los adalides de la energía nuclear basan su juicio en un concepto de riesgo inmune a la experiencia, que, irreflexivamente, confunde la era de la industrialización temprana con la era atómica. La racionalidad de los riesgos parte del supuesto de que puede darse el peor caso concebible y de que debemos tomar medidas cautelares frente a él. Por ejemplo, si se nos incendia la techumbre, vienen los bomberos, el seguro nos resarce, se han tomado medidas para la eventual asistencia sanitaria, etcétera. Trasladado a los riesgos de la energía nuclear, eso querría decir: incluso en el peor de los casos, nuestro uranio solo emite radiación durante unas pocas horas, no durante miles de años; tampoco es necesario evacuar la población de una gran urbe cercana. Eso, naturalmente, es absurdo. Quien después de Chernóbil y Fukushima siga afirmando que las nucleares -francesas, británicas, estadounidenses, chinas, etcétera- son seguras, ignora que, empíricamente, hay que extraer la consecuencia exactamente opuesta: solo una cosa es segura, el próximo accidente nuclear a gran escala.

Quien asegure que en las grandes instalaciones técnicas no puede haber un riesgo nulo (lo que es cierto) y saque de ahí la conclusión de que los riesgos de la utilización limpia del carbón, la biomasa, la energía hidráulica, el viento y el sol, por un lado, y el de la energía nuclear, por otro, son, aunque diferentes, comparables, intenta escamotearnos el hecho de que sabemos con toda exactitud qué ocurre cuando se funde el núcleo de un reactor. Sabemos durante cuánto tiempo existirán emisiones radiactivas, qué hacen el cesio y el yodo con las personas y con el ambiente y cuántas generaciones sufrirán en el caso de que suceda lo peor. Sabemos también que estas dimensiones no son equiparables a las consecuencias temporales, espaciales y socialmente delimitadas de las energías alternativas y renovables.

¿Y qué decir de los seguros? Curiosamente, en el imperio de la libre economía de mercado, es decir, precisamente en Estados Unidos, la energía nuclear fue la primera industria de socialismo estatal... al menos en lo tocante a los costes de los errores. Los beneficios acaban en bolsillos privados, los riesgos se socializan, es decir, se derivan a las generaciones futuras y a los contribuyentes. Sin embargo, si la legislación obligara a que las empresas de energía nuclear suscribieran pólizas por el riesgo que generan, eso supondría el fin del cuento de la electricidad nuclear barata. El concepto de riesgo del siglo XIX aplicado a la energía nuclear de comienzos del XXI es una categoría zombi, una categoría que nos hace ciegos a la realidad en la que vivimos. No solo no es irracional el abandono de la energía nuclear: lo que es irracional es seguir respaldándola después de Fukushima, ya que se basa en un concepto anticuado de riesgo que se inmuniza contra la experiencia histórica.

Ninguna otra nación industrial se ha embarcado en un abandono tan rápido de la energía nuclear como Alemania. ¿Estamos ante un acceso de pánico exagerado? No. No es el "miedo alemán". ¡Es la economía, estúpido! La energía nuclear se hará más onerosa a la larga; la renovable, más barata. A los alemanes lo que les impulsa es un miedo astuto. Olfatean las oportunidades económicas del mercado mundial del futuro. En alemán, el vuelco energético es sinónimo de empleo. Un cínico podría decir: dejemos que los demás sigan en su orgullosa falta de miedo; eso termina resultando en estancamiento económico e inversiones fallidas. Los paladines de la energía nuclear se ciegan el camino hacia los mercados del futuro, al no invertir en la alternativa de los productos que ahorran energía y en las energías renovables, como tampoco en universidades, carreras profesionales e institutos de investigación "verdes".

A comienzos del siglo XXI, la situación es comparable a la de otras rupturas históricas en materia de abastecimiento de energía. Imaginemos que hace 250 años, en el arranque de la primera revolución industrial, la gente hubiera desoído el consejo de invertir en carbón y acero, máquinas de vapor, telares mecánicos y ferrocarriles. O que, hace 50 años, se hubiera despreciado, como muestra del "miedo americano", la súbita inversión de los estadounidenses en microprocesadores, ordenadores, Internet y los nuevos mercados que inauguraron esas tecnologías de comunicación. Hoy estamos ante un momento histórico similar. Quien abriera a la explotación a través de la energía solar siquiera una parte de los desiertos podría cubrir la demanda energética de toda la civilización. Nadie puede apropiarse de la luz del sol, nadie puede privatizarla o nacionalizarla. Cualquiera puede explotar y beneficiarse por sí solo de esa fuente de energía. Algunos de los países más pobres de la Tierra son "ricos en sol".

La energía nuclear es jerárquica y antidemocrática. Exactamente lo contrario puede decirse de las energías renovables, como la eólica o la solar. A quien obtenga su energía de una central nuclear se le cortará el suministro eléctrico si no paga la factura. Nada semejante puede ocurrirle a quien obtenga su energía de placas solares instaladas en su casa. La energía solar hace a la gente independiente. Está claro que esta libertad de la energía solar pone en cuestión el monopolio energético de la energía nuclear. ¿Por qué los estadounidenses, británicos y franceses, que tanto valor atribuyen a la libertad, son ciegos a estas consecuencias emancipatorias del vuelco energético?

Por doquier se anuncia y lamenta el final de la política. De forma paradójica, la percepción cultural del peligro puede obrar justo lo contrario, el final del final de la política. Quien quiera entender lo que digo puede recurrir a las ideas que John Dewey expuso ya en 1927 en The public and its problems. Según Dewey, una opinión pública capaz de transcender las fronteras y animada del poder de constituir una comunidad no surge de las decisiones políticas, sino de las consecuencias de las decisiones que son existencialmente problemáticas en la percepción cultural de los ciudadanos. De este modo, un riesgo percibido como tal por la opinión pública impone la comunicación entre aquellos que quizá antes no tuvieran nada en común. Hace recaer sobre ellos obligaciones y costes frente a las que se defienden, frecuentemente con la ley de su parte. En otras palabras: precisamente aquello que muchos creen tener que atacar como sobrerreacción histérica frente al "riesgo" de la energía nuclear es un paso de vital importancia que posibilita que el vuelco energético se convierta en un vuelco democrático.

Las estrategias de actuación que abre el potencial catastrófico de la energía nuclear frente a las alternativas realistas de las energías renovables subvierten el orden que se ha originado en la alianza neoliberal de capital y Estado. Ante la amenaza de catástrofe nuclear, adquieren poder Estados y movimientos surgidos de la sociedad civil. Simultáneamente pierde poder la industria nuclear, puesto que las consecuencias de las decisiones de inversión ponen en peligro la vida de todos. Por el contrario, se le ofrece una oportunidad histórica a esa novedosa coalición entre los movimientos de la sociedad civil y el Estado, tal como la vemos ahora en Alemania. También desde el punto de vista de la política de poder tiene sentido el cambio de política energética. Solo un Gobierno conservador, cercano al mundo de la economía, puede llevar a cabo tal vuelco energético.

Quien critique el abandono de la energía nuclear por parte de Alemania podría ser víctima del error de la oruga: cuando se encuentra en plena metamorfosis, la oruga podría lamentar la pérdida del capullo que la envuelve porque aún no percibe la mariposa de la energía renovable en la que se está convirtiendo."

Ulrich Beck
Elpais.com

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Con el corazón en la boca

La energía nuclear somete a los pueblos a vivir con el espanto. Sirenas acostumbradas a avisar derrames radiactivos que no distinguen simulacros, pastillas de yodo permanentemente al alcance de la mano, protocolos de seguridad insuficientes, y el miedo, sospecha instalada al saber que no toda la verdad es transmitida y que no siempre suenan las bocinas anunciando escapes radiactivos considerados menores.

¿Es posible vivir así? Puertas y ventanas cerradas, rendijas selladas, y en algunos casos instalados en sótanos herméticos, incomunicados por tiempo indefinido, ignorando cuando “concluirá el bombardeo” (sin guerra a la vista)

No hay sitio con planta nuclear en el planeta que no emita escapes radiactivos al ambiente. No hay central atómica o instalación nuclear relevante que no haya colapsado en algún momento. Se dirá -como siempre- que el impacto es insignificante, se ocultará que la radiación es sutil, sin olores que la declaren, sin color, formas, dimensión, pero girando caprichosamente en la campana bioesférica del planeta. Se evitará informar que la radiación es acumulativa, axioma que la define como la primera causa mutante, que habrá de sumarse en mínimas dosis a la ya capturada por nuestro organismo en las células de información genética. Se la intentará comparar con la radiación de fondo y dirán que es menos peligrosa que la placa radiológica del dentista.

De inmediato sobreviene el silencio oficial, una alfombra cubre las instalaciones dañadas y “confirmarán” que no ha pasado nada; reconocerán sin turbarse que muertos y contaminados son inmolaciones inevitables del progreso, a pesar de territorios perdidos para siempre, inhabitables por milenios, ecosistemas alterados, como el japonés de Fukushima o el ucraniano de Chernobyl.

¿Es posible vivir así? Los habitantes del pueblito francés de Codolet, o los de Chernobyl, Fukushima o Three Mile Island, saben ahora que la rutina de las sirenas puede ser el aviso tardío a efímeros sobrevivientes.

Esta vez la señal “no era para los habitantes franceses del municipio de Marcoule -se les dijo- sino para los empleados de la planta”, relativizó el funcionario. Codolet es el dormitorio de trabajadores del depósito y de la planta de reprocesado de residuos radiactivos, fábrica de las primeras bombas atómicas francesas, también centro de investigación y producción de combustible para centrales nucleares, con óxido de uranio y plutonio; se halla a orillas del río Ródano que vierte en el Mediterráneo, cloaca de la Europa ancestral, colapsada hoy por la caída de las bolsa de valores y una economía neoliberal agonizante; en ese marco el fantasma de la radiación es otra realidad.

Europa duerme sobre racimos atómicos, con 148 reactores nucleares activos en 16 países, plantas obsoletas la mayoría de segunda generación con su vida útil en el límite (prolongada en el tiempo a pesar del riesgo); tiene la tercera parte de los 442 reactores que funcionan en 30 países; sólo en Francia hay 58, le siguen Gran Bretaña con 19, Alemania 17, Suecia 10, España 8, Bélgica 7 y República Checa 6, etc. (Estados Unidos tiene 104 plantas nucleares, Rusia y Ucrania 47, Japón 54).

En todas ellas, el hombre y la robótica deberán funcionar sin error alguno, la fatiga de materiales debe ser detectada a tiempo, no se permiten omisiones, pasos saltados, modorras o desatinos. Hace cuatro décadas El premio Nobel de Físíca, Hannes Alfven advertía que “la energía de fisión es segura sólo si un número de aparatos críticos trabajan como debieran, si un número de personas en posiciones claves siguen todas sus instrucciones, si no hay sabotajes, ni pérdida de los transportes; si ningún reactor de combustible, planta procesadora o planta reprocesadora o repositorio, en cualquier parte del mundo, esté situado en una región de desórdenes o guerrilla y ninguna revolución o guerra –así sea convencional- se dé en esas regiones. Las cantidades enormes de material extremadamente peligroso no deben ponerse en manos de gente ignorante o desesperados, no pueden permitirse casos fortuitos” (Bulletin of the Atomic Scientists, mayo 1972).

Mientras tanto, miles de toneladas de residuos radiactivos de alta actividad continúan sin gestión definitiva; fracasaron cientos de cementerios nucleares con radionucleidos de 250.000 años de vida que surgen diariamente de los reactores de fisión y comparten el mismo hábitat humano. El tecnócrata no sabe aún como desprenderse de la escoria radiactiva que produce en cada segundo de fisión nuclear, pero se atreve a ponerle precio al kilovatio hora nucleoeléctrico. Millones de habitantes de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires viven aguas abajo de las centrales nucleares argentinas de Atucha y de un plan nacional que contempla construir dos reactores más en el lugar.

¿Es posible vivir así?

No dieron a elegir y los barones del átomo globalizaron negar el debate.



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Autor:

Javier Rodríguez Pardo, (Bs. As. 12 de septiembre 2011)
Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH)
Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE)
Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC)
Contacto: +54 911 6748 5340 | machpatagonia@gmail.com
www.renace.net

martes, 17 de mayo de 2011

DCXX | Los caminos de la vida

Hace cuatro años, allá por el hoy lejano 2007, tomé una decisión. Luego de años de genuinidad e independencia absoluta, sin sentirme representado por nada ni nadie, ni partidos políticos, organizaciones estudiantiles, ni nada que se le parezca, llegué a la web de Greenpeace Argentina y decidí que Greenpeace hablara por mí.

Obviamente, no me iba a quedar callado –justo yo, con lo que amo hablar–, pero quise dar a esta organización que es mucho más que ecologista y profundamente independiente, el apoyo que jamás le había brindado a ningún otro tipo de agrupación. ¿Por qué? Porque les creí. Creí las palabras de la independencia política y económica, creí en la praxis como un objetivo primero y primordial para cambiar la realidad que vivimos día a día, creí en la militancia de todos aquellos que donábamos nuestro tiempo y nuestras ganas a una causa loable en pos del bien común.

Pero también se trató de una cuestión de descreimientos. Del escepticismo para con la política partidaria tradicional, la corrupción reinante, las tácticas oscuras y el engaño a la opinión pública para obtener un inalterable rédito político. El establecimiento de políticas públicas en función de la popularidad y de las encuestas, más que por lo que el país exige y necesita. Y por otro lado, la comprobación de que en ciertas políticas asamblearias se generan debates constantes por cuestiones ideológicas que nunca llegan a la práctica por morir en el dogma eterno. El “no” porque “no me cabe”, porque “son unos caretas”, porque “le hacen el juego a la derecha”, o porque “nuestro espíritu no nos lo permite”. Amo la estructura asamblearia, admiro el espíritu, pero necesito apremio para las soluciones que el país y el mundo exigen. Greenpeace fue la convergencia de mis creencias y mis escepticismos.

Hoy, las vueltas de la vida llevaron a que sea yo quien represente a Greenpeace en La Rioja, y me llena de orgullo saber que todo aquello que deposité, toda esa confianza, hoy se invierte y se vuelca sobre mí. Me carga de alegría en un momento en el que la Justicia demuestra que puede ser justa, en el que otros emprendimientos personales prosperan y avanzan. Esto es anecdótico pero memorable. Un día como hoy, una pequeña cosita que para muchos no es más que una “asignación de tareas”, para mí representó un simbolismo energético insoslayable. Para compartir algo parecido a esta alegría de comenzar a representar aquello que a uno tanto lo representa, no sólo en materia de militancia ambiental, sino también cívica y social, los dejo con un videito que me pasó mi amigo Pablo Bullrich, donde se ve la fuerza y la magia de los colores.

Ama y haz lo que quieras. Aunque a Mamerto le hayan choreado el bobo.

Optimist from Brian Thomson on Vimeo.

miércoles, 27 de abril de 2011

DCVII: Carta Abierta de diez Nóbel de la Paz contra la energía nuclear

La carta que se copia a continuación fue enviada a los siguientes gobiernos: Argentina, Armenia, Brasil, Bélgica, Bulgaria, Francia, Japón, Pakistán, Polonia, República de Korea, Eslovakia, Ucrania, Reino Unido, España, Suiza, Hungría, México, Holanda, Eslovenia, Lituania, Rumania, Sudáfrica, India, Finlandia, República Checa, Taiwan, Swiza, China, Canadá, Alemania, Rusia y Estados Unidos.



CARTA ABIERTA
26 de abril 2011
Para: Líderes Mundiales
De: Premios Nobel de la Paz

Los Premios Nobel de la Paz pedimos a los líderes mundiales que elijan las energías renovables en vez de la energía nuclear.

En el vigésimo quinto aniversario del desastre nuclear de Chernobyl en Ucrania –y más de dos meses después del terremoto y del tsunami que devastó a Japón– nosotros, los Premio Nobel de la Paz abajo firmantes, solicitamos que inviertan en un futuro más seguro y pacífico y que se comprometan a la utilización de fuentes de energía renovables. Es hora de reconocer que la energía nuclear no es una fuente de energía limpia, ni segura, ni barata.

Estamos profundamente preocupados por las vidas de las personas en Japón, que están en riesgo por la radiación nuclear en el aire, en el agua y en los alimentos como consecuencia del colapso en la central nuclear de Fukushima. Creemos firmemente que si el mundo abandona el uso que hace actualmente de la energía nuclear, las futuras generaciones de personas en todo el mundo –y los japoneses, quienes ya han sufrido demasiado– vivirán con mayor paz y seguridad.

“Veinticinco años después de Chernobyl, algunas personas dicen que las cosas están mejorando. Yo no estoy de acuerdo“, dice Mykola Isaiev, uno de los “liquidadores” de Chernobyl, personas encargadas de limpiar las consecencias del desastre. “Nuestros niños están enfermos por comer alimentos contaminados y nuestra economía se destruye”. Isaiev dice que puede identificarse con los liquidadores que ahora están trabajando en Japón. Al igual que él, probablemente ellos no se hayan preguntado tanto sobre la seguridad de la energía nuclear.

Consideren las palabras de un comerciante en Kesennuma, una de las ciudades que sufrió los mayores efectos del tsunami a lo largo de la costa noreste: “Esa cosa de la radiación es extremadamente temerosa. Está más allá de un tsunami. Un tsunami se puede ver. Esto no puede verse”.

La triste realidad es que la crisis de la radiación nuclear en Japón puede volver a ocurrir en otros países, como ya ha sucedido en Chernobyl en la ex República Socialista Soviética de Ucrania (1986), Three Mile Island en los Estados Unidos (1979) y Windscale/Sellafield en el Reino Unido (1957). Los accidentes nucleares pueden ser el resultado de desastres naturales –tales como terremotos y tsunamis–, así como también de los errores y la negligencia humana. Personas de todo el mundo también temen la posibilidad de ataques terroristas contra las centrales nucleares.

Pero la radiación no sólo está relacionada con un accidente nuclear. Cada eslabón de la cadena del combustible nuclear libera radiación, a partir de la extracción de uranio, y luego continúa durante generaciones, porque los residuos nucleares contienen plutonio que permanecerá tóxico durante miles de años. A pesar de años de investigación, países con programas de energía nuclear como Estados Unidos han fracasado en resolver el desafío de encontrar un almacenamiento seguro del combustible nuclear “gastado”. Mientras tanto, cada día, se está generando más combustible nuclear.

Los defensores de la energía nuclear deben enfrentar el hecho de que esos programas son los ingredientes para fabricar armas nucleares. De hecho, esta es la preocupación subyacente en lo que respecta al programa nuclear de Irán. Que la industria nuclear prefiera ignorar esta enorme amenaza en la búsqueda de energía nuclear, no significa que el problema desaparezca simplemente porque sea minimizado o ignorado.

También debe enfrentarse a la cruda realidad económica de la energía atómica. La energía nuclear no compite en el mercado abierto en contra de otras fuentes de energía, simplemente porque no puede. La energía nuclear es una opción energética exorbitantemente cara que generalmente es financiada por los contribuyentes impositivos. La industria nuclear ha recibido amplios subsidios gubernamentales –dinero de los contribuyentes– para la suscripción de la construcción, límites máximos de responsabilidad y seguros para la limpieza y los costos de salud. Podemos invertir más responsablemente este dinero público en nuevas fuentes energéticas.

En la actualidad hay más de 400 plantas nucleares en el mundo –muchas, en lugares con alto riesgo de catástrofes naturales o disturbios políticos. Estas plantas proporcionan menos del 7% del suministro mundial total de energía. Ustedes, líderes mundiales, pueden trabajar juntos para sustituir esa pequeña cantidad de energía con otras fuentes energéticas actualmente disponibles, de fácil acceso, muy seguras y baratas, para encaminarnos hacia un futuro libre de carbón y de energía nuclear.

No podemos detener los desastres naturales como el que acaba de ocurrir en Japón, pero juntos podemos tomar mejores decisiones sobre nuestras fuentes de energía.

Podemos eliminar gradualmente los combustibles fósiles y la energía nuclear e invertir en una revolución de energía limpia. Ya está en marcha. A nivel mundial, en los últimos cinco años, ha habido más energía procedente de la energía eólica y solar, que de las plantas de energía nuclear. Los ingresos globales de la energía solar, eólica y otras fuentes de energía renovables aumentaron un 35% en 2010. Invertir en estas fuentes de energía renovables también generará trabajo.

Las fuentes de energía renovable son una de las claves más importantes para un futuro pacífico. Es por eso que tantas personas en todo el mundo –especialmente los jóvenes– no están esperando que los gobiernos hagan el cambio, sino que ya están dando pasos en esa dirección por sí mismos.

Comprometernos a un futuro con menos carbón y libre de energía nuclear, permitirá a los países que se asocien y amplíen el movimiento ciudadano global creciente y cada vez más influyente que rechaza la proliferación nuclear y apoya a las fuentes renovables de energía. Le pedimos que se unan a ellos y que creen un poderoso legado que proteja y mantenga no sólo a las generaciones futuras, sino también a nuestro propio planeta.

Atentamente,
Betty Williams, Irlanda (1976)
Mairead Maguire, Irlanda (1976)
Rigoberta Menchú Tum, Guatemala (1992)
Jody Williams, EE.UU. (1997)
Shirin Ebadi, de Irán (2003)
Wangari Maathai, de Kenia (2004)
Arzobispo Desmond Tutu, de Sudáfrica (1984)
Adolfo Pérez Esquivel, Argentina (1980)
José Ramos Horta, Presidente, Timor Oriental (1996)
Su Santidad el Dalai Lama (1989)

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Publicado en el blog de Greenpeace Argentina.

lunes, 25 de abril de 2011

DCVI: No sólo está guardado en la memoria (3)


Por Jorge Calero

Catedrático de Economía Aplicada



Al recibir las primeras noticias del accidente en la central nuclear de Fukushima sentí, además de la lógica inquietud, una cierta curiosidad optimista. Habiendo seguido, en su día, las “noticias” sobre el accidente de Chernóbil, estaba expectante pero parcialmente confiado acerca de cómo podía resolverse el problema en Japón.

El punto de partida, suponía, permitía ventajas sustanciales: en Japón, con menos enemigos de la sociedad abierta que en la Unión Soviética, la información podría ser más transparente y las soluciones tendrían prioridad sobre la ocultación. La sociedad japonesa, además, tecnológicamente más avanzada y con experiencia en desastres nucleares, podría reaccionar de forma rápida y eficaz. La burocracia estatal, además, no dificultaría la reacción como había sucedido en Chernóbil.

Sin embargo, la sensación de déjà vu se fue consolidando poco a poco. Cada noticia de Fukushima tenía su paralelismo en Chernóbil. Los helicópteros que arrojaban cemento sobre Chernóbil lanzaban agua en Fukushima. Tuvimos noticias de trabajadores cuasi-suicidas, emparentados con los “liquidadores” soviéticos. Las autoridades primero negaron, luego balbucearon explicaciones confusas y por último reconocieron parcialmente la verdad. Aquí, el lobby nuclear colocó a sus “expertos” en medios de comunicación a menudo demasiado crédulos, “expertos” que negaban, relativizaban y confundían advertida o inadvertidamente. La secuencia de los hechos, aunque era conocida y se podía anticipar, no dejaba de causar perplejidad.

Es posible que nos olvidemos, que supongamos (erróneamente) que el daño queda acotado en una zona y que los escrúpulos hacia la energía nuclear que ahora han rebrotado desaparezcan. Es posible que hasta dentro de otros 25 años no pasemos por una secuencia similar que nos haga recordar con qué estamos jugando; entretanto, quizás hasta se recobre la retórica de la energía nuclear como energía “limpia”. Pero el olvido no elimina la evidencia: la energía nuclear sobrepasa holgadamente las capacidades de nuestras sociedades desde los puntos de vista tecnológico, empresarial y político. Y si esta evidencia se aplica al caso japonés, ¿qué no sucederá en España? ¿Recuerdan Vandellós I?

DCV: No sólo está guardado en la memoria (2)

Más sobre Chernóbyl. La incertidumbre continúa, los efectos secundarios podrían llegar a cobrarse 400.000 muertos y los afectados alcanzan los cinco millones. La ONU es conservadora y el lobby nuclear sigue haciendo estragos en la comunidad científica. En este artículo pueden leerse dos caras de una moneda que hace agua por donde se la mire.


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Impacto sanitario de tragedia nuclear de Chernobyl sigue generando debate
Por Ania Tsukanova (AFP) – hace 3 días
KIEV — Veinticinco años después de la explosión de un reactor de la central de Chernobyl, la cantidad exacta de víctimas sigue siendo tema de debate y millones de personas, según los médicos, sufren aún los problemas de salud derivados de la catástrofe.

Las autoridades ucranianas estiman que unos 5 millones de personas -ucranianos, bielorrusos y rusos- "sufrieron" por esta catástrofe. Buena parte de ellos vive aún en los territorios contaminados.
Para la organización Greenpeace, los efectos de la contaminación radiactiva (cáncer, daños al sistema inmunitario, efermedades cardíacas...) podrían causar de 100.000 a 400.000 muertos en esos tres países.

Cifras que contrastan con el balance de la
ONU, que estimó en 2005 en 4.000 la cantidad de personas muertas por las radiaciones.
Un comité científico de la ONU, UNSCEAR, sólo reconoce los efectos de la radiación como causa de la muerte de 31 operadores y bomberos e imputa a "diferentes razones" la de otros 19 "liquidadores" fallecidos antes de 2006.

Volodymyr Palkin, un ucraniano de 69 años que trabajaba en la central en el momento del accidente, contó a la AFP que pasa por lo menos dos meses por año en el hospital y que sufrió hemorragias en la garganta y los intestinos.
"Tenía una salud de hierro, hoy tengo unas treinta enfermedades", dice sentado en su cama en una clínica especializada de Kiev. "Tengo dificultad para caminar, mis huesos se desmigajan, tengo problemas de tiroides", precisa.
Tras la explosión del reactor número 4 de la central el 26 de abril de 1986, unos 600.000 soviéticos fueron enviados desde todo el país para participar durante meses en los trabajos para frenar la propagación de las radiaciones, aislar los restos del reactor y limpiar la zona contaminada alrededor de esta central atómica.
La única consecuencia incuestionable de la catástrofe es un fuerte aumento de cáncer de tiroides. El último informe de la UNSCEAR publicado en febrero dio cuenta de 6.000 casos de esta enfermedad, 15 de ellos fatales.

El médico bielorruso Iuri Bandajevski, autor de numerosos estudios sobre Chernobyl, estima que los informes oficiales minimizaron el impacto de la catástrofe por la presión del lobby nuclear.
"Durante 25 años, las estucturas estatales hicieron todo por esconder las informaciones en provecho del lobby nuclear, el más poderoso del mundo, que dicta sus condiciones", asegura a la AFP.

Bandajevski, que fue encarcelado por acusaciones de corrupción que, según denuncia, estaban relacionadas con sus críticas al poder bielorruso, acusa a las autoridades de las ex repúbicas soviéticas de no hacer nada para proteger a las millones de personas que viven en los territorios contaminados.
Otro médico, el ucraniano David Belyi, que trabaja en el Centro Científico de Medicina Nuclear de Kiev, rechaza las acusaciones de presiones. "Nadie nos prohíbe nada", afirmó a la AFP.
"Si se estudia la frecuencia de las enfermedades de órganos internos en las víctimas de Chernobyl, no encontraremos un aumento en relación a la población en general", afirma.

"La esperanza de vida de estas personas es la misma que la de los otros ucranianos", es decir 61 años para los hombres y 73 para las mujeres, según él.
Conclusiones que pueden aún cambiar en el futuro, admite el científico, pues, dice, "no hay que tener miedo de revisar sus conocimientos y reconocer sus errores".


sábado, 23 de abril de 2011

DCIII: No sólo está guardado en la memoria (1)

A tres días de que se cumplan las bodas de plata de la catástrofe de Chernóbyl, llegan noticias desde Ucrania y no es olvido ni apaciguamiento lo que impera. El "medio ambiente", como tal, no es un biologicismo teórico ni un ente ajeno al hombre, sino el marco en el cuál el ser humano desarrolla su cotidianeidad, su persistencia inequívoca. Parece una obviedad, pero no está de más recordarlo en estas líneas.

Hablar de ambiente, no es inherente a esa cruel deshumanización de la que algunos autores hacen gala en sus pobres argumentos anti-ecológicos, tan exclusivamente sensiblones a la desdicha nigerina, víctima hostil del sistema global que no admite argumento que no la evoque. La vida es la que está en riesgo. No nuestra casa, ni la de los popes del devastador modelo capitalista: es nuestra vital continuidad en ella la que pende de una batalla urgente y necesaria. Un nosotros más vasto que el concebido por cualquier maniqueo ideal. La batalla por otro modelo de desarollo, uno más inclusivo, uno menos genocidamente ambicioso.

Así es que los gobiernos del mundo junto a los férreos adalides del desarrollismo tecnocrático y su epopeya del átomo mesiánico, hacen ojos ciegos, oidos sordos y avanzan entusiasmados como niños con su cuento de hadas, de salvaciones estrechas y paraísos futuros, a la merced de un omnipotente cientificismo que todo lo podrá.

Japón, mientras tanto, prohibe el ingreso a más de 20 kilómetros a la redonda de su letal Fukushima; Naoto Kan, primer ministro japonés, aprueba un presupesto de $49.000 millones de dólares para reconstruir el país en ruinas; las cabezas de TEPCO -Tokio Electric Power Company, a cargo de la central nuclear nipona- renuncian a sus cargos concientes de sus responsabilidades, y la expansión nuclear tirita agonizante en los planes energéticos globales por la presión pública. Pero tranquilos compatriotas, que no cunda el pánico: Argentina insiste en inaugurar Atucha II en 2011.

En este enlace, la nota a la que hago referencia; artículo que es nada. Absolutamente nada, comparado con los millares de muertos, del cáncer y de tanta alteración genética; de tanto poder atómico que no hace otra cosa más que avalar el discurso de sus promotores sobre la potencial influencia de este ínfimo semi-Dios en la vida humana.



martes, 3 de febrero de 2009

CLXXVII

Mi energía anduvo perdida. Se confundió en la eterna encrucijada, donde lo posible y lo imposible se acarician sutilmente sobre el sommier. Lo que puede ser cambiado, aunque parezca imposible; lo que irrevocablemente será perpetuo, aunque se pinte de simple viraje. Mi energía vuelve a vos, corazón. A vos que latís, fuerte y pasional. Y así como un corazón no se endurece porque sí, tampoco late simplemente por el afán de inmortalizarse en un caminar deprimido de sentimientos. Y voy a escribir los presagios que él mismo dicte. Y correrá la sangre que tenga que correr; porque sin sangre que bombear, quedarían ausentes las historias que tantos hermosos poemas o tantas hermosas canciones, tienen para regalarnos.