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miércoles, 25 de abril de 2012
jueves, 7 de abril de 2011
DCI: Grandes esperanzas

Es ineludible ya la certeza de que los estados anímicos viven aletargados en mi interior, hasta que un factor externo y no necesariamente poderoso –puede ser la lluvia, una reacción, o bien todo ello en pleno acto de su involuntaria sinergia–, los despierta y les da entidad. Césped más verde, luz más brillante… Canciones de congoja explotando junto a la tormenta, en un trueno que aturde y un rayo que encandila. Necesidad de ser y de ser palabra, y silencio, al mismo tiempo. Suspiros que duran décadas, masacres que duelen nada en el colectivo de la inconciencia generalizada. Mercenarios militantes de la idea originaria, mutan oportunamente cada vez que el agente externo resucita a los muertos. Las piedras se corren, tres días de oscuridades. La falta de persistencia, los errores y las dádivas de un franciscano que me cruza en el diluvio mientras Noé pasa de largo con su arca, no hacen más que imantar la lágrima al incontinente mar de los suplicios. El cielo negro, la magnífica obra de las artes oscuras que trazan con nubes y euforias divinas los frágiles ánimos terrenos. Pirámides de cristal se quiebran sutiles al menor suspiro; faraones de la eternidad resisten en ellas con tristes y profundas, pero grandes esperanzas. Por siempre y para siempre.
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Mauro Fernández
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18:56
lunes, 16 de agosto de 2010
DLXXII: Encrucijada en el diluvio
Te parás bajo el farol. Suspirás y abrís los ojos en dirección al universo. Reconocés todo aquello que no vive más que en vos y sentís la lluvia cayendo y empapándolo todo, lavando profundas heridas, corroyendo arraigos imponderablemente inútiles. Cae la gota aventurada en tu frente y se desliza lasciva por el dulce perfil de tu rostro que tan acostumbrado me tiene, acariciando tus mejillas en el paréntesis que dibuja tu sonrisa, al son de un ignoto humedecimiento.
Allí me pierdo, me amalgamo con la lluvia y tu sonrisa, entre las gotas del diluvio universal y tu cáliz de vida eterna que sueño y ansío. Dejás caer una lágrima que es aguja en el pajar de la tormenta, se lanza impertinente al mar de las dudas de un empedrado erosionado de historias y ajenas sales. Pero sabe que sólo la tuya podrá escribir la verdadera historia, la historia sin final de la pesadumbre enamorada, que deambula sola en una calle de Palermo en otras líneas temporales, tan lejanas al cucú de la casa de la abuela, o la pulsera dorada que esos hombres tan concupiscentemente anhelan.
Vos ahí, bajo el farol y la lluvia, haciendo tiempo a que mis pasos te alcancen. Los sabés reiterados, casi tuyos. Casi tanto como conozco yo ese sordo repiquetear de tu válvula sanguínea. Los silencios y distancias. Los veranos.
Serán tiempos de urdimbres carnívoras y asesinatos majestuosos, cuando nuestros caminos se crucen en esa esquina, en ese farol. Cuando el diluvio caiga impiadoso, más el agua no apague el fuego y regalen tus alas el viento que lo avive.
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Mauro Fernández
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2:37
domingo, 18 de abril de 2010
DXII: Hace falta
Andá caminando hasta la esquina, sorteá las piedras que vomita el cielo sin noquearte por completo, abrazá a un desconocido. Palmeá su espalda más fuerte que las rocas de hielo, alzá el vaso y tirale Johnnie. Regalalo a algún indigente que se acurruque en su frazada a la intemperie. No le soluciones la vida, emborrachalo para que hoy, al menos hoy, no sea un suplicio. Sacate el traje de superhéroe, caminá desnudo bajo la lluvia, amá tanto a quien llore por vos como a quien te haga llorar, pero elegí compañía. Caminá solo, de a ratos. Mandá un mensaje cada tanto, una llamada, una carta -mejor si no es digital-. Tomá conciencia de la inconciencia, no participes, o bancátela todos los días de tu vida. Morite un poquito a cada respiro, exhalá con ganas que seguramente sea la última. Dejá de soñar. Cumplí tus sueños. No anheles utopías, realizalas. Y las imposibles, tatualas o escribilas; compartilas, a todos nos gusta leerlas. Nos hace falta menos ropa y más abrazos. Menos sueños y más despertares. Menos miedos y más epifanías, más coraje. Más miradas cruzadas. Más caricias.
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Mauro Fernández
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20:15
martes, 13 de abril de 2010
DIX: Ridin' on the rain...

Amo mi bicicleta. Odio que se me haya pegado el "amo" como calificativo para ciertas cosas que simplemente me gustan -me lo sacaré con el tiempo-, pero a la bici, al menos hoy, la amo con el alma. Más pero casi como a la lluvia que lava de todo, a la mugre que me quedó pegada en la remera y a Planxty con sus irish folk sounds. Hoy viajé. No estuve acá ni allá. En otro lado. Saqué prejuicios, expectativas, pensamientos y simplemente pedaleé bajo la lluvia. Se me venía ella a la cabeza, y me encanta que se me venga, porque no entiendo. No sé por qué se me viene, ni por qué me encanta cuando está y cuando no. Por que quiero que esté y que pedalee conmigo. Una vez me preguntó destino y no supe contestarle. Hoy no podría y mañana seguramente tampoco. Sólo sé que quiero que pedaleemos un rato. Bajo la lluvia es mejor, no hay como esos besos cansados bajo el cielo gris y los baches que nadie arregla como chiste maligno de la desgracia ajena. Estoy sucio, pero lavado. Estoy que siento y que quiero. Estoy sintiendo ese twinkle para seguir alumbrándome cuando me pregunte a dónde ir. Estoy empezando andar bajo la lluvia...
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Mauro Fernández
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19:57
sábado, 31 de octubre de 2009
CCCLXIII: Lluvia, sol.
Llueve por la ventana del tiempo, llueve el pasado y el futuro. Me llueve el mundo. La particularidad menos inherente a las pequeñas gotas de agua que caen tras el vidrio, es que al más mínimo rayo de sol que las atraviese, un arcoiris distinto se dibujará. Cuanto más llueva y más se anime el sol, mejores paisajes, mejores tesoros al final de esa gama de colores que se dibuja en el cielo. Quiero que llueva, que llueva fuerte. Y rezo también por la energía de un sol caprichoso que no debe dejar de querer salir.
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Mauro Fernández
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19:40
viernes, 18 de septiembre de 2009
CCCXXVII: La lágrima
Hoy a Buenos Aires lo envuelve la lágrima. Pararse firme con falso estoicismo en la parada del colectivo frente a un Luna Park tan gris como el cielo nublado de las almas porteñas; esa es la postura. Pararse firme, estrechar en un abrazo las pestañas superiores con las inferiores y dibujando unas deplorables patas de gallo en la esquina de los ojos, dejar caer la lágrima como se deja caer al pasado en el puño entreabierto del olvido, siempre dispuesto a triturarlo. Así, quizás, cuando la enorme hilera de prójimos se inyecte sobre ruedas sin dudarlo, pueda sentir el regocijo -ese yunque que se suelta en salto suicida del pecho al piso- de saber que no está sola.
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Mauro Fernández
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1:07
lunes, 23 de marzo de 2009
CCXVII
Este fin de semana la lluvia fue amenaza constante, desde el horizonte hasta los más diversos pronósticos meteorológicos. Sin embargo, las aceras porteñas no recibieron una sóla gota de agua para lavarse las penas. El sol del sábado al mediodía fue marco ideal para un asado entre desconocidos; las nubes vespertinas amenizaron mi lectura en la pileta. Ella se televizaba y yo bajaba corriendo, mojando todo rincón de mi casa con agua de pelopincho, caprichoso e insistente, asemejando una lluvia ausente. El domingo, la lluvia roja fue impetuosa, pero sólo bajando de un imponente escenario habitado por estrellas calvas, y precediendo una obertura sensorial para la más increíble relación padre, hijo. Aún así, y con el sol o las estrellas sobre mis pensamientos, todavía sigo esperando. Waiting fot the Sun.
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Mauro Fernández
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12:44
viernes, 20 de febrero de 2009
CXCIII
Evaluación de variables, organización económica y temporal, mutuos acuerdos, destinos compartidos, planificación. Pensar en la playa, en el sol, en las olas y el viento, y todo eso que nos regala el verano a la vera del Atlántico. Despedir a los rascacielos, reencontrarse con la tierra y la arena; saludar a los seres queridos y armar el bolso (hasta un bucito por si refresca y hace frío). Y luego de un Kriya purificante, al abrir los ojos y ver a Buenos Aires ahogada en lluvia y hundiéndose bajo un cielo petiso y amenazante me pregunto, ¿existirían realmente vacaciones sin esa variable de indeterminación que rompe con todos nuestros planes, para sorprendernos con un presente inevitable?
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Mauro Fernández
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12:17
martes, 10 de febrero de 2009
CLXXXVI
Un velo de nostalgia puede ser fácilmente tatuado en el espíritu, con ayuda de una sorpresiva e impetuosa tormenta de verano. Esas lluvias que nos hacen mirar adentro y hacia atrás -como si estuviésemos metiendo reversa-, volviendo sobre nuestros pasos y empañando la ventanilla del colectivo con la tristeza de nuestro aliento. Esas que seguramente logren cortar la luz y encender las velas que entibien nuestro lamento. Es un instantáneo boleto de ida hacia alguna playa desértica, donde los rayos electrifican el mar y el cielo no se decide entre el magenta o la oscuridad. Y así, la lluvia puede resultar una buena forma de viajar en el tiempo. O de ahorrarse unos pesos.
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Mauro Fernández
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17:47
domingo, 21 de diciembre de 2008
CXXVII
Creo que Warner-Fox, Film Suez, la cadena Hoyts, José BlockBuster (sic), o alguien de todo ese mercado cinematográfico, deben tener un acuerdo comercial con San Pedro. Muchos somos a los que el aroma a lluvia no sólo resulta alimento para nuestra saudade, sino también motivacional para tirarnos en la cama a ver un DVD o salir al cine para ver lo que haya en cartelera. Claro que la cama, haciendo cucharita con quien tengamos más cerca en el momento de la tormenta, es mucho más apacible; dos horas únicas, de abrazos, besos y una historia compartida. Pero cuando la lluvia nos toma por sorpresa, inmersos en la más grande soledad, es preferible mojar un poco nuestras ideas en camino al cine más próximo. Igual no, hoy no fui al cine. Me quedé en casa, abrazado a mi almohada, haciendo cucharita con ella y viendo un documental que quien hubiese sido sustituta ideal de la almohada, me regaló días atrás.
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Mauro Fernández
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23:57
domingo, 28 de septiembre de 2008
XLVIII
Cae la lluvia a chaparrones. Cae, y yo sigo sin poder escindir el agua celestial de las lágrimas espirituales. Miro a mi derecha y la ventana empapada susurra Aplastamiento de las Gotas, como si quisiera probarme que más allá de lo establecido, las excepciones que se aferran hasta de lo imposible dilatando cualquier tipo de rendición, siguen estando vigentes. A mi izquierda, el Corazón Delator, me dice que "ella parece sospechar, parece descubrir en mi debilidad, los vestigios de una hogera". Y al mirar hacia adentro, veo nuevamente a la lluvia y al corazón delator. Tal vez esté actuando en mi una regresión tal, que me lleva al punto en que fui parte de una simbiosis constante con la vida; inserto en un todo donde no existen ni "ellos" ni "yo". Donde no hay afuera ni adentro. No entiendo por qué la soledad me lleva cada vez más a esta simbiosis tópica con el entorno, arrastrándome a la sumisión o a la intolerancia. Claro que opto por la intolerancia, pero no me agrada, y busco otra ruta. En definitiva, así también termino sometiéndome, sólo que ahora estoy arrodillado a los pies del hastío. Pero no se preocupen, siempre existe una respuesta...
Fuck Off!
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Refresh:
Hablando de intolerancia: http://infobae.com.ar/contenidos/406186-100799-0-Lo-encandiló-las-luces-del-auto-y-lo-mató-balazos
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Mauro Fernández
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17:42
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