Mostrando entradas con la etiqueta paloma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paloma. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de enero de 2009

CXXXIX

El juez dio el pitazo inicial. Tanto a fuerza de pólvora y estallidos celestiales, como de bombachitas rosas y deseos depositados en el inmediato porvenir, no queda más remedio que decir adiós y abrir los brazos a un nuevo año. Un año que, personalmente, me encontró inerme, repentinamente asaltado y desprovisto de certeras municiones absolutistas. Con una sonrisa en el rostro, por haber sabido resquebrajar la celda de cristal que enclaustraba a mi niño interior. Aprehendiendo. Mis poros abiertos sudan hacia adentro una historia antigua y entreverada, con designios símiles pero deformes que se inyectan en el presente y proyectan hacia el futuro. Un líquido fluído que corre por las venas abiertas de nuestro desinterés. Las penas son ajenas, siempre que las vaquitas sean de nosotros. De Yupanqui a Cabral, o de Rodríguez a Fernández, la impronta revolucionaria hurga como un niño inquieto, buscando constantemente el haz de luz. Alguien tuvo el coraje de espiar por la mirilla de mi armadura, desnudándome más allá de la piel y los huesos. Y entonces me vi reflejado, queriendo salir. Con una vehemencia repentina nunca antes sentida. Forjando desde hoy un destino inexorable. Engordando de experiencias ingeridas en libros, charlas familiares, búsquedas virtuales, recorridas callejeras. Vestigios de un espíritu amorfo que se siente en expansión, abriendo las alas y dispuesto a volar más allá de las limitaciones que la vida parezca imponer.

martes, 18 de noviembre de 2008

XCIX

"Había una vez, una princesa que caminaba sola por un parque lleno de árboles, margaritas y fuentes. Enseguida, la princesa levantó la mirada y vió pasar inmaculada, eclipsando los mismísimos rayos del sol, a una hermosa paloma blanca que circundaba los cielos simbolizando la paz y la libertad que ella tanto necesitaba. Sus problemas se habían desvanecido por unos segundos y tras sentirse completa, decidió emprender la vuelta a su hogar. En el camino, su mirada se cruzó con una hermosa pluma blanca que levantó porque le recordaba a la paloma del parque. Al llegar a su destino y lejos de querer apropiarse de sus recuerdos, regaló esa pluma a alguien especial, quién se sintió muy reconfortado. La boca de esa persona nunca dejó de sonreír a partir de ese momento y su corazón latió cada vez más fuerte. Lo repentino de ese obsequio cargado de pureza, amor y espontaneidad, lo sumergió en un mundo alquimista y metonímico, donde la pluma se hizo princesa en cuestión de segundos. Así la paloma (a pesar de su destino) voló reconfortada de haber sido causal de tres sonrisas distintas por las que el príncipe, la princesa y un principito fueron felices por siempre."

Buenas noches, soñá con los angelitos.