Einstein dijo, alguna vez:
—Si las abejas desaparecieran, ¿cuántos años de vida le quedarían a la tierra? ¿Cuatro, cinco? Sin abejas no hay polinización, y sin polinización no hay plantas, ni animales, ni gente.
Lo dijo en rueda de amigos.
Los amigos se rieron.
Él no.
Y ahora resulta que en el mundo hay cada vez menos abejas.
Y hoy, Día de la Tierra, vale la pena advertir que eso no ocurre por voluntad divina ni maldición diabólica, sino por el asesinato de los montes nativos y la proliferación de los bosques industriales; por los cultivos de exportación, que prohíben la diversidad de la flora; por los venenos que matan las plagas y de paso matan la vida natural; por los fertilizantes químicos, que fertilizan el dinero y esterilizan el suelo, y por las radiaciones de algunas máquinas que la publicidad impone a la sociedad de consumo.
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De "Los hijos de los días", Siglo XXI, Buenos Aires, 2012.
* Eduardo Galeano
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viernes, 29 de abril de 2011
DCXI | Galeano con los Qom
Eduardo Galeano se acercó al acampe Qom para manifestar su apoyo al corte y la huelga de hambre que realizan miembros de la Comunidad. Pero no sólo se solidarizó con la lucha de los Pueblos Originarios e hizo referencia a los conocimientos ancestrales como solución a los males del hombre moderno, sino que también, en el minuto 2:15 del video, sentenció: "La defensa del agua, la defensa de los bosques, la defensa de la tierra, es también nuestra defensa".
La escisión histórica que existe entre cultura y naturaleza es, para mí, uno de los grandes errores (horrores) estructurales de las sociedades modernas. Como indica Galeano, Europa nos dictó sentencia dolosa como seres bárbaros, salvajes, incultos y con vicios de animalidad. Casi como un Pecado Capital, los dioses nos miran de reojo y nos ponen frente al rostro un espejo deformado que nos hace sentir la anomalía de cualquier instinto, de cualquier intento de preservación natural que exhibamos en el plano social.
Será así que, al erigir imperios de civilidad emancipadora de los crueles males del mundo, crecemos en falsas sonrisas, buenos modales y reclamos moderados -siempre pidiendo permiso a aquel contra quien reclamásemos, no vaya a ser cosa de que cambiemos algo realmente- mientras los titiriteros del mercado mundial, de la compraventa de muertos y presidentes, del trueque del hambre por la energía y de la vida por el oro, siguen moviendo los hilos a su antojo, muy lejos de nuestra absoluta falta de raciocinio, típica del salvajismo prehistórico del que somos prueba y evidencia.
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Mauro Fernández
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14:08
viernes, 8 de enero de 2010
CDXXV: Taraxacum

Dando vueltas por la web leí un comentario acerca de los asiduos trabajadores del pan que, inmediatamente, fue reminiscencia perfecta para recordar aquellos blancos peludos voladores que inundaban la ciudad de los niños. Eran como sortijas libres y naturales, sin hostiles calesiteros ni Xuxa como banda de sonido ensordecedora y vespertina. Aquellos volátiles rebeldes, extripados por voluntad propia de la Taraxacum que los aglutina en sociedad en campos tan recónditos como los finales del arcoiris, o también como los principios del arcoiris -aunque ciertamente menos inquiridos, por adolescer de la compensación áurea del metal-. Hoy, tras mucho tiempo de no cruzármelos flotando por el smog de la ciudad ni danzando por doquier con el éter de su gracia, me invade la duda de saber si los panaderos fueron víctimas de una silenciosa extinción sin noticiero, o si mis ojos ya no saben desnudar esos destellos de simple felicidad del trajín de la cotidianeidad y el paisaje repetido.
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Mauro Fernández
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13:59
jueves, 1 de octubre de 2009
CCCIXL: La extinción es equilibrio
Somos parte de un todo en sintonía. Sentirnos en desequilibrio es el error más intrínseco del ser humano pensante. La necesidad de la transformación, la ambición del cambio idealista, la concepción del mundo perfecto. Dulces ilusiones ópticas cuyos cimientos yacen y se perpetúan en el surgimiento de la cultura humana y las sociedades -más o menos- civilizadas. El Dios de nuestro Dios es el propio hombre, que dio origen y poder a una institución inexistente que decanta su estrategia de marketing de la fé en un Lord invisible que todo lo puede. El único líder, el único omnipotente, es el hombre. Aquel capaz de crear historias, mentiras y verdades, dioses y demonios. La concepción idealista, por definición se basa en un ideal inventado por el desarrollo vil de la cultura del hombre; de la cultura de la muerte. Allí vamos, camino a la extinción, disfrutando cada segundo como un enfermo terminal, o sufriendo a cada grito como el extraviado mental que no se atreve a reconocerse entre la mierda del húmedo vaho ajeno. Reconozcamos el macro equilibrio en sintonía con nuestra naturaleza madre. Deprimamos la torpe pulsión humana de tropezar cientos de veces con el mismo cabello.
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Mauro Fernández
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1:42
lunes, 20 de abril de 2009
CCIXL: Into the Wild
Un amigo, de quien me atrevo a decir que sin saberlo, tiene una conexión psíquica para conmigo realmente impresionante, me prestó una vez una película dirigida y escrita por Sean Penn, y protagonizada por un chico que encarna todo lo que tantos sentimos con una sola mirada, con una sola postura. Desde el instante en que la ví, la tuve como película de cabecera, como un camino que quizás culmine con nostalgia, pero un camino al 100% por las rutas de la voluntad más real del individuo, y su comunión para con el todo que lo rodea y le da forma. Aún así, hoy siento una mínima discrepancia. Y para no ser infiel al verdadero significado de las palabras, quisiera plantearla en su idioma original. I don't wanna be Into the Wild. I wanna BE the Wild.
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Mauro Fernández
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13:46
sábado, 22 de noviembre de 2008
CI
Seamos amigos del alba. Sentados eternamente a años luz, pero despertando con él, dejando que sea artífice de nuestras primeras sonrisas. Viendolo allí, tan inconmensurable y lejano, es uno de los instantes más mágicos que lo celestial supo concebir. Pero así como lo vemos en línea recta con la arena de las playas, también podemos ver un amanecer distinto en nuestro interior. Yo prefiero el amanecer a las puestas del sol. Aún así me mudaría a ese asteroide que sonríe para ver centenares seguidos. Hoy no te hablo, prefiero hablar de vos o de todas las demás. Ella es el alba. Es lo que llevo adentro, pero veo a años luz. Es cada uno de los amaneceres. Quizás deba ser menos inquisidor pero soy definitivamente un pendejo de mierda. Y es por esa simple "razón", o ese simple sentimiento, que nunca, pero nunca, voy a dejar de caminar hacia el horizonte. No olvido aquel "ya nos veremos caminando juntos por el horizonte". Es la ataraxia pacificadora de la contemplación. Es ver amaneceres, hasta que un día, seamos parte de él.
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Mauro Fernández
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14:15
miércoles, 17 de septiembre de 2008
XXXVI
Que duro es cuando la naturaleza nos resfriega en la cara, lo hermoso de su vastedad, lo inconmensurable de su belleza. Sin detenernos, podemos mirar al cielo yendo a buscar una botella de agua a la heladera, y cruzarnos con una luna cautivante, despojada de nubes y ceñida a ese cielo perseverante y compañero, que sabe nunca dejarnos solos. El dulce confort y paradójica calidez del frío exterior resulta, por lejos, más complaciente que el calor mecánico de la estufa de la habitación. Será que estamos tan acostumbrados a la comodidad, que no nos arriesgamos a dejarla atrás para probar la novedad. Sin embargo, ellá está ahí fuera, esperando paciente a que decidamos visitarla de vez en cuando, por más oportunista u obsecuente que resulte nuestra parada, para darnos un instante de alegría.
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Mauro Fernández
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2:32
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