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miércoles, 31 de diciembre de 2008

CXXXVIII




El destino tiene trazados infinitos caminos para cada uno de nosotros. Así, y a partir de la búsqueda y la energía vital que nace de nuestro espíritu y se deposita en cada una de las cosas, concebimos amazing crossroads en los que los hombres nos encontramos al momento de compartir aunque sea un instante. Ya podré leer algún día todo lo vivido por mi alma en un único trayecto a pie entre San Clemente del Tuyú y Las Toninas (vía playa), que dibujó innumerables espejismos frente a mis ojos. Y hoy, perdiendo un poco el tiempo en Google, ante el inminente advenimiento de un 2009 que mete miedo, encontré una imágen que es casi perfectamente lo que vi en mi trayecto. La arena serpenteando, buscando el sol. El viento, la energía vital que la hacía ponerse en marcha y que a mi me dificultaba el camino. The Snake & the Sun. Una imagen que despertó mil sensaciones y que hoy el destino, cruzó ante mi en un buscador de internet. Lo vivido, más adelante. Hoy, esta escena mágica. 
Que 2009 nos encuentre buscando el sol. Buscándolo y tan cerca, como en la imagen.


jueves, 11 de diciembre de 2008

CXVII

El desierto es un camino árduo de transitar y sus ciclos residen en las estrellas. El sol calcinante del día quema mis manos, mi torso y mi rostro, sin piedad ni misericordia franciscana. La solidaridad no es para él un valor adquirido. El agua se hace ausente y los espejismos frecuentes. Y así voy aprendiendo que lo que hay después de un espejismo es la sed al veneno más fuerte. Pero la noche y su oscuridad me enseñan el camino. Y no por la oscuridad, sino porque siempre hay una estrella que más allá de sus limitaciones juega a ser sol. Se sabe brillante como ninguna y pone todo su empeño para pintar el cielo opaco de un celeste despejado y claro como sus intenciones. La historia de la estrella que no era sol pero sabía intentar serlo, es hermosa, aún cuando se asustaba de la inconmensurabilidad del universo y decidía taparse con una sábana para no ser vista. Se opacaba. Pero eso siempre me impulsó con vehemencia, a caminar cada vez más cerca del cielo, a dejarme morder por una serpiente amiga, y a dejar caer sobre la arena, el traje de príncipe que traía puesto.