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viernes, 10 de julio de 2009

CCLXXVI: Mariposa en llamas


“Ya no hay distancia que te trabe. Vas volando y como encantado, hasta que al fin, de luz deseoso, ardes mariposa en la llama.”

Gracias Toli.

domingo, 29 de marzo de 2009

CCXXI

Hay suspiros en los que el tiempo se relativiza, se hace volátil, inestable, prácticamente conjugado en un plano de la realidad donde pasado-presente-futuro se funden en un mismo instante. Y uno se empeña en retener ese suspiro para poder seguir inmortalizándose en lo sobrenatural de los viajes atemporales, sin reconocer que por definición, es lo efímero lo que obra de llave, de puerta de entrada y salida de esta dimensión paralela. 

La siento amiga, la veo viva, sonriente, pura y apasionada; la sé amada y amante, generosa, completa, eterna. En dimensiones compartidas o subyacentes, sólo quiero vernos brillar. Y vuelvo y la siento inyectando sus jugos en mi cola de serpiente, arrastrándose y debilitándome cada vez más a la magia de sus encantos. Sonrisas japonesas se le animan a la empatía de nuestras miradas; Papa Noel llega temprano, por miedo a que su magia material quede en segundo plano ante nuestra pasión encapsulada. Dedos impertinentes cruzados bajo las sillas de un recinto sabinero y repetido; el año nuevo, el año compartido, desde las doce hasta hoy -desde hoy y hasta siempre-. Estoy en ese pasado que mientras dure el suspiro, será también hoy y mañana. Adoro los tímidos enamoramientos, sus dedicatorias inesperadas, el sabernos compañeros de una vida espejada y la lucha constante por ser la raíz de la fulgencia más inmaculada que se imagine en una sonrisa o en un corazón ya podrido de latir. 

Encontrarte y encontrarme. Encontrarnos y eternizarnos. Acompañándonos, amándonos, soslayando formalidades, enfervorizando cada instante.
Caminando juntos, de la mano y cruzando cualquier temporal que se aventure a enfrentarnos. Porque además de pares, somos espejos. Y eso es lo que nos da fuerza. Eso es lo que mantiene viva la mecha de la pasión.

miércoles, 28 de enero de 2009

CLXVIII

Todo comienza con la simpleza de una pequeña chispa, concebida del frotamiento perfecto entre dos cuerpos. Una chispa que puede incendiar países enteros, o morir siendo chispa. El espectáculo inefable que resulta la contemplación de este espectáculo es inigualable; pero ser parte y protagonista del show, no podría jamás compararse con nada. Una chispa puede convertirse en fuego en cuestión de segundos y así esparcir su aroma por doquier, desde el cielo hasta las sábanas, invadiéndonos por los sentidos y los sentimientos. Hay fuegos que son a prueba de agua, porque aprehenden a convivir con la chispa que los originó. No arrasan con ella; el hecho de ser fuego no los hace omnipotentes. Y entonces, conviviendo, fuego y chispa, ni el agua ni el aire pueden jamás apagarlos. 

El fuego de hoy es indescriptiblemente ardiente, pasional y único. Lili estuvo en cada rincón, desde mis 13 años, quizás desde antes y yo no la reconocí como tal. Pero su estrella, jamás brilló como brilla hoy. Su chispa, nunca fue tan impetuosa. No imaginé nunca, un fuego tan efímero y a la vez tan eterno. Amo lo indescriptible de esta llama. Y aunque escriba bien seguido, puedo afirmar que sé nada sobre el reino de las palabras. Amo, adoro, aprecio, agradezco, disfruto, vivo, comparto, sonrío, resplandezco, ardo... Ardemos. 

Sobre fuegos no hay nada escrito. Sobre el nuestro, quemaríase el escribiente, corajudo y persistente, sin el don de saberse ausente. Ser parte de algo, es ser algo que en parte, no es el todo en sí mismo, sino por ser par de su acompañante. Niña artista, pintora y en vida, no pierdas nunca esa chispa, que mantiene viva la mía; que alimenta el fuego del alma.