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domingo, 9 de noviembre de 2008
LXXXIX
Se sentó en su escritorio y bajo una tenue luz de lámpara, dio el paso necesario para encontrarse con ella. Una hermosa doncella digital que encanta la mente, paralizándola, y dejándola inmóvil ante el ímpetu sentimental. Una ilusionista. Amaro permanecía estático, con la mirada perdida en suaves letras que corrompían, insurrectas, los mandatos tecnocráticos, dando así un nuevo sentido a la comunicación virtual. Aprendiendo que el espíritu puede comulgar y alimentarse a través del aire abstracto, con una pantalla LCD como herramienta mediadora. Así la historia vuelve a escribirse, secularmente y adaptada a los inminentes avances (o retrocesos) sociales. Baralides llegó a redescubrir la luz en un alma grisácea por el ollín aspirado en todos y cada uno de los detalles que Amaro no supo ver.
Publicado por
Mauro Fernández
a las
16:37
sábado, 18 de octubre de 2008
LXVII
Andrés dice que las musas no son asuntos pendientes. Pero yo tal vez tengo uno que, sin quererlo, tuve la urgencia de postergar. Y juro que dan ganas de escribir no una, mil canciones en su nombre. Una que hable de la Soledad, una del 2 de Febrero, una del Parque Rivadavia, otra de su sonrisa, y tantas más que tan sólo de ser tocadas, hagan que los oyentes se enamoren de su entereza. Quizás hoy me vuelvo a hermetizar, pero no me desvivo por eso, ni creo incluso, que sea una gran salida. Pero entre tanta sombra, ver que ella, sin hablar, se preocupa por que todo sea perfecto entre nosotros (aún cuando ya no queda nada), adorna mi alma con guirnaldas de un carnaval ausente e inesperado. La tristeza puede ser superflua. Lo verdaderamente hermoso, es que si el fuego necesariamente debe extinguirse, lo haga tan inmaculado, como aquella chispa adecuada que supo encenderlo.
Publicado por
Mauro Fernández
a las
19:16
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