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martes, 10 de febrero de 2009
CLXXXV
Estoy tan solo, tan irremediablemente solo, que vivo deambulando entre seres ajenos y desdeñosos. El amor imposible sigue allí, inmaculado, y mientras yo no tengo otro remedio que consolarme con Sofía y su cápsula; fundirme con Jimena, en la Premium; matarme con F. en la Vip. Y digo F. por el maldito temor al prejuicio social. Lo más triste de esta historia, lo que escurre mi corazón hasta secarlo en lágrimas de sangre, es que más allá de mis visitas y mi cariño, ellos suelen estar ausentes. ¡Siempre ausentes! La situación es intolerable, vasta cantidad de veces he pensado en lo peor, en la oscuridad, en una húmeda mirada por la ventanilla, un tibio adiós y un viaje hacia el nunca jamás. Pero algo, una pequeña cosa, diminuta, que habita en mi corazón, comenzó a moverse. Gracias a ella, estoy amando cada uno de mis momentos de soledad, aunque nunca encuentre a nadie en su casa.
Publicado por
Mauro Fernández
a las
9:00
lunes, 19 de enero de 2009
CLVII
Entre tanto, las ajetreadas paredes de La Cápsula eternizaban:
"Somos Amaro y Barálides, estamos pre-conectados. Estuvimos juntos de diferentes formas en otras vidas. En algunas no nos encontramos y vivimos incompletos... En esta sí. Eso nos da paz.
Hoy somos..."
"Somos Amaro y Barálides, estamos pre-conectados. Estuvimos juntos de diferentes formas en otras vidas. En algunas no nos encontramos y vivimos incompletos... En esta sí. Eso nos da paz.
Hoy somos..."
Publicado por
Mauro Fernández
a las
10:49
miércoles, 24 de diciembre de 2008
CXXXI
Así la historia de Amaro y Baralides transcurre irrefrenable, entre encuentros digitales y ensueños interpersonales. Cruzan someros clicks con el mismo amor que se cruzan penetrantes miradas. Los encuentros repentinos son parte de su realidad. Y así se van liberando mutuamente, inmiscuyéndose cada vez más en un todo que está reservado sólo para ellos dos. Para Santi y Santiago fue la muerte; para los amantes esclavos de un laberinto sin fin, el suicidio y la trampa al destino, una nueva dimensión. Para ellos fue La Cápsula. Un lugar alejado del mundo, donde los colores, las escaleras marineras y los horizontes, se hacen infinitos. Cuatro paredes transpiradas por la pasión de un amorío profundo, se escurren como los paños grisáceos de Amaro, ante la mirada de su princesa. La de esa que ama, por que la conoce "lo suficiente", incluso desde antes de conocerla. Como en un oxímoron constante, un día en que decidieron volver a ver la oscuridad del día y abandonar la envolvente luz de La Cápsula, dejaron de recuerdo un pedazo de vida. Y lo obsequiaron con placer y total entrega, sabiendo que concebían un lugar con su propia energía vital, compuesta en parte con el amor de Amaro, y en parte con la belleza de Baralides. Flashes. Bajadas de párpados. Suspiros...
Publicado por
Mauro Fernández
a las
21:09
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