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martes, 19 de enero de 2010

CDXXXI: Los océanos

¿Y qué si los dos tenemos razón? ¿Qué ganaríamos esta vez? ¿Confirmamos nuestra teoría de la no razón y el impulso? ¿Y para qué? ¿Y qué si la única razón la tuvo siempre alguien más? ¿Y qué si en lo más profundo de tu ser me sentís amigo, y no te crees el viaje, el reloj de arena tapado, la vida compartida; disoñando, volando? ¿Y qué si me duele, y me desvanezco, de la forma que fuere? ¿Si no somos ni eternos, ni amigos, ni amantes, ni nada? ¿Si la historia de amor más pura, termina perdida en un agujero vacuo de irrealidad; en un no momento constante? ¿Entonces qué? El error… nada grave, algo más. Una lágrima en el océano cruel del mundo. Intrascendente. Cómplice.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

CCCLXVI: Charla de café

A veces nos pertenecemos tanto que nos entregamos al todo sin capacidad de raciocinio o discernimiento. Contemplamos la redonda luna que se posa fulgente en un cielo que va de la nube a la estrella; la miramos de la mano y me siento en casa. Quizás en una casa nómade, que levanta campamento ante las embestidas de sus más profundos sentires; pero en casa al fin. Como en la rama frágil que se quiebra con el viento, o en las vidas pasadas. Pero tal es la entrega, que en los flashbacks de la mañana después, sólo pienso en palabras que son guías y colchones. Redes. Pienso en una charla de café, engayolando la pasión que nos encuentra cuando nos encuentra y regalándonos entendimiento proyectado, plausible de internalización y motor de un nuevo día. Hoy quiero una charla de café, unas palabras repetidas sobre nuestra búsqueda, sobre mi arte no encontrado y sobre los caminos que nos cruzan en la ruta hacia un mismo destino.

sábado, 12 de septiembre de 2009

CCCXXI: Bisagra salomónica

La elegimos quizás sin dar con la palabra correcta, el acuerdo buscado. Pero allí estaba preescrita para nosotros, como estuvo la chispa que soltó las cuerdas de esa jauría enajenada de amor. Coliseos perfumados de añoranza se erigen en las polis del mañana. Inédita interacción temporal, donde las agujas por vagancia perecen quietas, más las horas corren desquiciadas tras los inviernos perdidos. Decisiones salomónicas sin vencedores ni vencidos, más que las partes intrínsecas de una relación contractual de pertenencia momentánea. Amorío, suelen decirle los nobles aristócratas resfregándose el corazón con los calzones de la Reina. En el Parnaso, nuestros dioses, prefirieron llamarla inmortalidad.

sábado, 8 de agosto de 2009

CCXCVIII: Living loving maid

Aquella que visualizó imágenes etéreas de inmortalidad amorfa, se amoldó a preceptos ajenos, quizás míos, quizás... quién sabe: los monstruos! Autoproclamándose "mujer de mi vida" -sin margen de error- se lamentaba por la pobre y dulce chica del 39, víctima de nuestros proyectados encuentros reiterados, pasionales; efímeros éxtasis de humanidad. Hoy, lejos, aislada, en plena concreción de sus aventuras soñadas, de casi todas. Naufragando entre mis errores y los suyos, no viviéndonos mutuamente. Ya no despertando con sus cabellos del color del trigo, que se agitan con el viento y vuelven a mis tierras, aferrándose a mi cuerpo entre las sábanas como los vívidos vestigios de las noches compartidas. 

miércoles, 28 de enero de 2009

CLXIX

Yo elegí 17 días. Lo elegí entonces y lo sigo eligiendo más allá de mis anhelos de eternidad momentánea, cuando nos hacemos menos que dos. 300 años connotan una inmortalidad no deseada. La muerte y la mutación, el despojo corpóreo y la libertad de las ánimas en su vuelo eterno hacia nuevas formas. Y si hoy sigo eligiendo 17 días, aunque el desgarro del adiós pueda ahogarme en mares de lágrimas e incertidumbre, es porque la vida, desde entonces, nunca va a volver a ser igual. Cada uno de esos días, cada uno de sus minutos, segundos, pueden llenar de magia los restantes 300 años. Como el aleteo de una mariposa blanca.

viernes, 16 de enero de 2009

CLV

Es el intento constante e inclaudicable de no pensar. Es esa cuota de paz que nos debemos, o el problema personal que parecemos tener con nuestro propio bienestar. Y aunque lo logre, jamás me queda la mente en blanco. She like's it painted black. Cerrar los ojos y ver primavera armoniosa y lasciva. Excitante, hermosa y pura. Perderle el miedo a la oscuridad y ganar un halo de pureza. Pertenecerse con una gota de sudor y alcanzar el cielo, cuando la vida se hace instante.