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sábado, 15 de diciembre de 2012

Carta Abierta a Pato Santos Fontanet

Breves líneas quiero dedicarte, Pato. Breves como las vidas robadas en Cromañón. Breves como los quince años que me tocaron tener cuando, de tu mano y con tu voz de fondo, conocí anticipadamente el Infierno.

Es importante avisarte que, a pesar de la mayúscula en la palabra “Sobrevivientes” que evocás al referirte a los destinatarios de tu carta, nadie ha golpeado mi puerta. No golpeó el cartero. No golpeaste vos. No golpeaste para entregarme tu escrito, pero tampoco para pedirme disculpas. Unas disculpas que desde el 30 de diciembre de 2004 la sociedad argentina, a la que decís amar antes que nada, espera. Tal vez legitimás sólo “Sobrevivientes” que te aplauden o salen con remeras amarillas. Yo salgo con una negra. Una que dice “Basta de NO culpar a Callejeros”, porque creo que sin responsables, no hay Justicia.

Me duele lo hostil de allá afuera. Me duele tanto como a vos, que también lo sufrís. Pero más me duele la mentira y la manipulación, sobre todo cuando las víctimas son jóvenes, que creen mentiras sobre otras víctimas –letales, en este caso– tan jóvenes como ellas. Me duele que digas no saber, cuando casi cada vez que tocaste en Cromañón estuve ahí y en todas advertiste la inflamabilidad de la media-sombra del techo. En todas, vos, al igual que Chabán, advirtieron que “pasaría lo mismo que en Paraguay” –haciendo referencia al shopping incendiado, que resultó minúsculo al lado del desastre del diciembre argentino. Mentiras que ocultan el principio de incendio del 28 de mayo, el del 29 de diciembre, y quién sabe cuántos más. Bastaba estar allí. Bastaba hablar o preguntar.

Sabías. Lo importante es que sabías. Y eso no sólo te convierte en responsable o cómplice. Eso te convierte en un idiota mayúsculo, que metió a su familia, a la que tanto ama, en ese antro convertido en cámara de gas. Tu gente en Cromañón no te exime, Pato. Tu gente en Cromañón te hace más negligente.

Parafraseándote, con gusto, digo que el gobierno ya “es de una mujer”, que cada tanto “no hay juicio por fumar sin joder”, y que tal vez “haya jueces cumpliendo la Ley”. Tu Imposible se convierte en realidad. Pero a vos te falta cumplir una premisa: falta que “no haya mentira ni verdades cambiadas”. No mientas más en nuestro nombre.

Por tu juventud perdida y por la mía, que esperamos poder recuperar. Por la alegría de las 194 madres que viven una ausencia eterna. Por la necesaria Justicia. Daños, nunca más…

Mauro Fernández
15/12/2012




jueves, 15 de julio de 2010

DLVII: Resolución de carácter reactivo s/inducción previa.

El autor lamenta informar que no cede a presiones de persona alguna, sea la misma física o jurídica.

Asimismo, se comunica mediante la presente, que se redacta inesquivamente en forma extraordinaria, ya que, hasta el corriente comunicado, se desconoce la articulación de tiempos perentorios para la capacidad sensorial de los seres humanos, y su posterior manifiesto literario.

Por tanto, resuelvo:
1) No hacer lugar a su inducción;
2) Recategorizar el mote inductivo de la misma, a una mera y cordial sugestión;
3) Efectivizar una devolución a su escrito sin carácter literario, sino únicamente previendo el grado de irrespetuosidad ante el código comunicativo que la ausencia de la presente respuesta pudiere haber significado;
4) Proceder con inmediatez en la publicación de la presente respuesta, c/adaptaciones semánticas y genéricas, en el virtual espacio que aquí nos converge.

Finalizada la presente exposición, doy grado de urgencia a las resoluciones tomadas.

Archívese y comuníquese.

sábado, 24 de abril de 2010

DXX: Mensaje de Elio Delgado

Más allá del poco interés que me genera El Hito, o mi lejanía ante la continuidad de Callejeros, me pareció interesante compartir una de las pocas voces que se escuchan de la banda, contando un poco acerca de los silencios que callan por no gritar. Para quienes no estén al tanto, Elio fue guitarrista de Callejeros hasta la muerte de Wanda Taddei, esposa de Edu, ex-baterista del grupo.

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Querido publico Callejero:

El motivo de estas líneas es explicarme, con el respeto y amor que me merecen, ante los seguidores de Callejeros. En el sueño de un grupo de amigos, en el cual crecí como músico y persona a través de los años que pase durante esa trayectoria.
En ese tiempo aprendí a convivir con la alegría de tratar de expresar lo que Uds. sentían y vivían con nosotros, pero también con el peso de una tragedia y el espanto que produce estar injustamente perseguidos y restringidos a la expresión artística y musical.
No renuncio ni niego mi historia Callejera, “EL HITO” es precisamente un punto de referencia para seguir con mi compromiso con todos Ustedes.
Personalmente, no me corresponde dirigirme a ustedes para dar explicación ante el silencio del resto de la banda ante la situación de Edu, nuestro siempre querido Cabeza, y que merece un expreso acompañamiento a su dolor y avalar su inocencia de lo que se lo acusa.
Por respeto a ustedes que siguieron incondicionalmente a Callejeros en las situaciones mas tristes y dolorosas de nuestras vidas, ante los rumores y comentarios productos de la falta de información, la deformación de la realidad y algunos silencios que ayudan al no saber y conocer, me veo obligado a contar la verdad de la situación.
Inmediatamente a lo ocurrido a Edu, el resto de la banda, en ese silencio y ante el dolor de la pérdida de Wanda –y pérdida esencialmente de nuestro Cabeza- solo se cubrió con una formal condolencia. Y silenció la decisión de desvincularlo de CALLEJEROS.
Ellos son los que deberían explicar los porque. Por mi parte, no estuve ni estoy de acuerdo con esa decisión. Por estar en desacuerdo con ello fui desvinculado también de la banda y de sus “nuevos” proyectos.
Voy a encarar este proyecto, el del “El Hito”, que comencé hace tiempo como paralelo y en ampliación al de Callejeros, como otros miembros de la banda también lo hacían. El Hito, hoy es, por lo que expresé, el medio y la forma de continuar con el compromiso de lo que se hacer y amo. Mi amor por el ROCK N´ ROLL.
"Los barcos de papel no llegan a altamar" Los invito a vivir este nuevo sueño.

Con el amor de siempre.

Elio Delgado.


ESQUELETO AL SOL

POR LA MISMA SENDA
SIN NINGUN RIVAL
SIGO EN LA ESPERA
A LA DERIVA TOTAL
SI ESPERO QUE LLAMEN LAS ESTRELLAS DEL ROCK N´ROLL
Y ME HAGAN ALGUN LUGAR
VOY A QUEDAR
CON MI ESQUELETO AL SOL

NO ESTOY PUDRIENDOME SI ES LO QUE QUIEREN VER
NO ME VAN A ENTERRAR
VAN A TRATAR DE HUIR DEL MAL
Y NO LO VAN A LOGRAR
LO VAN A ENCONTRAR
EN ALGUN LUGAR

POR SEGUIR MI CONCIENCIA
Y MI INSTINTO ANIMAL
ME DIERON SALIDA
POR NO PENSAR IGUAL
A ESO LO LLAMO DICTADURA NO ES DE CONFIAR,
NO HAY MUCHA HONESTIDAD
PERO SOLO QUIERO
MI PERSONALIDAD

NO PIDO NADA SOLO MI 800
PARA PODER TOCAR
POR MI DESTINO Y MI FUTURO PODER ESTIMULAR
IGUAL NO ME IMPORTA SI LO LLEVAN
ES SOLO MATERIAL

viernes, 19 de marzo de 2010

CDLXXXVII: La puerta

Camino lento, con la mirada perdida, mientras poso mi mano en el picaporte abriendo la puerta de mi cuarto iluminado. Tres pasos. La verdadera puerta, el pasaje secreto. Siento un pesar repentino en el pecho y los párpados, como un disparo, y mi cuerpo rendido cae esplendorosamente sobre la puerta real. Un instante después estoy sentado en la oficina, y alguien dice que vino la gente de seguridad vial a hacer otra de las tantas auditorías optimizadoras de rendimiento. Y que el nivel de educación y comportamiento vial son paupérrimos, fundamentalmente los aparcamientos.

Salgo a la calle, anonadado y molesto, y compruebo que el Clío no está donde lo había dejado. Ahora descansa a 20 grados sobre la puerta de un garage. Me subo y repentinamente meto marcha atrás, luego primera y acelero en contramano por la calle Zabala, doblando en Roseti también en contramano para salir a una Forest paralela, extraña y amplia.

Johnny me grita desde un portón que reza “Discográfica y distribuidora”, e instantáneamente me detengo frente a él, no desde el auto que ya habría aparcado en algún lugar en milésimas de segundo, sino de pie ante su mirada cansada y escrutadora. Me pide un favor casi sin saludar y lo mando a cagar. Que lo haga él, yo me alegraba de verlo después de tanto tiempo y ese comportamiento me desencantaba. Empecé a alejarme en sentido opuesto y su novia me gritó desde la puerta para saludar. Vuelvo, saludo y paso al galpón. Allá estaban sus padres, la catequista compañera de mi vieja, y el padre que no conozco. Había dos personas más que no reconocía y como surgido del piso, un Rolo afeitado y de traje, pero siempre con esa sonrisa y esos ojos soñadores, inocentes y amigos. Me abraza y ahí veo que esas otras dos personas eran su familia. Anto no estaba. Salgo.

Me voy dispuesto a encontrar el auto, paso frente a la verdulería y veo uno parecido, pero congelado, lleno de escarcha. Miro la patente y decía BMO387, pero estaba algo ilegible esencialmente por la escarcha. Voy a ver la de la parte trasera, y decía otra cosa, mucho más larga, y allí si se notaban los retazos el Liquid Paper y marcador negro que alguien había utilizado para falsearla, igual que la delantera, pero con menos sutileza. Además, como si fuera poco, habían puesto una especie de antena violeta al costado izquierdo, casi en el baúl -eso aún me resulta incomprensible-.

Saco la llave, la inserto en la cerradura y con un mínimo esfuerzo, abro la puerta. Se ve que no habían congelado también esa parte, definitivamente querían que entrase al auto. En cuanto la giro, dos muchachos no del todo amigables, aparecen frente a mí. Les pregunto de dónde salieron y me cuentan que viven en la casa tomada de la vuelta -jamás había oído de ella, o tal vez si, pero hace mucho tiempo-, mientras no dejaban de adelantarse hacia mí. Dejo la puerta abierta y me alejo con la llave. Me siguen. Uno era grandote y moreno, el otro muy flaco, casi escuálido y con ropas deportivas. Me meto en la verdulería y en cuanto cruzo el umbral la estructura cambia como la perspectiva, y desde adentro es un supermercado. El grandote me mira desafiante, invitándome a salir por las buenas, a lo que respondo con un paso atrás. Se adelanta. Me atraso. Lo miro a los ojos y veo el ardor de la ira reflejada, entonces me doy vuelta y comienzo a correr. Él me sigue, y corremos a través de las góndolas hasta que se me avienta encima y me tira al piso, tras una pared de cristal. Comienza a golpearme y yo simplemente le pregunto por qué. Por qué yo, por qué así.

–¿Porque soy parte activa en la creación de la mierda que te tocó? ¿Por eso?– le digo; y sus ojos se llenaban de lágrimas mientras seguía golpeándome. Entonces decido profundizar el concepto de mi lógica –; yo soy la mierda, yo también viví la mierda de Cromañón y de novias muertas, de amor bajo tierra.

–Vos sos responsable, vos generas toda mi mierda también, ¿qué cargos te corresponden? Sorete. – lo increpé, desafiante y ya sin sentir sus golpes.

El grandote lloraba desconsolado, cubriéndose el rostro y comencé a alejarme despacio. Nunca se levantó, me dejó ir. Pasé por delante del otro que, por lo visto, habrá pensado lo peor y corrió puertas adentro del supermercado -que ya había vuelto a ser verdulería- para ayudar a su cumpa. Pero el auto no estaba. Empecé a caminar por Chacarita, salgo de algún modo a una Álvarez Thomas también distinta, bajo los rayos intensos del sol con la certeza que en el taller mecánico estaría el auto, en proceso de descongelamiento. Se ve que en algún momento Leandro me lo había dicho, y estaba ahí para retirarlo conmigo. Lo veo y el mecánico me pide un comprobante que definitivamente yo no tenía -¡ni siquiera había llevado el auto en primer lugar!-. Le dije que no lo tenía, pero que era ese, señalándolo con el dedo. Me lo entrega, subo y el interior era distinto. Le digo a Leandro que ese era un Ka, que no era mi auto, aunque estaba seguro que había entrado a él. Miré el interior y con una mirada cómplice, dimos por concluida la confusión. Llegamos en busca de un Clío descongelado y nos estábamos yendo en un Ka nuevito que tenía luces de avión. Una epopeya moderna.

Salimos en el Ka con Lea al volante, vaya uno a saber por qué y pasamos por una plaza extraña, llena de gente y circundada por casas tomadas -como la de la vuelta-. Mucha pobreza, fútbol y chicos divertidos, mientras en otro lado las familias hacían colas interminables para vacunarse o recibir comida. Yo, que ya estaba solo y caminando -el auto se habría esfumado en algún momento-, escudriñaba el lugar con desazón y desesperanza, aunque con algo de miedo a que mis recientes amigos me encontrasen y tomaran venganza por mi huída. En tanto, perdido en mis pensamientos, siento que piso algo. Miro y veo un bebé abandonado bajo mi suela y siento la náusea tomando mi faringe por la fuerza, al tiempo que saco el pie con vehemencia. Cuando me compongo, veo que alrededor había decenas de chicos igualmente librados al azar, y madres como montañas, inmutables, petrificadas en su vacío. Salgo corriendo y llego a una estancia, donde los jefes y otras yerbas tenían una reunión de la que, de algún modo era parte. No era netamente laboral, se hablaba de cualquier cosa en un clima jocoso, ameno y divertido. Aplauden en la puerta y alguien sale a ver quién es, y me llaman.

–Que bueno tener el trabajo de este pibe, ¡vive laburando! –acotó, sarcástico, un Voldemort triste, vencido y sin magia, por la visita que me obligaba a abandonar la reunión.

–Bue, porque vos la pasás mal ¿no?… –contesté, y dejé la sala.

Me mira iracundo, y le sonrío, sereno. Salgo a hablar con la gente, viejos conocidos que no puedo recordar, y vuelvo a la calle. Me esperaban el Tano y Rocío, ella del lado del cordón, él en el medio y yo del lado de la pared -vaya disposición-. Volvimos a pasar por la verdulería y, asustado, les conté la historia reciente.

–Tonto, ¿por qué no me contaste?– preguntó Rocío acentuando melódicamente cada sílaba, como cada vez que elegía que su corazón hablase con todo lo que sus palabras callaban.

–Emm, creo que porque no estabas.

–Pero por eso está acá –agregó el Tano–, para que sepas que siempre está, y está dispuesta a quererte y acompañarte.

Ni terminó de decirlo que yo ya estaba al lado de ella. Mirada penetrante entre los dos, conocida y profunda, y entonces se hizo cierta la comprensión de lo ilusorio y la vacuidad.

–Rocío, igualmente vacía, igualmente digna de ser amada, igualmente una próxima Buda –pensé.

Proceso interno, recuerdo y dolor de estómago, las mariposas muertas descomponiéndose en el bajo vientre. Y mientras me mira, tengo la certeza de que puedo comerle la boca, fundirnos en uno, ser inmortales, y volver a la nada en cuestión de minutos. Entonces, me río y sigo caminando; ahora, solo.

Creo que la excesiva comprensión, aunque naciera del más intrínseco dukka, me eyectó una vez más de este lado de la única y verdadera puerta, del puente al más allá, y fui al baño dormitando.

En segundos, sin recordar haber cruzado el umbral una vez más, estaba sentado en mi puesto de trabajo, y ella se acercaba, quizás de paso a buscar café, no lo sabía. Siquiera comprendía si estaba realmente en la oficina o qué estaba pasando en realidad. Más difícil resultaba éste discernimiento, cuando siempre se me había dificultado saber si lo fáctico era real y lo ilusorio mentira, o viceversa. Como fuere, yo estaba ahí -o acá-, y Camila se me acercó. Se paró tras la madera que delimita mi box y me dijo algo que no puedo recordar. Bromeamos unos minutos, y viendo un portal de Internet, vio a alguien que le causó gracia. Un tipo que resultaba ser famoso por haberse acostado con una modelo muy reconocida. El problema es que a pesar de su fama, nadie lo conocía porque en realidad nunca había estado con esta mujer, sino en la línea que nosotros escribíamos. Intuí en su risa un dejo de añoranza, y le pregunté si conocía al desconocido famoso.

–Sí, estuvimos juntos.
–¿¡Cuándo!? ¿Hace mucho? –le pregunté como exacerbando mi costado más chismoso.
–No, o si –se contrariaba indecisa –, da lo mismo.
–Pero… ¿antes de estar con Santiago? ¿Tanto hace?
–Puede ser –respondió sin contestar –, igual no tendría nada de malo si hubiese estado al mismo tiempo que con Santi.
–Con él se mantiene el amor, la pasión pasa por otro lado –agregó, y me miró insinuante.

Yo casi me caigo como los dibujitos japoneses que, de un segundo a otro, están tirados en el piso con cara de idiotas. Me encantaba por donde la mirase, me intrigaba conocerla más, compartir momentos y, quizás, casi diría seguramente, me calentaba otra vez el hecho de lo difícil, las trabas, lo prohibido, la anarquía. La estructura hecha cenizas y nosotros suspirando a su lado, para que no quedasen ni cenizas, ni vestigios, ni nada.

Sé que estos dos muchachos siguieron buscándome, y que yo andaba errante entre el miedo y la tranquilidad, entre el pasado y el futuro, pero sabiendo que los polos se atraen, podría llegar a vagar eternamente por el camino medio. Lo que nunca pude comprender es si esta epifanía concluyente, a modo de resumen ejecutivo de mi sentir al respecto, lo tuve antes o después de volver a cruzar el umbral. Antes de volver al mundo de las mentiras que parecen más reales, de los textos que cuentan lo incontable y del mañana que es tan incierto.

martes, 23 de febrero de 2010

CDLXXV: Dos textos prestados

Es triste el espectáculo de la gente al acostarse; se ve claro que les importa tres cojones cómo vayan las cosas, se ve claro que no intentan comprender, ésos, el porqué de que estemos aquí. Les trae sin cuidado. Duermen de cualquier manera, son unos calzonazos, unos zopencos, sin susceptibilidad, americanos o no. Siempre tienen la conciencia tranquila. Yo había visto demasiadas cosas poco claras como para estar contento. Sabía demasiado y no suficiente. Hay que salir, me dije, volver a salir. Tal vez lo encuentres, a Robinson. Era una idea idiota, evidentemente, pero recurría a ella para tener un pretexto a fin de salir otra vez, tanto más cuanto que en vano daba vueltas y más vueltas sobre aquella piltra tan pequeña, no lograba pegar ojo ni un instante. Ni siquiera masturbándote, en casos así, experimentas consuelo ni distracción. Conque te entra una desesperación que para qué. Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido. Es la edad también que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida; ahí está. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar.

En Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline. 

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Pero dos días más tarde (los dos días que Viena, según los resultados de la contabilidad final, terminaría robándole a Londres), cuando entraron a la Osterreichische Galerie, al salón de los Klimt -Rímini desafiante, Sofía débil y adorable, envuelta en un poncho como una beduina invernal, los dos alegrando el aire caldeado con las nubecitas blancas que traían de la calle-, Rímini sintió el amparo de quien vuelve a una patria después de un largo exilio de tristezas. Recorrió las salas, amodorrado por la suave luz amarillenta, y miró los cuadros con un desgano feliz, como si estuviera tan lejos de todos que ni la belleza pudiera malograr su bienestar. Se detuvieron ante El beso y lo contemplaron abrazados, víctimas de ese mimetismo que se apodera de los enamorados cada vez que miran la imagen que siempre han creído que los mira y les habla. “Ya pasó lo peor”, pensó Rímini, y cuando quiso nombrar “lo peor”, lo que le vino a la mente no fue Viena, ni los contratiempos del idioma, ni la fiebre, ni siquiera el dinero y el tiempo que el “error austríaco”, como había pasado a llamarlo, les había robado, sino la simple posibilidad, que no vislumbraba en el futuro sino en el pasado en ese par de horas que dos días atrás había pasado solo, de que Sofía, esa masa de calor pequeña y compacta que ahora se apretaba contra su cuerpo, hubiera desaparecido de su vida para siempre. Como el sobreviviente que cada noche, antes de dormirse, asiste una y otra vez al accidente que casi lo mata, y sólo después de revivir sus pormenores descubre que ese día no hubo distracciones, ni pavimentos mojados, ni autos fatales, y que ese accidente que nunca tuvo lugar aun así le ha robado una parte de su porvenir, abriéndole una herida horrenda en el alma, Rímini volvió a verse lejos de Sofía, se vio sin ella, y esa figura huérfana, como saqueada, lo heló de espanto. Acababa de ver lo que queda de un hombre cuando a todo lo que es, todo lo que cree ser, se le resta la mujer que ama.

En El Pasado de Alan Pauls.

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Gracias M por los cuentitos de las buenas noches.

lunes, 4 de enero de 2010

CDXXIII: Vení, volá, vení...

Hay palabras cuyo significado se parece más al silencio.
Hambre, guerras, odio; se inscriben en el axioma de los significantes vacuos.

Hay sonidos que demasiado se aproximan al abismo.
Las bombas cayendo, la orden ebria de un general nefasto, el grito de guerra.

Hay verdades que se imprimen sobre mentiras; y crece la indigencia, la muerte prematura, el imperio del dólar sobre la coexistencia humana.

Así el niño se hace hombre, posando el mundo a sus ojos, imprimiendo fotografías de recuerdo. Y a medida que deja de creer en los Reyes Magos y el polvo de hadas, comprende también que es más fidedigno el mundo de los sueños, que la realidad que aguarda ahí fuera con la necrófila paciencia de un buitre famélico. 

lunes, 16 de noviembre de 2009

CCCLXXIX: Peter Darling


No entendía. Imposible descifrar si me había equivocado con aquel veredicto y no era yo el Niño Perdido, sino ella. Si era el Peter que buscábamos en el amanecer -a la derecha de la segunda estrella-, o la Wendy de la ventana, expectante y soñadora, aunque real. Hoy me fue más claro. Ni Pan ni Darling. Siquiera la celosa Tink. Algo de cada uno, en cada momento y en cada ocasión. Porque la Verdad, encasillarnos en un personaje, sería demasiado obvio. Cosa de grandes.

viernes, 6 de noviembre de 2009

CCCLXIX: Esquema

Me da asco el acostumbramiento negativo. La estructura, el castillo gris, las verdades absolutas de un sistema de ejes macabro y maquiavélico, falto de vida. Me rehuso a bajar la cabeza y seguir caminando con los ojos cerrados y la mirada prohibida. Hasta la estructura monárquico-asamblearia -en la que todo se debate siempre que al rey o la reina les plazca- me resulta irritante e irreal, quizás porque sé que hay mucha realidad detrás de ese eufemismo del estructurar. Quizás porque soy chico. Chico para acostumbrarme a esta basura, chico para comprar las verdades que se ofrecen en cada esquina de la vida; chico para querer crecer. Chico para decir "esto es una mierda" y chico para entender formas que más que formas son estructuras, aunque se las pinte de los colores de la libertad.

lunes, 26 de octubre de 2009

CCCLIX: El sueño no soñado

¿Hace falta explicar la verdad? Lo que se muestra puro y auténtico... ¿merece gastar saliva y energías en ser justificado? ¿Y el amor? ¿No vive de la pregunta eterna que te hace seguir amando? ¿Quién quiere ser primavera cuando flota entre la tromba musical de la hojarasca otoñal? ¿Quién quiere días de sol cuando baila con brazos abiertos saciando su sed de felicidad con cada gota de lluvia, acariciando su rostro en la más dulce soledad? Encerrado en tus verdades, nunca podrías haberla descubierto realmente. Ella es todo el sueño que nunca soñaste.

viernes, 2 de octubre de 2009

CCCXL: El arte puede taparse o hacerse tapa

Lo maravilloso de la fotografía es el recorte que puede hacerse de la realidad. La minuciosidad de la lente y lo perverso del disparador. Ese que cuando acciona no graba a fuego una imagen en la memoria del tiempo, sino que ignora con vil desparpajo todo lo que su aliada y cómplice no abarcó. Es una cuestión de espacios. Tiempo y espacio. Como todo arte; recorte y creación. La divinidad de lo insoslayablemente simulado, el jirón perfecto. La tinta no manchada de epítetos u otras clases de angustiosas miserias calificativas y explicativas. La única verdad que merece ser retratada, el recorte espacio-temporal del artista y su musa, que mira con exquisita inquisición sensorial cada gesto del dibujante por sobre la fingida postura de la modelo de turno.

jueves, 26 de febrero de 2009

CXCVII

¿Nunca soñaste la emancipación de las ventanas? ¿Nunca esa libertad de poder mirar al horizonte como a un hermano siamés que nos acompaña toda la vida -todas las vidas- en posición horizontal, juntos desde la cama y en la simpleza de un desayuno matero, destechado y compartido? Las espigas bailando con ritmo de viento de amanecer, fulgiendo áureas por la pura inocencia de un sol naciente. La mirada ahogada en la profundidad de tus ojos es el embarque a una luna de miel infinita por los caminos de nuestras almas. Y el resquemor de los capítulos pasados, son arrancados en esta reformulación literaria y constitutuiva que nos converge. "Nos los representantes del pueblo del Amor Puro..." nos concebimos en la inmensidad de un hogar sin muros; nos reificamos en la nada absoluta que nos regala este todo alado. Sin ladrillos porque repelemos toda simbología del claustro gris; sin miedo, porque es el cáncer homicida de la voluntad fiel y presente. Un hogar sin dirección postal, sin timbres ni puertas de entrada. Un hogar que te invito a visitar cada vez que no te resguardes en frágiles verdades de porcelana; uno al que estás invitado siempre que vueles alto, como gaviota de cien vidas. Un hogar que vivenciarás, cuando trasciendas el tiempo, las formas y el espacio.

miércoles, 11 de febrero de 2009

CLXXXVIII

"Hace más de de tres años quise sentir, porque no sentía el corazón y a partir de ese momento quise vivir metido en mi canción.
Sabía que mentirme no iba a hacerme creer, o sí, pero que no era la forma adecuada, y que prefería la Verdad, aunque duela y con mayúscula, porque la Verdad es tan divina como el mismo Dios, o como el nombre de nuestra madre."

On An Island - 28/02/08

jueves, 25 de diciembre de 2008

CXXXII

Inocentes lucecitas alumbrando nuestros pasos y endulzando nuestro andar, se cuelgan de las ventanas de los nuevos rascacielos, de las antiguas casas bajas y trepan hasta lo más alto de los pinos que alberga nuestra hermosa y navideña ciudad. Suponen encender ilusión, gestar algún tipo de sueño incandescente en las neuronas apagadas de un pueblo que no da más. Se cuelgan de los árboles más altos, y anuncian así la llegada del benefactor de los creyentes, del padre y emperador del imperio de la ignorancia. Los espejos reflejan sus colores, pero ciertas mentes saben captar que esas luces no alumbran, sino que su razón de ser es el simple hecho de encandilar ojos con sed de verdad y cegarlos por siempre, haciendo invisible la mentira que se esconde tras ellas. Una historia que ya por tradición se contradice. Una conmemoración, un nacimiento, un sincero recuerdo de un bebé salvador, un Padre de los afligidos y de los soñadores, un comienzo y un final para dos eras, para dos formas de pensar radicalmente distintas. Por otro lado, existe un invento ya gordo de tragar vanidades y de alimentarse del bolsillo ajeno, un festejo inconsciente, miles de muertos alrededor del mundo, y el inefable e infame mercado de la fe, que sigue su marcha firme junto a ciertas ideologías que satisfagan sus deseos de ambición y que puedan  cumplir con las prioridades de sus mandatos. Hay por detrás de toda institución, un símbolo de verdad, una idea que seguir, pero siempre, la institución se corrompe, la idea se tergiversa y se utiliza para el beneficio de los peces gordos, para quienes ya se está forjando una celda en el infierno. Sin embargo, por delante de todas estas humildes y sanas atrocidades, de esta inmensa mentira y de una  traición que el mismísimo hijo y padre nunca perdonará, se encuentran colgadas aquellas lucecitas, tan adorables, por cuya simple observación, muchas mentes se sienten tranquilas, y se les transmite paz... Pero para otras, se resalta la ira de una idea que aún no se concretó, pero que pide a gritos alguien que la lleve a cabo.

martes, 16 de diciembre de 2008

CXXII

“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra con la injusticia , sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás…”

Corintios 13;4-8

sábado, 30 de agosto de 2008

XX

De tanto hablar de él en mi segundo despertar, me fui hundiendo (cada vez más de lleno) en mi enorme tarro de mierda. No creo que la búsqueda de la verdad sea tan oscura e irramediablemente amarga, sola y ausente. O al menos hasta ahora no lo creía. La demonización de la banalidad, de las palabras vacías, de los "amores" regalados, de los vendidos y, peor aún, de aquellos compromisos que se rompen en falta de la verdad, no tienen sentido si el resultado es tan insulzo. Cada acto debería existir sólo en pos de su inmaculada concepción. Pero a pesar de ésto no se refleja un buen vivir. Tal vez el no estar feliz sea estar acercándonos a la verdad, ya que se demuestra tan injusta, tan catastrófica. Espero ver más claro para dejar de equivocarme. Si es esa búsqueda de la verdad la que lleve a algo, o si, por otro lado, nos bloquea de sentimientos hermosos como la amistad, las experiencias nuevas, las vivencias compartidas.