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jueves, 7 de abril de 2011

DCI: Grandes esperanzas


Es ineludible ya la certeza de que los estados anímicos viven aletargados en mi interior, hasta que un factor externo y no necesariamente poderoso –puede ser la lluvia, una reacción, o bien todo ello en pleno acto de su involuntaria sinergia–, los despierta y les da entidad. Césped más verde, luz más brillante… Canciones de congoja explotando junto a la tormenta, en un trueno que aturde y un rayo que encandila. Necesidad de ser y de ser palabra, y silencio, al mismo tiempo. Suspiros que duran décadas, masacres que duelen nada en el colectivo de la inconciencia generalizada. Mercenarios militantes de la idea originaria, mutan oportunamente cada vez que el agente externo resucita a los muertos. Las piedras se corren, tres días de oscuridades. La falta de persistencia, los errores y las dádivas de un franciscano que me cruza en el diluvio mientras Noé pasa de largo con su arca, no hacen más que imantar la lágrima al incontinente mar de los suplicios. El cielo negro, la magnífica obra de las artes oscuras que trazan con nubes y euforias divinas los frágiles ánimos terrenos. Pirámides de cristal se quiebran sutiles al menor suspiro; faraones de la eternidad resisten en ellas con tristes y profundas, pero grandes esperanzas. Por siempre y para siempre.




sábado, 29 de enero de 2011

DIC: Sonrisa de hoy

Soy y siempre fui, un ente ajeno a lo que mis formas reflejaron al mundo exterior. Lo que otrora fue sonrisa, en verdad significó llanto desgarradador. Muy pocas, a la inversa; por no decir ninguna. El rostro lleno de pelos, la barba insignificante, el pelado que cantó canciones de amor y de amistad, los abrazos recibidos en son de compañía, más que de ninguna otra cosa. Tanto vicio relegado por el infinito y eterno anhelo de libertad. Alguna compañía distanciada. Las que valen, no. De una u otra forma, siempre están. Hasta los muertos. Un patrón que se hace grito interior y muchas veces no llega a reverberar en los muros del mundo. Esas caras, las que inundan las calles de lágrimas, sonrisas y alguna que otra injuria al prójimo; esas caras, valen tanto menos que nada. La sonrisa que existe y es real, es la que comulga con el corazón en entenderla par y compañera. En quererla para siempre a tu lado, y dar cada paso, por más arriesgado que sea, con la cautela necesaria para no soltarte de su mano. Existe un motivo real para mi sonrisa de hoy. Existe algo más grande que el vacío constante en el que nos sumergimos al deambular por la Ciudad sin verla pasar a tu lado.

viernes, 3 de diciembre de 2010

DXCII: Opuestos complementarios

Me debato eternamente entre el fundamentalismo de lo igualmente opuesto. No, no es un oxímoron barato ni tampoco un banal recurso lingüístico. Los extremos, cuanto más opuestos están, más se parecen. Son tan paladines de la justicia social, como asesinos indefendibles. El Vigilar y Castigar de Foucault y una reforma del Servicio Penitenciario Federal. La libertad absoluta y la regulación de las salidas transitorias. La convivencia social y la tangente escapista. El vasto orgullo vernáculo y la revolución latinoamericana, el internacionalismo anti-globalización. El zeppelin magno de los cielos, y el globo pinchado del cumpleaños pasado. Allá va el ego, yo mismo congratulándome y mis condolencias personalísimas. Me cansé de escribir; muchas ganas antes, nada ahora. Como de costumbre.

martes, 3 de noviembre de 2009

CCCLXV: Alone in the dark

¿Quién dice que es fácil? No sos vos, soy yo. Peretti, cada película en la que trabajás deja algo para este momento... Mis disculpas a toda esa vibra que pasa de largo y se repele al percatarse de mi negatividad. Mis disculpas más sinceras a la magia que hoy recibo más no disfruto como ella merece. Mi lástima para esa imagen que se refracta en el espejo, tan vacía, tan perdida y ausente. Mi furia para conmigo mismo, me regalo cada resentimiento y cada bronca que manifiesto directa o indirectamente. Me regalo puteadas, golpes, agitaciones de cabeza, nirvanas, vuelos, cielos y pesadillas. I won't be afraid of fear...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

CCCXXXIII: Dadá!

Quiero arte capaz de anestesiar el asco. ASCO. La pudredumbre oxidada, el ollín descansando sobre telas que huelen a flores negras, el pútrido revoltijo de estómago al mirar a la cara a la realidad. El desvarío de las luces rojas como jirones de existencia que inscriban, al menos, la ilusión de la no existencia. La vanguardia, el ruido. Dadá! Tzara y sus nihilistas arrancando del letargo sociedades hipócritas, al arte de lo establecido. Un vómito en la cara de Dios. Una cruz en su frente cansada. Un legado tan invisible como imborrable.

martes, 11 de agosto de 2009

CCCIV: Otredad insoslayable

Hoy quisiera no reconocer mi rostro frente a aquella ignota laguna azul. Enajenarme de mi propia existencia. Habitar donde hace siglos, la vida se extinguió. Hoy prefiero estar ausente; verme triste y diminuto, como esa terca hormiga que se empeña en transportar la pastura que le ha sido encomendada. En el sinfin de los ritos ahogados; las vidas perdidas. Filo tajante y sangriento, se desliza cruel sobre el semblante de los ángeles. Lo inmortaliza. Se hace cáliz el ardor de nuestra sangre. Una luz que se vislumbra como el fulgor de la mañana que se esconde tímida tras la ventana. La esperanza. Algún otro. El después.

lunes, 6 de julio de 2009

CCLXIX: El virus del dolor

¿Sabés? El dolor no siempre se hace palpable, evidente. El maldito suele esconderse entre sensaciones diversas, bien profundo, y carcome desde adentro las entrañas del amanecer que cada mañana intentamos vislumbrar. Aguardando pacientes pero expectantes el cese del fuego interno, socavamos acciones cotidianas de crecer y aterrizamos en el boicot inconsciente de incumplir nuestro sueño divino de aprender a volar. Palabras de aliento, palabras vacías y sin amor. Cascabeles que se alejan. Princesas encandilan húmedas pupilas con vestidos blancos de amargura, como nunca hubiese concebido. Sin Hallelujah que cantar, ni altares por soñar. Quizás también amores oxidados de incomprensión. Las gaviotas vuelan bajo una vez mas, con la fé escindida de su intrínseca pulsión de saberse vivas. Y entre tanto, la ciudad implosiona sus incesantes cataclismos sin protagonistas ni espectadores que lo perciban. Todos están demasiado ocupados viviendo sus ausentes vidas, como para darse cuenta que siquiera queda ya un polo que imante la brújula de sus destinos. Dejame al menos leerte entre líneas, eterno intruso, irreverente y vil, que jamás has de sembrar en mí la semilla de la esperanza o la valentía. Siquiera para golpearme la cabeza contra la vida una vez más. Dejame leerte, desnudándote de pecado ante mis ojos y enseñándome qué mastica mi hastío, cuando la eterna línea de instantes vividos parece converger con la pachamama. Pero la parábola asíntota de la inmortalidad, clama piedad y reza que esta vez, lejos de importar ya el cuento de vencedores y vencidos, reste al menos un alma que sea encargada de escribir la historia.

martes, 16 de junio de 2009

CCLX: Transferencia

Ojalá pudieras comprender mis lágrimas, mis dolores de estómago, mi impotencia no manifiesta. Te regalaría un segundo de mi sentir, para que supieras lo que es la ausencia, y lo cambiaría por un segundo de tu hoy, del quiebre y del adiós a esos viejos estigmas, que te marcaron fuerte y hoy se niegan a tu deseo de dejarlos ir. Le pediría a algún brujo que nos intercambiara sentimientos por cuestión de segundos, sólo para aprender a comprender -o mejor dicho, para aprehender a comprehender(nos)-. Y tal vez no seguir luchando contra molinos inertes, sino vivir la dicha de disfrutar de este camino tan hermoso y efímero, como merecen vivir todos los seres humanos en alguna de sus vidas. "En esta nos encontramos"...

domingo, 29 de marzo de 2009

CCXX- Hurtos 8: Francisco "Paco" Urondo

Con toda paciencia, la noche iba
tejiendo a su lado. Con todo
el amor, la noche crecía sobre su trama, sin
rencores. Éramos
así los dueños del fuego
del amor; los privilegiados,
los niños, los condenados a morir
con las espaldas 
descubiertas. Asesinos de la historia
que no llega a su debido
tiempo, que acarician
profetas y temblorosos. Dardos.
Espejos
Paco Urondo

Estaba en un estado
de ánimo sentimental; estuve
sonámbulo. Alcohólico, desierto,
fugitivo y 
tropecé con la cara de tu sonrisa
que ocultaba
la cara de tu rabioso dolor.
Addio (fragmento)
Paco Urondo

miércoles, 25 de marzo de 2009

CCXVIII

"Espero no tener nunca la vida hecha..." Una frase que fue regalo, hoy se luce y me ilumina desde la parte superior del monitor de mi máquina. Y la creo, y la vivo; pero a veces, si bien no quiero tener la vida hecha, me gustaría dejar de sentir el sabor a hospital en la laringe, la impotencia interminable de la insatisfacción, el apego inescindible a los amores. A veces quisiera dejar de sentir a la muerte hacerse carne en un cuerpo abandonado y erosionado por la tierra roja del despojo. A veces quisiera amar más la ciudad, contentarme con menos y disfrutar cada instante al cien por cien. A veces, lo logro; con ella lo logro. A veces la necesito más de la cuenta y otras, recuerdo aquella mariposa del tuyú, perdiéndose en el horizonte mientras mi mente se edificaba bajo el seudónimo de Juan Pablo Castel. De blanco a negro y visceversa, sin saltos ni sobresaltos. Ayudándonos es más fácil. Apoyándonos, es perfecto. Pero es el maldito equilibrio de un gris inerte, el que duele y sumerge en inmensos mares de incomprensión.

lunes, 23 de marzo de 2009

CCXVII

Este fin de semana la lluvia fue amenaza constante, desde el horizonte hasta los más diversos pronósticos meteorológicos. Sin embargo, las aceras porteñas no recibieron una sóla gota de agua para lavarse las penas. El sol del sábado al mediodía fue marco ideal para un asado entre desconocidos; las nubes vespertinas amenizaron mi lectura en la pileta. Ella se televizaba y yo bajaba corriendo, mojando todo rincón de mi casa con agua de pelopincho, caprichoso e insistente, asemejando una lluvia ausente. El domingo, la lluvia roja fue impetuosa, pero sólo bajando de un imponente escenario habitado por estrellas calvas, y precediendo una obertura sensorial para la más increíble relación padre, hijo. Aún así, y con el sol o las estrellas sobre mis pensamientos, todavía sigo esperando. Waiting fot the Sun.

jueves, 19 de marzo de 2009

CCXIII

Me siento inmerso en un océano turbio de olas incipientes y asesinas. Mi filosofía barata las enardece; el resplandor de una dulce aura, radicalizan su violencia. Pero el agua del mar sabe que es pura y clara, que tiene la sabiduría que ni los más grandes sabios pueden llegar a alcanzar, y aún así prolifera enfermedad. Yo sigo remando, todos seguimos remando. Siempre, contra viento y marea. No existen casos de guerras que se hayan expandido generando amor, más si inumerables ejemplos del caso inverso. Hacer el amor, el más pecado de los pecados, la peor degeneración de la libertad humana. Eso parece, pero no. El agua vuelve a ser agua, calma y reverberante. Con sus tormentosos naufragios, con sus pruebas del destino. Y cuando el uno se cansa de tanto remar contra la corriente, sabe que cuenta con el otro para no perder el rumbo hacia la libertad.

martes, 6 de enero de 2009

CXLII

"Tenía curiosidad por conocer aquella casa. Pero aquí no encuentro tejas. Ni pianito. Ni vals. Una gran pared gris y descascarada, una ventana con persiana baja, y un portón de vidrio y hierro. Sobre ella, en letras metálicas, un nombre: Lydia. Toco el timbre [...]."

Así relata Laura Giussani lo vivido por ella años atrás. Así podría relatar yo mismo, las irrepetibles percepciones que tuve en la tarde de hoy. Hoy los reyes no vinieron, hoy busqué a la reina (y la encontré). El caserón de la calle Conesa comenzó a desgarrarse de las frías hojas de un libro para comenzar a formar parte de mi vida, incluso en el momento en que leía su descripción. Hoy, definitivamente, es un jirón imborrable de mi historia.

Toco el timbre y, claramente, no es Lili quien abre la puerta. Es más bien un señor canoso, de mirada firme y temeraria, quien asoma su rostro por la ventana. Me acerco y tímidamente le hago un relato mínimo, de novela, y le confieso que estaba en busca del espíritu de Lili Massaferro. Carlos me invita a conocer a Liliana Belloni, segunda hija de Lili, hermana de "Manolín" (como el recuerdo lo evoca), masacrado por las "fuerzas del orden", allí por el año 1971 en el partido de Tigre. Liliana me pregunta desde la ventana si temo a los perros y, ante mi negativa, me invita a pasar. Las puertas de la calle Conesa se abrían para mi. El "Lydia" inscripto en el muro, quedaba fuera de mi campo visual, para adentrarme en la magia del mundo de Lili: en su familia.

Lo vivido dentro de esas paredes, quedó grabado a fuego en mi memoria. Lo inefable, son las puertas abiertas, los puentes tendidos. Tanto con Liliana como con Carlos, con Lili, Manolo, Pirí. Con Paco Urondo. Con Firmenich y el Che Guevara, con los Aymara o con el imperio incaico. El despertar del espíritu rebelde en las historias vividas y por vivir. En Cromañón y la militancia setentista. Todo se hizo uno en ese fantástico caserón, detenido en el tiempo. Porque allí hay más que muros, muebles y habitantes. Allí corren aires insurrectos e inconformistas, rebledes y vitales, solidarios y bien predispuestos, que rebalsan el ambiente con su áurea efervecencia, mágica y principesca. Pero fielmente, humilde.

Agradezco de corazón a Liliana Belloni y a Carlos Ballivián por la confianza y la gentileza con la que me regalaron una tarde irrepetible. Gracias también a Rosario Espina por haberme introducido hace un tiempo en el mundo de Lili, con la simpleza y el oportunismo de saber cuándo y qué libro prestar, a quien había perdido la sed literaria.

Una tarde muy mía, que es suya.
Un momento muy nuestro, que es de un pueblo.
Un pueblo que es Lili, o debería serlo.

martes, 9 de diciembre de 2008

CXV


No quiero escribir. No quiero leer lo que escribo ni pensar en eufemismos pelotudos para decir lo que tenga que decir, que honestamente, es bien poco. Me encanta, pongo Floyd y todo se vuelve tan liviano... flota. Incluso mi estabilidad sensorial y mental. Los colores se mezclan y escribo con los ojos cerrados en la nube de magia que es el segundo solo de Gilmour de Comfortably Numb. Espero estar pegándole a la tecla correcta porque sino todo sería un desastre y ustedes no entenderían nada. ¿Importa? Si de todas maneras quizás no entienden nada, igual que yo, igual que todos... Los ojos blancos, la euforia pasada, el éxtasis de aterrizarse en un vuelo. Los gusanos... ¡¡LOS GUSANOS!! Váyanse, vuelvan, salgan, entren, ¡Hijos de puta! ¡Los amo! Llega el final y me cago en las circunstancias. Acá soy Dios, yo mando. Un botón y empezás de vuelta, donde yo quiero, como yo quiero. Si, no quiero escribir... Hoy no.

viernes, 31 de octubre de 2008

LXXX

En su cómodo e imperturbable andar (con la ataraxia de una suave hojita ingenua), sólo alzó la mirada al ver un trozo de bosta meticulosamente moldeado. Sacó las llaves y volvió a maldecir mirando al cielo, ésta vez por la constante y existencial abulia que prevalece en los vecinos de Santa Rita. Al menos, en la simpleza de salir a la calle con una mera bolsa de supermercado para recoger necesiades ajenas, en este caso, las de sus mascotas. Cuidado, no crean que con una bolsa no puede ir uno recogiendo los sueños o las carencias de nuestros hermanos. ¡Claro que podemos! E incluso, existen casillas de cambio donde se compran esas bolsas, en trueque por viejos sueños ya marchitos por la cruel e incesante absorción de un Roca de inexpugnable validez, más allá de lo contradictorio que ésto resulte. Amaro sabía de eso, pero siempre se mantvo al márgen. Casi diría, rozando los ojales de un papel más puro que la cotidianeidad del aire. Enardecido como de costumbre, llegó a su casa sin saber que en la pantalla de su laptop lo esperaba una vasta amalgama de concepciones espirituales y metafísicas, dispuestas a no darle tregua a su angustia existencial, propia de los habitantes psíquicos del Dasein.

sábado, 25 de octubre de 2008

LXXV

Los fines de semana tienen la magia especial de la inutilidad. Uno es so useless, que puede perfectamente sentarse a mirar crecer las plantas durante todo el Sábado, y no sentir al segundero martillando sobre su cerebro. Sin embargo, muchos prefieren martirizar su paz interna convirtiéndose así en victimarios de un desasociego cruel. Creo que muchas veces nos gusta tener a mano un buen detonador de sueños. Infinitas otras, exhibimos al mundo nuestra devoción por el rock'n roll en lo más amplio de su expresión. Así y todo, aún yendo hacia ninguna parte, debemos mantener el camino. Seguramente, esto se deba a lo fervientemente gallego, terco y caprichoso que le toca a mi apellido, pero creo que cada cual tiene su ruta. Y qué mejor que el hecho de saber que cada uno de ustedes, junto a mi mismo, hayamos encontrado nuestro único, intransferible e insensato camino. Ya lo dijo León: Busquense, se encontrarán. O algo así.

jueves, 23 de octubre de 2008

LXXIII

A veces, tanto lo ardiente de los rayos del sol, como lo claro de un cielo celeste y despejado, pueden inducir equívocamente a nuestro olfato, a la percepción de un aroma más que familiar en ese mes de 90 o 91 días que es el verano. Y desde hace unos días, siempre que las condiciones sean propicias, siento el dulce, denso y grasoso aroma a protector solar, esté donde esté. En la plaza o en la oficina, solo o acompañado, caminando por Corrientes rumbo a la 9 de Julio, o por la 12 de Abril en dirección al Río Uruguay. Y la inconstancia de las sensaciones que ésto genera en mi interior, es difícil de explicar. A veces es nostalgia por los veranos compartidos que viví estos últimos años, y otras es felicidad, soltura y desapego, que regala el caliente aire veraniego. Imagino las sombrillas y la playa, los amigos y las montañas, distintos paisajes que representan paralelamente, distintos pasajes de mi vida. En fin, ese bendito protector solar que tanto siento en cada rincón, es motivador de una demente y prolongada alucinación, desde lo más abyecto, hasta lo más hermoso y pintoresco de mi pasado, presente y futuro. Let it be.