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jueves, 20 de junio de 2013

¿Qué te gustaría ser si no fueras lo que sos?

¿Qué te gustaría ser si no fueras lo que sos? A mí algo como el viento. Que sopla y se inmiscuye en rendijas donde nadie lo invita, ni lo espera. El mismo que aviva un fuego o que da vueltas un paraguas en plena tormenta. Uno que nace del aire, obedeciendo patrones climáticos y flujos de temperatura. El que sopla incesante y acaricia las copas de los árboles, en París y en Buenos Aires. Hoy, soy viento. Por propuesta de César Bruto y de Julio, el exquisito.



jueves, 23 de mayo de 2013

Por qué hoy


Veinticuatro horas, y cuatro años, pasaron del momento que disparó el ahogo en llanto más profundo de mi vida. Cuatro años después, no la lloré. Tampoco elegí recordarla en público, sino centrarme en mí después de este largo tiempo. Mirar adentro, mover piezas, ver si seguían vivas.

A lo largo de esta eternidad, desde el último beso inútil y el instante en que le juré una fidelidad real, distinta, me ocupé de cambiar el afuera. Trabajé dedicando tiempo, degradando prioridades y suprimiendo sentimientos, para que nunca más, nadie, tuviera que pasar por lo que pasamos su familia, amigos, tantos otros y yo. Y ese tiempo, esas prioridades y, fundamentalmente, esa supresión sentimental, terminó por enquistarme en un cajón que saludé y enterré, pero me enterró con él.

Decidí escribirle hoy, porque los encargados de poner fechas somos Dios y nosotros mismos. No el mal encarnado en un ser humano despreciable. Decidí que el 22 no la recordaría, no como siempre, con tristeza y sumisión, sino con un esfuerzo voluntario por vivir más plenamente lo que a mí no me arrancaron del cuerpo. Porque su vida sigue presente en cada canción, en cada arcoíris.

Me entrego a su recuerdo el día en el que aquel pobre tipo no puede siquiera influirnos. Porque tu espíritu y el nuestro es superador al de la muerte. Porque todos, los dolientes y los que, por una extraña fortuna, ya no lo son, pululamos por el universo intentando dejar lo mejor de nosotros. Si no lo dejamos, faltamos un poco el respeto a esa excelsa oportunidad que nos ha tocado en suerte: la de vivir, con alegrías y tristezas, miedos y entusiasmos, locura y libertad.

Por eso te recuerdo hoy. Porque nadie me impuso recordarte en una magra efeméride. Porque me cago en la verdadera muerte que vive en su cuerpo vacío de nada, contando minutos en Marcos Paz. Esa es la muerte. Una que estoy empezando, tanto tiempo después, a dejar atrás. Una que me acompañó desde chiquito, que revivió furiosa una noche de diciembre y terminó por hacerme su esclavo desde que te fuiste.

Como ayer comencé a develar, suele ser el esclavo quien domina al tirano; es él quien le su entidad. Y es de ese sueño blindado de donde, tanto tiempo después, siento que estoy comenzando a despertar. Para volver a la comunión con vos, con ella, con él, con todo.

Hoy me permito escribirnos.
Hoy me permito llorarnos.
No ayer. Hoy. 



lunes, 4 de junio de 2012

Hacerle el juego a la derecha -o viceversa-

Tengo un problema: unos me tildan de "peroncho", otros me tratan de gorila. Entre los seres más cercanos y queridos, se diferencian algunos que me creen indefinido, los que eligen el más elegante "ecléctico" y hasta los que se animan a un incomprobable "equilibrado"; pero generalmente soy un polo u otro. 

No me queda claro si celebrar el pago de la deuda, los juicios por los crímenes estatales de los setenta, la AUH, como medida cortoplacista pero necesaria, la Ley de Matrimonio Igualitario, Muerte Digna, Identidad de Género, Ley de Medios, Ley de Salud Mental, estatización del sistema previsional, o el tenue avance hacia el control de nuestros recursos naturales; entre tantas otras cosas que me olvido, me hace un acérrimo K; ni si mis fuertes críticas a la falta de política energética y su consecuente salto del superávit al déficit energético que nos obliga a pagar millones en importación de combustible, el modelo extractivista -y cada vez más expansionista- minero y sojero, la falta de políticas de inclusión hacia los pueblos originarios, las trabas al comercio multilateral en el marco del Mercosur -que lo debilita estúpidamente-, la maquinaria propagandística silenciadora de toda verdad alternativa al "relato" oficial, la falta de explicaciones sobre cuestiones clave del desarrollo nacional, y la falta de planificación al respecto de YPF y de los modos empleados para tomar una medida populista que busca cambiar de socio para enfrentar un negocio multimillonario, más que asociar a los argentinos en la preservación de nuestros recursos; entre varias otras más, me convierten en un gorila.

El párrafo anterior quiso ser eterno y ambiguo, para evidenciar gráficamente -y como muestra gratis- lo extenso que puede haber tanto de un lado como del otro de la mesa. No cuenta qué tan largo tengamos el pergamino; eso no compra la verdad. Tampoco lo compra el 54% de los votos en una elección presidencial, aunque algunos lo crean; ni la mayoría parlamentaria que vota con ojos tapados lo que el aparato ordena desde arriba. No. No puede pretenderse estar en dominio de la verdad absoluta, pero menos aún hostigar, silenciar, BORRAR -con mayúsculas de catástrofe- a quien piense diferente, aún cuando esté equivocado.

El desparpajo con el que "la Presidente de los 40 millones de argentinos y argentinas" se olvidó de uno de ellos, el fundador del diario cuyas bodas de plata estaba celebrando, me resulta grotesco. Aplaudo -y apoyo- a Jorge Lanata y su "Carta Abierta" al respecto, pero no quiero quedarme acá -mejor lo hizo ya Martín Caparrós. (No, tampoco quiero dejar el tema sin mencionar y condenar la agresión a un periodista del programa 678, en uno de los cacerolazos de la última semana: la prensa es la garantía de libertad en las democracias modernas.)

Quiero citarles un fragmento de "Cartas a un joven disidente" (2003), un libro de Christopher Hitchens, escritor y periodista británico al respecto de estos procedimientos maniqueos en la construcción de una sociedad. Él va a contarles mejor de qué viene la mano cuando creemos que el mundo es blanco o negro, así como a sacarme algunas dudas al respecto de la casi insoslayable "toma de posición".



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Guardo conmigo dos textos favoritos para exorcizar esta clase de tentación. Uno es un ensayo escrito por George Orwell en noviembre de 1945 y titulado "A través de un cristal rosa". Lo escribió en la época en que el Ejército Rojo acababa de "liberar" a gran parte de la Europa ocupada por los nazis, y en que estaba mal vista cualquier crítica a los libertadores. Con todo, el corresponsal de Viena del Tribune, el semanario socialista para el que Orwell trabajaba, juzgó dignos de mención las violaciones y los pillajes cometidos en la ciudad por las fuerzas soviéticas:


   El reciente artículo del corresponsal en Viena del Tribune ha provocado una avalancha de cartas furiosas en las que, además de llamarle estúpido y mentiroso, y de formular contra él acusaciones de las que podríamos llamar rutinarias, figuraba asimismo la insinuación muy grave de que debería haber guardado silencio aun en el caso de que estuviese contando la verdad.
   Cuando A y B son adversarios, a quien ataque o critique a A se le acusa de ayudar y respaldar a B. Y a menudo es cierto, en un análisis objetivo y a corto plazo, que está facilitando las cosas a B. Por consiguiente, los que apoyan a A dicen: cierra la boca y no critiques o, por lo menos, hazlo "constructivamente", lo que en la práctica siempre significa favorablemente. Y de aquí no hay más que un paso al argumento de que la supresión y la distorsión de hechos conocidos es el principal deber de un periodista.
   Poniendo un excelente ejemplo de este proceso en acción, Orwell citaba la inteligencia de la propaganda nazi en la guerra que acababa de terminar:
   Entre otras obras, emitieron Pasaje a la India, de E. M. Forster. Y, que yo sepa, ni siquiera tuvieron que recurrir a una cita fraudulenta. Precisamente porque el libro era, en esencia, veraz, podían utilizarlo para los propósitos de la propaganda fascista. Según Blake, "Una verdad, con mala intención enunciada, / es mucho peor que cualquier mentira inventada", y quienquiera que haya visto que sus propias declaraciones vuelven a él, propagadas por la radio del Eje, comprobará la fuerza que tiene esto. En efecto, quien haya escrito algo en defensa de causas impopulares o haya sido testigo de sucesos que es probable que suciten controversia, conoce la temible tentación de desfigurar o eliminar los hechos, sencillamente porque cualquier declaración veraz contendrá revelaciones de las que pueden servirse oponentes sin escrúpulos. Pero lo que debemos considerar son los efectos a largo plazo.

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Dónde están los superhéroes?

Catárquico lo que viene. Breve pero catárquico. Se halla acá por la necesidad de más de 140 caracteres, aunque tampoco tantos. Al mundo le hacen falta más superhéroes. Héroes de esos que en realidad no existen, de esos que son símbolos y por simbólicos, ideales e imperecederos. Los villanos siempre estuvieron unificados, siempre hubo Liga de las Sombras, siempre partidas de póker entre el Joker y la mujer gato. Vivimos tiempos de resistencias nacientes del poder colectivo; desarticuladas, pero efervescentes y corajudas. Sin embargo, siento la necesidad de un superhéroe menos humano -aunque humano- que inspire desde lo etéreo las acciones concretas de los hombres como nosotros. Construyamos un símbolo, de eso se trata la historia. Un símbolo que encarne en su máscara el ideal de todo un pueblo o una generación. Un símbolo que sea fácilmente identificable, memorable y, al mismo tiempo, temible. Uno que cuando parezca que roza lo ridículo, da su golpe de gracia y se retire nuevamente hacia las sombras. Un superhéroe de la Justicia y la Verdad. Uno nacido del Amor y no de la Venganza. El enmascarado que llegue por fin a plantar los cimientos del ideal bastardeado de "Salvar al Planeta".




sábado, 28 de enero de 2012

Realidad Famatina



Cansado, desde el suelo mismo del parque de Chilecito, con el Cristo vigilante y misericordioso a mi espalda, veo niñas en pelotero y camas elásticas, dando saltos que llegan al cielo. Son casi las dos de la mañana y la vida en el pueblo rebalsa por cada esquina. Los vehículos desfilan a paso de hombre, con música –y otros ruidos– al taco y, cada tanto, el infaltable neón azul. Un motoquero pasa despacio con una remera negra manchada de una gota amarilla. En su cuerpo reza “El agua vale más que el oro”. 

Me encanta. No me sorprende, pero me encanta. “La marca te marca”, me repitió Mario una y otra vez en sus fantásticos monólogos psico-publicitarios, y está claro que el pueblo de Chilecito –y el de Famatina– está marcado por la lucha contra el saqueo y la vulneración de su capacidad y derecho de autodeterminación.

Volver de Alto Carrizal es una vida de despojo. Un instante, claro, pero el abandono es tan grande como la solidaridad y el compromiso fueron bajo las carpas. El aire huele a lucha, los mates tienen el sabor al agua pura y al compañerismo, el barro en los pies –el barrio de pie– por baldear la tierra, hace y constituye al hombre nuevo desde sus cimientos.

Imposible en esta hoja hablar de todos; del filósofo de Pergamino, del coraje y la madurez individual y política de Willy que inspira y hechiza, del chino y sus carcajadas, del liderazgo visible o invisible del Chelo, de la juventud inquisidora que emana la sonrisa de Mara; la Fé de todos. El “Fuerte Apache”, donde refugiar a los niños en caso de represión, la alerta constante, las listas de ingresos y egresos. El pueblo tiene una sucursal, un punto en común donde confluir y defenderse. Un lugar donde están alegre y firmemente instalados.

Imposible describir el espíritu que baja del Famatina con la luz de la luna y la intensidad de las estrellas, en un cielo más negro que nada. José, agradecidísimo por el jaguar que paró a Ledesma en su pueblo. Orlando y su metabolismo de setenta que, en realidad, es eterno, joven e iluso.

Foto: Guadalupe Lombardo | Página|12
Y lo más puro, lo más real: nadie te niega nada. Todos entregan su alma y su confianza, a pesar de lo padecido. Guitarra y charango toca folklore mientras la flauta dulce quiere adivinar una canción de escuela –creo que es la única canción que se inventó para flauta dulce–. Nena de siete improvisa letras y su anárquico grito pide libertad para viajar con su guitarra; le exige, le reclama: a mamá.

La política está en todas partes. La gente en Alto Carrizal la construye desde los hechos, demuestra que la resistencia tiene sentido y que su convicción, pacífica y profunda, puede más que cualquier minera o cualquier lingote. Más que cualquier estratégico y traidor giro de la política de turno que se aprovecha de la fuerza del pueblo para basar sus negocios personales.

Vuelvo en camioneta destartalada que llevó el lechón para la cena y volvía sin chistar ni masticar. Mary y su marido relatan un derrotero que va del corte hasta Chilecito, pero tarda unas cuantas décadas. Décadas que me recordarán por siempre la "ele" estirada en cada "claro" de Mary; con un dejo de parsimonia y aprobación maternal. Llegamos y nos miramos; nos fundimos, cómplices. Un abrazo nos despide, un hasta pronto precede a un gracias por venir; la camioneta arranca rumiante y el hermoso matrimonio sigue al hogar que trabajan día a día, sin sueldos ni dádivas que los mantenga. 

Pido un sillón. Recepcionista hace un mes, el “jefe” le sabrá decir. Que no, claro. Y él, Oscar, se cansa de pedir disculpas. Me ofrece jugo frío y lo rechazo, lo abrazo y me voy. El Cristo aún vigila. Yo entiendo algo más. Esta pelea ya está ganada. Esta cruzada ya es victoria desde que el famatinense es famatinense y el chileciteño, lo propio. Hay algo que está claro desde el principio, y seguirá intransigente e inquebrantable le pese a quien le pese. Hay un grito que ya es Pueblo, y no se negocia: el Famatina no se toca.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Las otras navidades


Si el infierno tiene sucursales, está claro que el Alto Palermo un 23 de diciembre, último día hábil pre-navideño y en el preludio de la “Noche de los Shoppings”, es la más concurrida y fiel a lo que éste será por ahí abajo.

Como en un clericó preparado para acompañar el pan dulce y los mantecoles, gente de todas edades, estratos, colores y presupuestos, compraban a último momento, faltos de previsión o de tiempo, algo para sus seres queridos que ni se imaginan la locura a la que han sometido a los suyos.

Esos seres rojitos, medio enanos pero crecidos por magia del shopping, que interpretaban loas navideñas, villancicos y otras canciones, cada tanto metían un vuvucelazo ensordecedor y gritaban por un megáfono que comenzaba el 30% de descuento en Rapsodia. Se desataba la locura. Me sentía en “Mi pobre angelito”, no sé por qué, pero algo me llevó a sentir extra o protagonista de una película hollywoodense. “¡Tres, dos, uno… Nos vamos de Rapsodia!”, y seguían “¡Ahora el 25% en Etiqueta Negra! Vengan los hombres; vamos que hay 25% de descuento para todos ahora en Etiqueta…”. Pánico y locura en Palermo.

Todo giraba, ya de Hollywood pasaba a estar inmerso en una de Kubrick, los sonidos me aturdían, las luces me encandilaban, la gente me enervaba. Es sorprendente lo que la imitación de costumbres anglosajonas, las peores, pueden traernos a estas tierras; pero ojo, todo endosado por el Gobierno Nacional y sus feriados del consumo eterno. “Para consumir hay que tener tiempo”, me susurran al oído, y claro que es así. Nada de viajes, nada de días libres, nada de terminar el libro que habíamos comenzado y el trajín de la rutina no nos dejaba terminar; no no, es fe-ria-do, ¡a com-prar!

Ese tipo de gente, la gente de shopping, es extrañísima. Me recordó un poco a Londres y otro poco al Mercado Central. Somos una mezcla divina de torpe estilo exhibicionista con berretada de Narciso. Gente que parecía recién bajada del escenario, otros a punto de subir, muchos que tendrían –seguro– sus asistentes de vestuario, sus personal-trainers, sus vidas tan imperfectas como todas, aunque mucho más lindas; y hasta algún que otro empleado más para mantener toda la vidriera a tono. Entre este menjunje amorfo no puedo identificar figura alguna que se destaque, no tengo historia que contarles, más que mi generalista impresión de la masa idiotizada y lista para el show en la vidriera al estima del prójimo, tan objeto-comprador como objeto-comprado.

Salgo, media cuadra hasta la esquina y miro. Empiezan a aparecer otras navidades.

Junto al cesto de basura de Coronel Díaz y Santa Fe, un hombre vestido sólo con una bolsa de residuos negra, a modo de túnica real, barba larga y prolijo cabello negro, saca un vaso con restos de Coca-Cola, huele y mezcla con el resto de café Starbucks que tenía en la otra mano y que habría encontrado hace instantes en algún cesto anterior.

Para algunos, "Papá Noel" se fue de vacaciones
Se ve espléndido; como muchos de ustedes, culpables como yo, se verán esta noche al lado del árbol y sus regalos, del pesebre y el nacimiento de la esperanza. Ingiere ese cóctel letal, suicida, y sonríe como si hubiese encontrado la fórmula perfecta entre el Latte y la Coca. Se siente observado, camina entre la gente y viene atrás mío. Repite la búsqueda pero esta vez no encuentra nada. Sigue su marcha. Creo que él no era el hijo de Dios, no me tomé el tiempo para preguntarle.

En la otra cuadra, una pequeña librería me llama la atención. Entro. “Montoneros: la soberbia armada” me pega un grito y me dice que es un gran regalo de navidad para mí mismo. Pienso dos veces cuánto me va a costar conocer la versión de Giussani –Pablo; al respecto, ¿alguien sabe si es el padre de Laura, o algún familiar?– al respecto de un pasado tan vigente como pocos, aunque es tan sólo una trampa de la razón para demorar algo que indefectiblemente iba a ocurrir.

Mientras espero que otros hombres compren sus libros, veo paradito, ahí como si nadie lo notara, perdido entre las montañas de otras historias, el libro de Jon Krakauer que siempre había querido conseguir: “Hacia rutas salvajes”. Sí, dos meses de la vida de Chris McCandless hechos papel, minuciosa investigación periodística convertida en novela y absolutamente apasionada sobre un destino tan mortal como el resto, pero con una búsqueda que lo hace único. Lo agarro, pregunto el precio de ambos –¿por qué?– y los llevo. El hombre de al lado apenas susurra “qué buen libro”, cuando la novela de Krakauer se le asoma, y me da otro vendaval de aire fresco, otra Sudestada lejos ya del Katrina yankee de hace dos cuadras. 

La empleada le pregunta: “¿Usted es Mauro Fernández?”, a lo que interrumpo y doy la negativa, afirmando que ése soy yo. Dos segundos después, pensé en las trampas del destino y en mi inequívoca respuesta, como si Fernández fuese un apellido poco común y Mauro “mí” nombre y de nadie más. Le comento esto a mi compañero de fila, ríe, asiente, y emula un encuentro de tocayos absolutos. Le dan los libros al Mauro Fernández que no soy yo –ni él–, y al mismo tiempo que da la media vuelta de regreso a Santa Fe, me dice: “Chau, Mauro. Feliz Navidad”. Feliz del encuentro, compro uno más, ahora de Walsh, “El violento oficio de escribir”, esta vez para regalar, y dejo ese salón de bellos encuentros en la memoria.

Ya en la calle, y ya entrada la noche, me encuentro cada tanto con aquel yo que no soy yo y nos ignoramos, como por regla matemática, sabiendo que todo estaba ya dicho; cualquier otra palabra arruinaría la nada que habíamos construído. 

Me siento en la puerta de otra librería, en la cuadra siguiente –a tres de la mejor sucursal del averno que ya para estos tiempos habría recibido centenares de nuevos fieles–, y empiezo a leer la historia tantas veces vista de McCandless –ese nombre que me remite siempre a vela apagada, a luz extinta, a Candle-less–.

Apenas en la página 16, un muchacho interrumpe mi lectura y me saluda, pidiendo perdón por lo primero. “¿Qué estás leyendo?”, pregunta mientras se pone en cuclillas al lado mío. Cierro el libro y le muestro la tapa, mudo y expectante, con cierto desdén aburguesado a la espera del pedido de plata, un pucho, o la oferta de vender algún ácido extraño. Nada de eso ocurrirá.

El muchacho, un pibe como vos o como yo, luego de buscar un rato en su bolso, saca una hoja de papel escrita y pregunta si puede regalarme una historia. “Sí, claro”, le digo ya con los ojos iluminados y declarándome culpable por las nubes sobre mis sentimientos. “Bueno, muchas gracias, ¿fuego no tenés, no?”, pregunta. “No, no fumo, disculpá”, respondo, y me extiende la mano para saludarme. Le agradezco nuevamente, y le pregunto su nombre. “Alejandro”, sin precisar nada y vuelve a intentar perderse entre la multitud. Lo interrumpo: “¿No tenés algún lugar donde pueda encontrar más escritos tuyos, o algo? Algo en internet, no sé…”. Alejandro responde, tan preciso como la muerte: “No, por ahora nada, pero capaz algún día me haga un Facebook o algo; Alejandro Benítez es mi nombre, por si algún día me lo hago”, con el mismo vicio que yo de pensar que sólo hay un Alejandro Benítez sobre la faz de la tierra o del Facebook, que a esta altura, ya casi es lo mismo.

Así Alejandro se perdía y me dejaba ahí con su historia llena de amor, de abrazos, de ganas de encontrar, de lástima de no saber, y de robarle una sonrisa al destinatario de sus palabras, bajo el título a modo de carta, “cómo escribirle al vino”. Un enigmático número ocho se imprime en los márgenes izquierdos, superior e inferior. Un disparo al corazón que estalla dentro mío como bomba de racimo, pero con plumas y cantares, con otros aires, con buenos aires y tantos otros no-lugares. Me dejó maravillado y tuve que dejar ahí las páginas de Krakauer que retomaría recién hoy, para seguir sorprendiéndome con lo que Sean Penn no contó en su película.

Volví en el 39, pensando absorto en todas las navidades que andan por ahí vagando sin que uno se dé cuenta. Ví una de estrés pre-traumático a los gritos y corridas en el shopping que fue calvario, una de soledades y bebidas que ni asoman a la sidra Real que muchos hoy despreciaremos, una de encuentros, sonrisas y tocayeces, y una más del regalo más lindo que tiene la navidad: lo inesperado, el tiempo y la tinta, el animarse, el “disculpá que te interrumpa”, y la incógnita de un Benítez que ni aunque se haga el Facebook volveré a encontrar. Y mientras escribía estas reflexiones, me encuentro con una más; con una compañera de La Rioja, integrante “líder” de las listas negras de las mineras más poderosas que operan en el país –literalmente, aunque resulte increíble–, que actualizaba su estado de Facebook con las siguientes palabras:

“Estaba pensando que las Fiestas se convierten en momentos de estrés cuando el centro de atención lo depositamos en la comida, los regalos, o en tener que compartir con gente con la que no tenemos ganas de hacerlo. Sería bueno disfrutarlas haciendo lo que nos gusta y no lo que nos imponen por costumbre!! Declararse vivo, tiene que ver con sacarnos las máscaras y ser auténticos aunque a los demás no les guste!!! Salud para todos y atrevámonos a buscar día a día la felicidad!!!!!! La VIDA espera por nosotros!!!”

Te tomo prestada las palabras, Carina, y me voy a vivir mi navidad, a conciencia de todas esas otras, mucho más lindas, mucho más frías, mucho más hipócritas, mucho más reales, o mucho más lo que sea. Sean felices, y si el pie del árbol no les tiene preparada ninguna sorpresa, reciban un abrazo cálido desde este punto del mundo que, por insignificante e increíble que parezca, ustedes ya me lo han dado por el simple hecho de existir.

sábado, 8 de octubre de 2011

Los Arrepentidos


Son represores, monopólicos jerarcas, liberales empedernidos, trabas en el camino hacia la libertad. Son la voz que defiende la voz, la mano que calla las voces. Son la escuela que educa a los pocos, el exilio de la vergüenza; hasta las andanzas de un Ford en la noche verde. También son los enfermeros del Borda que dopan pacientes hasta el silencio, abriéndole las puertas a un oscuro tráfico de órganos. Son los corruptos. Los vendepatria.

Formato: alienar a la izquierda
Todos son la patraña y el embuste. Nos tomaron por idiotas largos años; décadas. Fueron perseguidos por sus verdaderos defendidos, por el simple acto de una demagoga empatía del hombre débil de antaño. Humo puro, nos vendieron. Nos vendieron.

Ahora muestran la hilacha, ratas de callejón; impuestos-supuestos exmilitantes de un ideal etéreo que no perteneció jamás al arcón de sus valores ni utopías. La república engañada hoy los sentencia a la peor condena: la dilapidación pública, el descuartizamiento y la pudrición de la carne vieja del escarmiento.

¿Nos creyeron idiotas? Nosotros, los verdaderos creyentes y defensores de la lealtad y la justicia soberana, de una Patria emancipada de todo asomo imperial, de la igualdad entre los trabajadores –desde Puerto Madero al Impenetrable chaqueño; desde el manjar de la Quinta de Olivos hasta el hambre en la selva misionera-, los que día a día dedicamos nuestra vida y nuestros millones para hacer de este lugar un poco más igual y justo, los condenamos.

Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina… no queremos su exilio, queremos su obediencia debida. Reunidos en Congreso General Constituyente… dilapidamos al destituyente y su móvil amoral de avanzar empedernido contra los intereses del pueblo, todo. Por voluntad y elección de las provincias que lo componen… decimos: ¡basta! Que los recursos son nuestros, las ganancias lo son más, y el país federativo se puede ir a la puta madre que lo parió. Reveamos el Pacto Constituyente si tanto van a joder.

Formato: alinear a la derecha
Fueron letrados, hoy son letrinas. Fueron las voces, hoy son las heces. Son Bonasso, Solanas, Lanata y tantos otros. ¿Qué Barrick, Atucha, Spolsky, Gvirtz, Fútbol para Todos, ni Bosques para todos? ¿Cómo piensan llegar al futuro; viviendo como en la época de las cavernas? ¿No vengando retributivamente la voz del monopolio? Falta condenar a ese hijo de puta que fue el marica y “proyecto de poeta” de Urondo, la malcogida –y bienengañada- de Lili Massaferro, la Arrostito que ya la pagó caro, y hasta ese tal Guevara, que por anhelo imperial e internacionalista, olvidó y jamás trabajó por los intereses urgentes y reales de esta Gran Nación Argentina, que crece con La Fuerza del pueblo –y las inversiones canadienses, mexicanas y chinas, claro.

Todos ellos, sean sometidos a la peor condena. Por apátridas, por hipócritas y haber sido siempre funcionales al capital extranjero.

La libertad es mierda, si no acompaña los intereses populares. ¿Cómo se atreven a impedir el avance indiscutido de una Patria que por sí sola todo lo vale; que su mayoritaria representación todo lo domina, lo entiende y lo juzga? El número da el poder, y el número está de nuestro lado.

¡La Patria somos nosotros, carajo!



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NdeR: soy un eterno crítico de lo que considero incorrecto. Mi deber moral me obliga a hacerlo. ¿Si es esta una nota "destituyente" al estilo de los mencionados? Para nada. Es sólo mi "ladrillo en la pared", para intentar hacer visible la maquinaria de la razón impuesta verticalmente y sin motivo más que el maniqueo de la polarización y la obtención de la plusvalía del poder. El peligro de esa práctica, cuando hablamos de política, es alto y nos compete a todos.

lunes, 3 de octubre de 2011

La razon me tiene -y viceversas menos loables-


Lo entendí. O al menos empecé a sentir cómo el corazón pierde su batalla por voluntad meramente propia. Vi cómo los anhelos de un “hombre nuevo” o un “mundo distinto”, fueron invenciones minuciosamiente trabajadas y diagramadas en los confines del pensamiento; en su ultratumba. La injusticia es tal porque hay conciencia, y la noción de retribución equitativa es en cuantía una pasión pensamentista. La represión de los impulsos en nombre de un sentimiento que subyace al mismo deseo, no sólo es retorcidamente cerebral, sino también hipócrita e injusto para con los verdaderos sentimientos (los que se sienten, aquí y ahora).

La bondad, la justicia, la fidelidad, la igualdad, la verdad y hasta la conciencia de duda; son los hijos directos y aún umbilicales de la neurona gobernadora del Reino del Hombre. Claro que sentimos hondo, que duele en las entrañas y que nos pueden hasta brotar lágrimas suicidas al presenciar una injusticia en cualquier parte del mundo; pero el móvil, la génesis de esa angustia, de ese dolor, no es otro que la razón constante.


Me asumo un asqueroso racional, un torturador de sentimientos, el genocida de mil deseos expresados y hechos realidad. Vivo apasionadamente los pocos sobrevivientes, los trato con vehemencia juvenil, los rescato del fuego extinto. Esos me mantienen vivo. No tengo razón. La razón me tiene.

¿Pero el sentido de mi existencia? ¿Lo que me mueve de indignación para encontrar algún nuevo sentimiento por ser salvado? Mi razón negándose a aceptar lo inaceptable; mi conciencia que no duerme tranquila si antes de hacerlo no movió al cuerpo idiota que tiene puesto a hacer algún movimiento tectónico que transforme el mundo como lo ve. Me caga y me salva la vida. Es extremo. Tiene fines loables. Tiene medios conchudos, o, al menos, discutibles. Es el disparo que abre el portal al mañana. Es el amor.

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01/10/11
Edimburgo, Escocia
(noche, llueve)


y agregados...



domingo, 31 de julio de 2011

DCXXXV | La Fiesta de la Democracia (3)

El déficit democrático y la importancia de la participación*

Hace unos días comencé a leer el libro Boiling Point –Punto de Ebullición–, de Kumi Naidoo, en el cual el autor hace hincapié en lo que llama "déficit democrático". Relata cómo este déficit abre las puertas a la participación ciudadana, la hace indispensable y alienta indirectamente a que seamos mejores en el ejercicio de una democracia real. Explica el debilitamiento de las instituciones a nivel global para revelar la falta de confianza en la democracia. Exactamente eso es lo que llevo a una menor escala, una local aunque en un contexto global.

Estamos ante un ballotage que definirá los próximos cuatro años de la Ciudad de Buenos Aires, el hogar de muchos de los que hoy están leyendo este artículo. Es inminente la posibilidad de trazar un cierto destino, o al menos de creer en la ruta elegida que nos sirva de puente hacia el futuro que merecemos.

Los aliento con toda mi pasión a que voten a quien quieran, pero siempre que crean en la democracia real, no en la utópica. Voten, si una vez que salgan del cuarto oscuro se comprometerán con el fortalecimiento de la plataforma democrática en todas sus aristas, y no sólo en una mera boleta ‘testimonial’. Construyan la sociedad que todos queremos más allá de la urna, voten a quien voten –voten o no voten–; nadie les impedirá ese derecho, que es lo mejor que tiene vivir en democracia, sea cual fuere. Los “indignados” de España acampan en la Plaza del Sol porque “todo da igual”, PP y PSOE son dos caras de una misma moneda de corrupción, negocios inmobiliarios y encubrimientos del poder económico global. Indignémonos nosotros también, de una vez por todas; acariciemos el hartazgo, pero actuemos con apremio y con pasión.



“Hablar del futuro sólo sirve si nos lleva a la acción hoy”, leí en el libro al que hice referencia más arriba. Independientemente de a quién voten el próximo 31, trabajemos a partir de ahora para recuperar la confianza en las instituciones que tanto nos han desilusionado con el paso del tiempo y la experiencia. Construyamos un país –y una Ciudad– en el cual “democracia”, signifique algo más que sufragio universal y obligatorio, y evoque más bien un plano de discusión, construcción y decisión popular; donde las minorías sean escuchadas más allá de las oportunidades que les regalan las encuestas, donde todos tengamos una posibilidad de cambiar el mundo en el que vivimos.

En lo personal, mi opción es el no-voto; mi modelo de cambio es sistémico y estructural, y ninguno de los candidatos gobernará, siquiera un momentito, representándome. Guardo, de todas formas, mi preferencia. Quisiera creer que hay un ámbito de participación real que, lamentablemente, se ve subyugado ante el histrionismo apolítico porteño.

Les propongo el ejercicio de votar a conciencia, y de mantenerla luego por cuatro años. Que esa conciencia los lleve a involucrarse activamente en la política del día a día, no necesariamente en la partidaria, y que tomen partida en la realidad que luego los llenará de alegrías y frustraciones, lágrimas y sonrisas. Porque los hechos fortuitos no existen. “Yo, como Dios, no juego a los dados y no creo en las coincidencias”, dice el protagonista en un momento alto del film “V for Vendetta” –o “V de Venganza”–, y nos muestra la interrelación de la realidad política con la cotidianeidad más común.

Actuemos. Involucrémonos. Tracemos un boceto de nuestra vida desde la base de la participación ciudadana. No dejemos que otro lo haga por nosotros. No les demos el gusto de caer en el nihilismo, ni seamos tan ingenuos de pensar que poniendo una u otra boleta, el entramado del poder actual cambia. Creamos en nuestras elecciones.

Fortalecer la democracia es algo totalmente distinto a votar al menos malo.

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*Leé los capítulos anteriores de esta entrada:


miércoles, 27 de julio de 2011

DCXXXIV | La Fiesta de la Democracia (2)

Buenos Aires: dos caras de una misma moneda*

En ese contexto de descreimiento institucional, el 10 de junio que pasó, llegamos a la votación para Jefe de Gobierno en la Ciudad de Buenos Aires. Macri, Filmus, Solanas, Estenssoro, Giudici, Telerman, entre otros, apelaron al sufragio para ocupar, durante cuatro años, la estratégica oficina de Avenida de Mayo al 500.

Muchos amigos me han confesado que en la pasada elección porteña votarían "para que pierda" un candidato; otros para "defender un modelo", y algunos más para "ganarle a unos y otros". Puro revanchismo. Sólo uno o dos tuvieron la convicción de reivindicar valores, aunque no alimentasen un verdadero ‘poder gobernar’. Votar al menos malo debilita a la democracia, la hace boba, naif y fraudulenta.

¿Qué decir del 25% que no asistió a las urnas o impugnó su voto? Tal vez sea simplemente que nadie transfirió su voluntad a un candidato específico por no sentirse representado –más allá de la infinita cantidad de opciones–. Quizás evoque una enorme frustración en las estructuras democráticas y las instituciones nacionales o municipales. Pero hay alguna chance de que, en realidad, más allá de los matices que cada candidato esgrimió, todos respondan al mismo concepto global de desarrollo y participación ciudadana.

No digo con esto que la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) de Macri responda a los mismos intereses que La Cámpora que “apoya” a Filmus; lejos estoy de creerlo. Pero así como la UCEP echa a patadas y palazos –literalmente, por desgracia, o más bien por obra y gracia de...–, la mencionada agrupación kirchnerista echó agresivamente a los integrantes de la comunidad Qom La Primavera de su acampe en Avenida de Mayo y 9 de Julio, cuando reclamaban tierra y justicia por un compañero muerto en la represión de la policía formoseña a cargo del gobernador Gildo Insfrán, allegado de la Rosada.

Sorprende también la connivencia con las empresas de recolección de residuos que tuvo el actual jefe de Gobierno en cuanto al pliego de residuos sólidos urbanos –que aumentaron su enterramiento en los rellenos de la provincia en más del 14%, mientras que deberían haberse disminuido en un 30% para 2010, respecto a los niveles de 2004–, así como las concesiones, el denunciado tráfico de influencias, y las férreas defensas que realiza el Ejecutivo Nacional hacia la empresa Barrick Gold, para que siga extrayendo oro y plata de la Cordillera de los Andes sin respetar legislación alguna de protección ambiental, y echando a dos subsecretarios de Ingresos Públicos por negarse a firmar un acuerdo de tributación diferenciada para la extracción de los minerales en Chile y Argentina.

Volviendo a la Ciudad, no creo que Filmus responda a la lógica del kirchnerismo en su estado más puro, lo considero mucho más racional e independiente que el Pachano de 678, Orlando Barone; más allá de su tozudez en colocar por acción u omisión a Aníbal Ibarra –sí, el que fue destituido tras la masacre de Cromañón– como legislador. Pero obedezco a la campaña electoral, y tengo que creer que “Filmus es Cristina”, y hago de su candidatura un todo Nac&Pop. Más allá de las críticas, sería injusto no reconocer que muchas de las medidas impulsadas por el oficialismo nacional me parezcan correctas. Creo que el “modelo” existe, pero que el entramado que lo subyace, si bien no es idéntico a las estructuras tradicionales de un modelo neoliberal, es cercano a un totalitarismo de Estado que no es beneficioso para nadie.

Celebro y creo en la Asignación Universal por Hijo –aunque fuese propuesta inicialmente por la Coalición Cívica y no por el kirchnerismo–, la Ley de Salud Mental, la nacionalización de las AFJP, las regulaciones a las prepagas, la re-estatización de Aerolíneas Argentinas y los Embraer –la nueva flota de la empresa estatal– que me llenan de orgullo, la Ley de Medios, la Ley de Matrimonio Igualitario, e incluso en el programa Conectar Igualdad. Veo y disfruto la democratización del deporte y el Fútbol para Todos; me entusiasmo con los contenidos, aunque sesgados y discrecionales, de la TV Pública y su “subsidiario” canal Encuentro, así como las varias y muy buenas producciones cinematográficas de la industria nacional. No olvido el impulso a lo que comenzó a ser el cierre de una herida que parecía eternamente abierta: la reapertura de los juicios a los responsables del genocidio setentista, el hecho simbólico de “descolgar” a Videla de la lúgubre ESMA, ni tampoco el proyecto para la investigación de la apropiación de Papel Prensa y el acoso a los Gravier para que “regalen” la empresa el imperio mediático que hoy es Clarín.

Sin embargo hay algo en la estructura de tanto acuerdo que no me cierra. Algo que me retumba adentro y que es pensar en el destino que nos depara si nos convertimos en Santa Cruz –la provincia natal de Néstor y el puntal de estos últimos ocho años de gobierno nacional–, donde el que piensa diferente tiene miedo de hablar, salvo algunos corajudos como los maestros de la Asociación de Docentes de Santa Cruz (ADOSAC), reprimidos brutalmente por la Unión de Obreros de la Construcción (UOCRA) que actuó casi como una fuerza paraestatal y represiva del gobernador Peralta, íntimo de la presidenta.



Creo que quizás haya dos modelos. Uno estúpidamente neoliberal, con preponderancia del capital financiero, el mercado como Dios Padre, el humor y los globos de colores que los estratos más cómodos de la metrópolis porteña parecen adoptar como reemplazo de la “militancia”, pero de una política inexistente. Otro, que respeta una lógica mafiosa del caudillo provincial que asesina por encargo y exime a il cappo de todo indicio de culpabilidad, que silencia al que piensa distinto, que en su verticalismo incuestionable impone la obediencia como virtud y ningunea a las organizaciones de la sociedad civil que proponen mejoras y cambios al esquema de gobierno actual.

Ninguna de estas opciones promueve la inclusión y el verdadero ejercicio democrático de participar en la gobernación. Al menos, el segundo, promueve la militancia pero desde una visión partidaria y únicamente para la afiliación en sus filas, ya que de otra forma será tildado de “hacerle el juego a la derecha”. Ninguno le da voz al sin voz, ninguno mira más allá del negocio inmediato, todos pactan con un diablo que no sabemos si vive en el cielo o en el infierno; nadie parece creer en una democracia real.

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* Para leer la primera parte de este artículo, hacé click acá.

El tercer y último fragmento será publicado el sábado 30.

domingo, 24 de julio de 2011

DCXXXIII | La Fiesta de la Democracia (1)

Desde hoy, y en dos sucesivas entradas que tendrán lugar antes del ballotage del domingo 31, me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de lo que representó la última votación porteña en un contexto global social y político que hace al debilitamiento de las instituciones y a lo que un colega e histórico militante social por la igualdad y la justicia, ha llamado déficit democrático. Esta entrada consta de tres capítulos:

1.- El panorama global
2.- Buenos Aires: dos caras de una misma moneda
3.- El déficit democrático y la importancia de la participación

El artículo es mi humilde concepción de la interrelación de las estructuras supranacionales y extra-políticas, esencialmente abogando por el prevalecer y la perpetuidad de un modelo socio-económico que es el verdadero gobierno del mundo superada la Segunda Guerra Mundial, y cómo esto se relaciona con la ilusión de democracia, y la necesidad de la participación ciudadana en los procesos políticos.

Los dejo con la primera parte, y quedo a la espera de sus comentarios.

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El panorama global

Las palabras que siguen no tienen ánimo de ofender ninguna moral ni conciencia, ya que comprendo plenamente a quien descubra en la voz que le fue prohibida, el aroma a la victoria de la libertad o, incluso, a la revancha de la negación. La legitimidad del voto es inexpugnable, es el medio prima facie de todo sistema que pretenda erigirse desde un cimiento ciudadano, popular y pluralista. Podemos entender la democracia como el sistema primero de todo orden civilizado de delegación y representatividad en el cual los hombres hacen voto sus clamores e ideales. Ese acto es digno merecedor de la celebración popular y del orgullo individual de ser parte de ese andamiaje tan exquisito que es la política partidaria que sintetiza en una voz, millones.


Tal vez en un desvío de su sentido original es que el sistema comenzó a resquebrajarse, a hacer agua y sumergirse en el olvido de lo que fue su corazón. Parece ser de romántico –o más bien de idiota– preocuparse por el hambre, los pueblos originarios, el ambiente o los marginados.; de burgués –para algunos, tal vez, de fascista– siquiera pensar en los males que padece una urbanizada clase media; de retrógrado susurrar otros caminos cuando la historia marcó uno único e ideal, más allá de las consecuencias que este trajese aparejadas. Somos el error por hache o por be, al pensar que nadie dice nada nuevo, que el sistema se repite, que los medios están oxidados y las instituciones deprimidas y desvalorizadas.

Superada la segunda Guerra Mundial, las democracias y el libre comercio prevalecieron echando raíces en instituciones que el mundo entero debía, desde entonces, celebrar y respetar. Así se forjó el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), las Naciones Unidas (ONU), entre otros tantos organismos supranacionales –ni hablar del BID o la OEA– que comenzarían a regir la agenda mundial. La mano invisible del mercado –y aquí deberíamos introducir un capítulo aparte para Wall Street y los grandes cárteles financieros del mundo moderno–, acomodaría el resto.

Sin embargo, esta utopía de libertad, derechos individuales y gobernación popular se transformó con el paso del tiempo en la debilitación de los Estados nacionales, el fortalecimiento de los mercados transnacionales y las garantías de perpetuidad para el statu quo global.

Y nadie se salva de esta gran obra teatral que nos han montado en nombre de nuestro poder ciudadano. Nadie la combate, porque no tenemos el quijotesco coraje –o no tomamos en consideración el magnífico poder que nos cabe como sociedad civil– para pelear contra molinos de viento sin arma, sufragio ni identidad, con el dólar como bandera y la rentabilidad como corazón.

Creo firmemente que esos agentes montados a modo simbólico para exhibirle al ingenuo, un panorama global de consulta, respeto e igualdad, son puras bazofias. Quien no pertenezca –o tenga un mínimo peso– al club del libre comercio, abra las puertas a las megaempresas extractivas generalmente vinculadas con la producción energética y los recursos naturales que abundan en el Tercer Mundo pero se acumulan en el Primero, no existe en esos consejos, o, al menos, no cortan ni pinchan. Estos organismos no regulan a nadie más que a los que nos dejamos disciplinar. ¿O acaso Estados Unidos no invadió Irak con total impunidad –y el apoyo de varias naciones de la Unión Europea (UE)? Y por el otro lado, ¿no está haciendo estragos el FMI con sus “recomendaciones” de ajuste en los países europeos con mayores déficit financieros como España, Portugal o Grecia? ¿No están, en realidad, articulando una política global estatal y supranacional en la que el único beneficiado es el modelo económico actual y sus intocables benefactores?

sábado, 25 de junio de 2011

DCXXV | Capital Mendoza

Mendoza debe ser Capital Nacional o, al menos, ir a compulsa con Rosario y que se elija por SMS. El día, la noche, el sol y la lluvia, la nieve; todo le calza fantástico a la ciudad cuyana que es, en realidad, Patagonia y gran metrópolis. Falta la nostalgia y el desencuentro inherente a las ciudades portuarias, falta la rudeza del polo industrial, falta. Quizás por eso no tenga mayores aspiraciones, más allá del Estadio, del Parque, sus anchas veredas, su noche inclaudicable. Será demasiado perfecta. Carece del papel en el piso, del descontrol en el centro, de los rostros sin mirada; le falta la mierda. Todo aquello que las grandes ciudades merecen para albergar en su seno al vasto espectro demográfico que la haga gigante, y capital.

Aún te falta, Mendoza, aprender a equivocarte; a embarrarte las manos, a abrir más las puertas. Podés, sin embargo, tener pretensiones; pero no unicamente con velo de elite cubriéndote los ojos. Te felicito por tus valores y tus realidades. Te aliento a seguir como puntual del ejemplo inmaculado. No te veré jamás capital; te siento mejor así.

lunes, 9 de mayo de 2011

DCXIX | Dominó universal

Hay un puño que aprieta rauda y tenazmente mi diafragma, una sucesión de malos tragos, de leches cortadas y congojas pasadas que se mecen sobre mi cuello. No hay aquí confesión ni catarsis que valga. No quiero convertir este espacio en subterfugio del pesar tan propio. Quizás fuera otra etapa, la que todo lo regala, hasta los dolores que a nadie interesan.

Pero verdad es que se cruzan como hilos que urden un tejido no tan distinto al que hilvana la propia araña, con el objeto inalterable de atrapar en él, al más indefenso insecto que aproxime la aventura de su andar a los dominios del claustro insalvable.

No quiero más noticieros. No más tapas de diario comentando parciales atrocidades, yuxtapuestas y maniqueas. No al grito desgarrado del hombre preso de la urdimbre asesina del hombre. Tendrá el Sur un payé particular, tan lejano pero tan símil, que disminuye intensidades y aceita los engranajes propios del cambio inexorable. Mi ser más querido me regaló ayer una obra londinense que rezaba: change is inevitable –el cambio es inevitable. No sólo es inevitable; el cambio es imprescindible.

¿Hacia dónde marchamos? Jamás lo sabremos, pero estamos construyendo el camino sin darnos cuenta y de allí nuestra enorme responsabilidad de saber cómo inventarlo, en qué direcciones, con qué preceptos, qué valores.

Quisiera poder sentir más el camino, que el horizonte sea móvil pero no objeto; no convertir cada puesta del sol en lucha que evite la oscuridad de la noche, ni de cada alba un encandilamiento.

Carajo; mañana va a ser uno de esos días que uno debe estar –y estará– firme, entero, pero las migas caen a los costados como un trozo de pan viejo que se presta a ser devorado impiadosamente por los hambrientos, por la angurria universal del desatino y las angustias ajenas.

Pero al margen de mañana, hay tanto –o tan poco– por hacer, dependiendo de la perspectiva, que no vale nada más que la vida misma, sin el deber ser, sino el deber de ser, como único y auténtico mandamiento.

Hoy tengo un regalo, hoy el camino me depara una sonrisa. Allí voy y pongo en pausa los mañanas. Los encuentros del presente que son únicos y auténticos, son la vida que hace falta para andar con la espalda erguida y el mundo a cuestas. Mañana será otro día. El mundo ya habrá cambiado.

viernes, 3 de diciembre de 2010

DXCII: Opuestos complementarios

Me debato eternamente entre el fundamentalismo de lo igualmente opuesto. No, no es un oxímoron barato ni tampoco un banal recurso lingüístico. Los extremos, cuanto más opuestos están, más se parecen. Son tan paladines de la justicia social, como asesinos indefendibles. El Vigilar y Castigar de Foucault y una reforma del Servicio Penitenciario Federal. La libertad absoluta y la regulación de las salidas transitorias. La convivencia social y la tangente escapista. El vasto orgullo vernáculo y la revolución latinoamericana, el internacionalismo anti-globalización. El zeppelin magno de los cielos, y el globo pinchado del cumpleaños pasado. Allá va el ego, yo mismo congratulándome y mis condolencias personalísimas. Me cansé de escribir; muchas ganas antes, nada ahora. Como de costumbre.

martes, 16 de noviembre de 2010

DLXXXV: La vaca

La vaca muge y anda, ignorante e inconciente de su certero y fatídico destino. O quizás lo sepa, igual que todos nosotros, y su ignorancia -sacra eterna inocencia- pase más bien por confiar y querer a aquel que, incesantemente, la alimenta con rigurosidad y en cuantía. Sentires ajenos al raciocinio y el conocimiento empírico de un futuro zigzagueante y sin sendero delimitado. Como ha de ser, sin saber; tristes gotas de vida efímera, exiguos transeúntes del peregrinar constante de la sangre planetaria.

jueves, 11 de noviembre de 2010

DLXXXIII: Sin título

"Quiero tener un jardín de lápices lleno de chicos solidarios. No quiero más estos baldíos de abandonos y soledades absurdas. Un jardín todo lleno de vida; como los pibes que paran escuelas; un palacio donde la voluntad se acurruque en el alma de una fe que ya no tengo y sin embargo conservo la esperanza de que algún día vuelva."


José María Rodríguez
Hecho en Bs As - Nov '10

viernes, 14 de mayo de 2010

DXXXIV: Segunda opción

Siempre dije que no a ser relegado, siempre tuve el orgullo por las nubes, siempre fui un desastre en esos menesteres. Hoy creo que lo abandoné y me limito a vivir lo que tengo que vivir, con toda la vehemencia que ésto me merece. Mi vida es hoy un puto quilombo. Hermoso quilombo. No sé si acá o allá, no sé si tomo o como, o bebo o ingiero, o trago o escupo... No tengo la más remota idea. Hay cosas que siento, no sé ni como ni cuánto, no sé dónde ni cuándo. Sé que están, y que soy segunda opción. Que estoy entre las sombras, que siempre hay un espíritu parco que me amalgama con la noche y lo perecedero de los cuerpos. Pero también imortal como los espíritus, aunque haya quienes no lo perciban a simple vista. Quilombo, I give you my soul. Déjame vivir con ella todos los sueños que percibo durante el día... La noche está cubierta por la somnolencia y el imaginario. Amén.

martes, 11 de mayo de 2010

DXXXI

¿Qué tiene la morocha que, con todas al revés, me mira y me vuelve loco? Nada, eso simplemente, la mirada... ¿No? Y todo lo que hay atrás. La calentura intelectual de una mirada y lo que la subyace. Del silencio prolongado o el debate interminable hasta que la química le gana a la física y se rompen todos los paradigmas. Le estoy agarrando cariño a la 14. Jaja, soy un manija. 

miércoles, 28 de abril de 2010

DXXIII: Cultura Porno.


¿Sabemos disfrutar del sexo? ¿Lo entendemos? ¿Cómo lo entendemos? ¿Hay distintas perecepciones al respecto? ¿Existe el sexo sin amor y el hacer el amor? ¿Existe creer en esos dogmas? No sé. A mi me parece que no aprendimos a entender la sexualidad. Que el hombre confunde la virilidad o la excitación con una situación de posesión y dominio que a veces -más de las necesarias- resultan violentas -más de lo necesario-. Que la mujer juega cada vez menos al juego de la seducción y empieza también a ocupar roles de dominio y violencia, física o psíquica. Que lo la cultura porno resulta un grito de guerra insatisfecho, una saciedad de lujuria de ojos blancos y aullidos crujientes. Eso es parte. Seguro que sí. Pero, ¿lo vivimos? ¿O lo deseamos y lo creamos con la mente? ¿No se sobreactúa la violencia sexual? ¿Cuándo se superan los límites? ¿Quíen los delimita? ¿Cómo ver cuando estamos superándolos? ¿Cuándo reaccionar? Hagamos el amor, no la guerra o hagamos la guerra en la cama. Eso dicen, qué se yo.

lunes, 22 de marzo de 2010

CDXC: Juego de roles invertidos

¿Quién dejó escrito que nosotros somos los cuerdos y ellos, los locos? ¿Y quién determinó, arbitrariamente por cierto, que estos locos que mencionamos, debían percibir al mundo -su mundo-, tanto más pequeño, limitado y frío que los demás, cuando seguramente lo sientan tanto más amplio? No cabe duda que habrá sido alguno de "nosotros", simplemente porque los locos eran "ellos". No vaya el monstruo a caer en la boca de su propio lobo. ¿Y creen que no somos nosotros los que seguimos sus mismas reglas? ¿Que no necesitamos la estructura constante? ¿Que las normas no deben ser dictadas cotidianamente, día tras día, para poder vivirlas en consonancia con las reglas del juego? Porque el juego, el gran juego, consta de tantas manos como amaneceres y no más. Ni, claro, mucho menos. Y es el sol y la tierra fértil del presente, la que repartirá mañana los naipes; más no un billete -eternamente manchado de sangre y de historia, y sin perdón- el que compre la partida. Jugá la mano que te toca, tirá la más alta o andate al mazo. ¿A quién le importa? Especulá y perdés. Los fantasmas de otros tiempos son hoy el viento que se enreda con tu cabello al avanzar junto a la ruta incierta hacia la no doctrina, al salvaje instante del presente. Salvajes envueltos en poliéster, en gamuza o en charol, con tantas certezas como dioses, y tantos dioses como esperanzas. Jugando a otra cosa. Siendo títeres, quizás, portándose bien ante los ojos del amo, soñando con el formol que los preserve eternos secularmente. Nunca nos pusimos de acuerdo; unos juegan a las cartas y otros son los títeres. Unos se divierten y otros obedecen. Dependiendo de la perspectiva, los que realmente se divierten, son esos que los esclavos del mundo hacen que dominan en su idiota opereta. Juego de roles invertidos. Lástima impiadosa del hombre. El día del sol y la tierra. Este es el tiempo en que el monstruo tiene su celda gélida, mientras los locos gritan desde los balcones y dominan al mundo manejando los hilos. Todo depende de qué observes, cuán profundo, qué tan allá...