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lunes, 22 de agosto de 2011

Tim: el hombre que cambió el mundo

El Mercado del Puerto siempre tiene algo para regalar, y casi siempre es en Roldós. De pasada en Semana Santa o vacación de agosto sanmartiniano, su Medio y Medio trae historias para contar. Esta vez fue casi perfecto, a tono, acorde; Tim y Gregory llegaron junto al morcipán, el chimi y a criolla, para contar sus historias en inglés. También para hacer preguntas y sacar algunas conclusiones.

Tim es de Londres, habla un muy buen castellano y es inspirador como pocos hombres. Gregory es neozelandés y tiene un rostro de película. Sus ojos metidos hacia adentro, la cara cuadrada y una frente amplia y recta que es perfecto preludio a su ínfimo cabello castaño. (Que no haga hoy hincapié en sus palabras, no significa que no me marcara con su magnífica simpleza y su empatía constante). Cada uno con su gracia, avergonzados de no hablar el idioma local, el nuestro, y que para comunicarnos nos veamos obligados a recurrir al inglés. Nosotros, chochos. Yo, delighted; practicando una lengua que deberá hacerse costumbre en pocos días.

La conversación fue de lo más variada, pero ahondó en el llamado "mundo". ¿Cómo cambiarlo? ¿Quién podría? Él, Tim, maestro o algo por el estilo. Gregory un viajante, quién sabe por cuánto tiempo; un tipo bárbaro con el que vale la pena sentarse a tomar una cerveza y hasta pasar un día del padre con asado y en familia, si quisieran ser sus hijos. Pero es aquel hombre canoso, el que en sus breves minutos de charla, me llenó de las certezas más preciadas. La que anula la esperanza para hacerla realidad.

"Ustedes, entre los 20 y los 30 años, son los encargados de cambiar el mundo", decía sin ningún indicio de duda en su mirada, mientras su dedo se clavaba como un puñal que diera vida, en el perfecto centro de mi pecho. "En los '60 lo intentaron, pero ustedes tienen en sus manos la mejor arma de comunicación que nadie haya tenido jamás; you, you, YOU, can change the world". Estaba convencido.

Y mi lábil respuesta no le daba siquiera gracia. El "I hope", le parecía banal; cobarde. Y no entendía por qué Argentina no sale adelante con los hermosos recursos que trae en sus suelos, con la hermosa gente que habita sus tierras. Me pidió respuestas. Obviamente no titubeé a la hora de decirle la falta de decisión política en la que estamos sumidos, el maniqueísmo eterno en el que estamos inmersos, el extractivismo cruel al que somos sometidos por los países del norte y sus multinacionales que irrumpen en nuestras tierras como los misioneros del siglo XV. Nos evangelizan y nos roban, y nosotros miramos la misma película tragicómica sin dejar de sonreír creyendo que esta vez los estamos cagando; que esta vez sí "estamos creciendo".

No le alcanza. Tim quiere más. Tim quiere revolución, y la quiere ya. Quiere organización desde la inmensa oportunidad que nos regalan los teléfonos inteligentes, internet y la globalización que hace que hoy todos seamos accountables, y por tanto, poderosos. Le doy la razón, pero insisto en que si bien el medio está dado (siempre los medios están dados), falta el contenido para llenar ese enorme potencial que pueda alzarnos en la cúspide de nuestras libertades. Nos falta visión a largo plazo, coraje, romper esquemas dogmáticos. Aventurarnos a lo desconocido.

Tim sonríe y me mira -nos mira-, y dice: "You are an intelligent young man, you speak two languages, you know what is it about. Take care of your lovely girl, go out there and change the world; I know you can".

El Mercado volvía a teñirse del celeste azulado de la nostalgia, el gaucho entraba con su guitarra, las seis cerraban las puertas, y el mundo seguía allá afuera, no muy distinto que siempre. El mío seguía acá adentro; irreconocible.

viernes, 17 de septiembre de 2010

DLXXIX: Nos. Otros.

Lo prescindible del ajeno, la propiedad adquirida. Un pacto de voluntades desarraigadas de la mera presencia del individuo prójimo que lo ignora o lo reemplaza. Los caminos paralelos, sin rotondas ni cruzadas. Las barreras que seducen, la otra cara, su mirada. Las visiones del alcohol que se entremezclan con un alba redundante en luminarias, siempre vasto en lapidarias. Lapidaria de ser uno, siempre el otro y tan lejano. De uno mismo y del espejo, nuevos ritmos que se emplazan. Fundación del sinsabor, de amalgamar un anagrama, que entorpece las certezas de mirarte y ver tu cara (de mirarla y ver su cara). Despedidas de un final que nunca acaba por su fama, que eterniza y encarniza las victorias de la nada; y en un llanto devenido en tierno abrazo, estoy en casa.

jueves, 13 de mayo de 2010

DXXXIII: Gula y antojos

Amoríos que se enredan entre las sábanas. Cuerpos deglutiéndose sin misericordia, abandonándose mutuamente, regalándose. Iris penetrante, dedos como garras rasguñando la carne ante un telón sangriento de ferviente pasión. Hambre voraz, antojo de vos. Amoríos entre sábanas, encuentros imperceptiblemente urdidos con el desencuentro de la constancia. Los ojos que hoy ven el mismo horizonte con distinta perspectiva. La boina del Ché junto al agua de Andalgalá. La reivindicación de los pueblos originarios y los Esteros del Iberá. Todo o nada. Espíritu mutante, tomando formas por instantes y fundiéndose una vez más con la masa, jugando el juego la alquimia y las apariencias. Hoy quedate así, vení, jugá. Comé con gula insaciable, sentime. Seamos el festín de la última medianoche. El cáliz, el cuerpo y la esencia.

martes, 11 de mayo de 2010

DXXXI

¿Qué tiene la morocha que, con todas al revés, me mira y me vuelve loco? Nada, eso simplemente, la mirada... ¿No? Y todo lo que hay atrás. La calentura intelectual de una mirada y lo que la subyace. Del silencio prolongado o el debate interminable hasta que la química le gana a la física y se rompen todos los paradigmas. Le estoy agarrando cariño a la 14. Jaja, soy un manija. 

lunes, 3 de mayo de 2010

DXXVII: ¿Cómo estás?

¿Cómo estás? Juro estrujándome el corazón con el puño derecho, que cada vez que te veo, no lo pregunto como prolongación del saludo inicial; realmente quiero saber cómo estás. Tengo muchas ganas de saber qué se esconde tras el persistente e infranqueable telón. De saber por qué sos tan distinta y tan igual a mi. Por qué tengo que ser yo quien se aventure al buceo hacia tu Atlantis; por qué no querés alcanzarme un mapa.

¿Cómo estás? Me lo pregunto cada vez que te miro a los ojos y te hablo de cualquier tontera, cualquier banalidad. Cada vez que juego con tus dedos o acaricio tu pierna con la yema de mis dedos, como queriendo que nuestros poros se fusionen un instante y poder ser parte de tu piel para entenderte, para sentirte. Esos ojos cuentan infinitas historias más que las estrofas de las palabras ausentes. Cuentan las que valen. Las que quiero sentir y compartir. Nos contamos muchísimo más de lo que nos decimos. Quiero que vengas y me descubras. Quiero ir y descubrirte. Pero antes, quiero saber cómo estás.

jueves, 8 de abril de 2010

DII: Hablemos de amistad


Un amigo está ahí. Un amigo está. Otro amigo, ahí. Terminología abstracta, lejana y difusa como el polvillo de la grava recorrida que le llueve al cielo. Un amigo está ahí, y yo no supe sentirlo. Charlie no supo sentir ni decir papá, así que no me preocupo. Pero al final, el papá está. Y el amigo está. Ahí o acá, pero que lindo es que esté. Los tiempos y respetos, la empatía de vibrar en la misma frecuencia, en syncro, a un tempo congruente y consistente, aunque tan cambiante que no haya melodía capaz de soportarlo. Amistades de botellas vacías y vasos medio llenos. De atardeceres y amaneceres, y de noches acompañándose en la ruta. Fieles. Un amigo está ahí, otro acá, y uno desconocido hace dedo buscando tránsito más que destino:

-¿A dónde vas?.
-A la tierra inalcanzable, pero voy y voy con vos.
-¿A cumplir tus sueños?
-A soñar mis sueños.
-¿Para descansar de la rutina?
-Para soñar mis sueños.
-¿Y nada más? ¿Y de pensás vivir?
-Con qué -dijo, enfatizando el con-, querrás preguntar en todo caso... Y respondete fácil mirándote al espejo.
-Pero de un amigo no se vive.
-Ni tampoco del dinero, ni la materialidad.
-No, pero al menos tenés la libertad de hacer cosas; viajar, comer afuera, ir al cine...
-Tenés la responsabilidad -lo interrumpe-, de su cuidado, su administración, y de convertirte en el esclavo de tus posesiones.
-Y sin nada no tenés la libertad de tener todo lo que te dije antes.
-Tener, tener, tener... No se trata de tener, se trata de sentir. Y de estar. Y al fin y al cabo, mi amigo, acá estamos.
-Puede ser, qué se yo -dijo, dubitativo. Yo tomo la 3 acá hasta Paysandú, ¿querés seguir?
-Me bajo acá, me gusta el mar y el horizonte. La Interbalnearia es mi lugar inalcanzable. El tránsito es mi tránsito, y las aguas son mis aguas. Esas posesiones que no se tienen, que son. ¿Querés acompañarme?
-¿Y, pero sabés qué pasa?
-No se contesta una pregunta con otra pregunta, ¿querés venir?
-Si.
-Y vamos.
-¿A dónde?
-A la tierra inalcanzable, pero vamos. Y vamos juntos.

Y se fueron juntos, ni tan inmiscuidos en su propio vacío personal, ni tan atados a sus franqueables verdades. Juntos y agradecidos por haber encontrado alguien tan par y a la vez tan dispar, para compartir un rato junto al océano azul. Un amigo está ahí, otro acá, y aquel quién sabe.

jueves, 11 de marzo de 2010

CDLXXXII: Contando cuentos, números e historias.

Burbujas. Juegan de lejos, a veces. Algunas otras quizás, más cerca. El filo endémico de ese ecosistema que es la interacción plurilateral del sentir del corazón tras un velo. De poder inextinguible, comerciando un ad aeternum bravucón avec le ciel del Parnaso. Uno tras otro. Un Robin Hood que va de amores; jocoso mercenario del sainete. Del corriente. Doctrina carpediemista bastardeada por cobardes irrecuperables, con fachada de canto rodado y realidad de suave pétalo, surgido del más venenoso tallo. Empacho de vos. Cuidados. Tangentes variables, como visas esporádicas al país de lo inexplorado. Historias sin historia. Niños encontrados, soplando velitas de a pares y en compañía. Contando hasta uno y hasta dos. No contigo ni sin mi. Hasta uno y hasta dos. La lágrima no seca si el calor no abraza. Uno y vos. Dos y yo.

martes, 23 de febrero de 2010

CDLXXV: Dos textos prestados

Es triste el espectáculo de la gente al acostarse; se ve claro que les importa tres cojones cómo vayan las cosas, se ve claro que no intentan comprender, ésos, el porqué de que estemos aquí. Les trae sin cuidado. Duermen de cualquier manera, son unos calzonazos, unos zopencos, sin susceptibilidad, americanos o no. Siempre tienen la conciencia tranquila. Yo había visto demasiadas cosas poco claras como para estar contento. Sabía demasiado y no suficiente. Hay que salir, me dije, volver a salir. Tal vez lo encuentres, a Robinson. Era una idea idiota, evidentemente, pero recurría a ella para tener un pretexto a fin de salir otra vez, tanto más cuanto que en vano daba vueltas y más vueltas sobre aquella piltra tan pequeña, no lograba pegar ojo ni un instante. Ni siquiera masturbándote, en casos así, experimentas consuelo ni distracción. Conque te entra una desesperación que para qué. Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido. Es la edad también que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida; ahí está. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y adónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía ya interminable. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca me he podido matar.

En Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline. 

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Pero dos días más tarde (los dos días que Viena, según los resultados de la contabilidad final, terminaría robándole a Londres), cuando entraron a la Osterreichische Galerie, al salón de los Klimt -Rímini desafiante, Sofía débil y adorable, envuelta en un poncho como una beduina invernal, los dos alegrando el aire caldeado con las nubecitas blancas que traían de la calle-, Rímini sintió el amparo de quien vuelve a una patria después de un largo exilio de tristezas. Recorrió las salas, amodorrado por la suave luz amarillenta, y miró los cuadros con un desgano feliz, como si estuviera tan lejos de todos que ni la belleza pudiera malograr su bienestar. Se detuvieron ante El beso y lo contemplaron abrazados, víctimas de ese mimetismo que se apodera de los enamorados cada vez que miran la imagen que siempre han creído que los mira y les habla. “Ya pasó lo peor”, pensó Rímini, y cuando quiso nombrar “lo peor”, lo que le vino a la mente no fue Viena, ni los contratiempos del idioma, ni la fiebre, ni siquiera el dinero y el tiempo que el “error austríaco”, como había pasado a llamarlo, les había robado, sino la simple posibilidad, que no vislumbraba en el futuro sino en el pasado en ese par de horas que dos días atrás había pasado solo, de que Sofía, esa masa de calor pequeña y compacta que ahora se apretaba contra su cuerpo, hubiera desaparecido de su vida para siempre. Como el sobreviviente que cada noche, antes de dormirse, asiste una y otra vez al accidente que casi lo mata, y sólo después de revivir sus pormenores descubre que ese día no hubo distracciones, ni pavimentos mojados, ni autos fatales, y que ese accidente que nunca tuvo lugar aun así le ha robado una parte de su porvenir, abriéndole una herida horrenda en el alma, Rímini volvió a verse lejos de Sofía, se vio sin ella, y esa figura huérfana, como saqueada, lo heló de espanto. Acababa de ver lo que queda de un hombre cuando a todo lo que es, todo lo que cree ser, se le resta la mujer que ama.

En El Pasado de Alan Pauls.

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Gracias M por los cuentitos de las buenas noches.

domingo, 8 de noviembre de 2009

CCCLXXI: Agenda

El armado de una agenda es un lugar sorprendente. La confección y reconfección de un mismo registro de conocidos, varía de acuerdo a amores y odios, momentos compartidos y momentos de soledad. Porque la agenda  no es sólo una agenda, son también aromas, recuerdos, miradas penetrantes, sexos desenfrenados y suaves caricias en la mejilla derecha. La agenda es una familia destartalada, noches de insomnio que hoy yacen aletargadas en las páginas de otros cuentos. Inexplicablemente, al tratarse del amor, los sentimientos son tan profundos y cambiantes, que el desapego implica necesariamente cierto despojo y autismo autoimpuesto. La eliminación de todo registro, para gradualmente, en las posibilidades y circunstancias que cada uno maneje, ir armándolo nuevamente con nuevos teléfonos y mails de contacto. Recién entonces podemos volver a conectarnos con el pasado, llamándolo a un teléfono del futuro para encontrarnos cuando el presente lo disponga.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CCCXLVI: Escaleras

No es tan fácil como parece, ni tan automático como imaginamos. Subir una escalera es por lejos más complejo que poner un pie por sobre el otro en ese pliegue de suelo que tan perfecta y minuciosamente, Don Julio supo describir. Las escaleras se suben con la mente, se acostumbran al escalón presente, se cansan, rompen en llanto y combaten por seguir teniendo pliegues que la sorprendan. La simpleza de unas hojas de cuaderno manchadas con tinta en forma de letras, la inquietud e investigación previas a fin de hacerse del lugar físico remitente, la puerta abierta a un mundo personal tan profundo como el azul de un cielo boliviano; manifestaron el arte de dibujar nuevos pliegos en la escalera de las relaciones interpersonales y de los conocimientos mutuos. Las respuestas no siempre llegan. Otras sí, pero los barcos en alta mar se toman sus meses -y hasta años- en entregarlas. El feedback parece evidente, y lo más hermoso -así como también lo más caótico- es la incertidumbre. Gracias artista, por pintar un escalón más en la escalera.


jueves, 19 de marzo de 2009

CCXIII

Me siento inmerso en un océano turbio de olas incipientes y asesinas. Mi filosofía barata las enardece; el resplandor de una dulce aura, radicalizan su violencia. Pero el agua del mar sabe que es pura y clara, que tiene la sabiduría que ni los más grandes sabios pueden llegar a alcanzar, y aún así prolifera enfermedad. Yo sigo remando, todos seguimos remando. Siempre, contra viento y marea. No existen casos de guerras que se hayan expandido generando amor, más si inumerables ejemplos del caso inverso. Hacer el amor, el más pecado de los pecados, la peor degeneración de la libertad humana. Eso parece, pero no. El agua vuelve a ser agua, calma y reverberante. Con sus tormentosos naufragios, con sus pruebas del destino. Y cuando el uno se cansa de tanto remar contra la corriente, sabe que cuenta con el otro para no perder el rumbo hacia la libertad.

miércoles, 28 de enero de 2009

CLXIX

Yo elegí 17 días. Lo elegí entonces y lo sigo eligiendo más allá de mis anhelos de eternidad momentánea, cuando nos hacemos menos que dos. 300 años connotan una inmortalidad no deseada. La muerte y la mutación, el despojo corpóreo y la libertad de las ánimas en su vuelo eterno hacia nuevas formas. Y si hoy sigo eligiendo 17 días, aunque el desgarro del adiós pueda ahogarme en mares de lágrimas e incertidumbre, es porque la vida, desde entonces, nunca va a volver a ser igual. Cada uno de esos días, cada uno de sus minutos, segundos, pueden llenar de magia los restantes 300 años. Como el aleteo de una mariposa blanca.

martes, 6 de enero de 2009

CXLII

"Tenía curiosidad por conocer aquella casa. Pero aquí no encuentro tejas. Ni pianito. Ni vals. Una gran pared gris y descascarada, una ventana con persiana baja, y un portón de vidrio y hierro. Sobre ella, en letras metálicas, un nombre: Lydia. Toco el timbre [...]."

Así relata Laura Giussani lo vivido por ella años atrás. Así podría relatar yo mismo, las irrepetibles percepciones que tuve en la tarde de hoy. Hoy los reyes no vinieron, hoy busqué a la reina (y la encontré). El caserón de la calle Conesa comenzó a desgarrarse de las frías hojas de un libro para comenzar a formar parte de mi vida, incluso en el momento en que leía su descripción. Hoy, definitivamente, es un jirón imborrable de mi historia.

Toco el timbre y, claramente, no es Lili quien abre la puerta. Es más bien un señor canoso, de mirada firme y temeraria, quien asoma su rostro por la ventana. Me acerco y tímidamente le hago un relato mínimo, de novela, y le confieso que estaba en busca del espíritu de Lili Massaferro. Carlos me invita a conocer a Liliana Belloni, segunda hija de Lili, hermana de "Manolín" (como el recuerdo lo evoca), masacrado por las "fuerzas del orden", allí por el año 1971 en el partido de Tigre. Liliana me pregunta desde la ventana si temo a los perros y, ante mi negativa, me invita a pasar. Las puertas de la calle Conesa se abrían para mi. El "Lydia" inscripto en el muro, quedaba fuera de mi campo visual, para adentrarme en la magia del mundo de Lili: en su familia.

Lo vivido dentro de esas paredes, quedó grabado a fuego en mi memoria. Lo inefable, son las puertas abiertas, los puentes tendidos. Tanto con Liliana como con Carlos, con Lili, Manolo, Pirí. Con Paco Urondo. Con Firmenich y el Che Guevara, con los Aymara o con el imperio incaico. El despertar del espíritu rebelde en las historias vividas y por vivir. En Cromañón y la militancia setentista. Todo se hizo uno en ese fantástico caserón, detenido en el tiempo. Porque allí hay más que muros, muebles y habitantes. Allí corren aires insurrectos e inconformistas, rebledes y vitales, solidarios y bien predispuestos, que rebalsan el ambiente con su áurea efervecencia, mágica y principesca. Pero fielmente, humilde.

Agradezco de corazón a Liliana Belloni y a Carlos Ballivián por la confianza y la gentileza con la que me regalaron una tarde irrepetible. Gracias también a Rosario Espina por haberme introducido hace un tiempo en el mundo de Lili, con la simpleza y el oportunismo de saber cuándo y qué libro prestar, a quien había perdido la sed literaria.

Una tarde muy mía, que es suya.
Un momento muy nuestro, que es de un pueblo.
Un pueblo que es Lili, o debería serlo.

domingo, 21 de diciembre de 2008

CXXVII

Creo que Warner-Fox, Film Suez, la cadena Hoyts, José BlockBuster (sic), o alguien de todo ese mercado cinematográfico, deben tener un acuerdo comercial con San Pedro. Muchos somos a los que el aroma a lluvia no sólo resulta alimento para nuestra saudade, sino también motivacional para tirarnos en la cama a ver un DVD o salir al cine para ver lo que haya en cartelera. Claro que la cama, haciendo cucharita con quien tengamos más cerca en el momento de la tormenta, es mucho más apacible; dos horas únicas, de abrazos, besos y una historia compartida. Pero cuando la lluvia nos toma por sorpresa, inmersos en la más grande soledad, es preferible mojar un poco nuestras ideas en camino al cine más próximo. Igual no, hoy no fui al cine. Me quedé en casa, abrazado a mi almohada, haciendo cucharita con ella y viendo un documental que quien hubiese sido sustituta ideal de la almohada, me regaló días atrás. 

lunes, 15 de diciembre de 2008

CXX

El largo camino, el sol quemando mi piel, los caminos compartidos. Una llegada, un destino, pero con infinitas variables. La amistad repentina, el encuentro. Las congruencias y todas aquellas que no. La vida pasando por delante nuestro, cargada de emociones y sentimientos. Distintos e iguales. Partes inescindibles de un todo cargado de pasión. Las coincidencias. Ser parte de un puente, un ingreso, un estadío. La arena y el sol que se perciben en el alma. La previa, los preparativos. Sonidos espirituales se cuelan por mis poros para dar forma a lo que alguna vez supe ser. El comienzo de un trance, de un espejismo. Lentamente los cuerpos se aglutinan en un festín deforme pero uniforme. La agitación, la pasión. Los cuerpos transpirados y el recíproco sentir de las almas intervinientes del banquete. Entendiéndose, compenetrándose. Sabiéndose únicas e inseparables. Transpiración, gritos, gemidos de dolor y de pasión se fundieron en un solo momento. Uno irrepetible e incomparable. Uno que dio forma a mi fin de semana. Uno que bien podría ser un recital de La Renga. Uno que no tanto...

domingo, 7 de diciembre de 2008

CXIV

Imaginen un mundo donde la palabra perdón, donde el concepto perdón, jamás hubiese sido inventado. Cuanto más rico sería todo. Cuanto más atento y cuidadoso. El perdón de los pecados quedaría inaplicable, y el único camino al cielo sería el buen obrar. Las imposibilidad de pedir disculpas nos mortificaría al punto tal de detenernos cautelosamente ante cada acción que estemos por efectuar. Sabríamos que una vez actuada y llevada a la realidad, no existiría vuelta atrás, ni perdón que valga. Dejaríamos de pensar constantemente en nuestro asqueroso, retorcido y maloliente ombligo, para empezar a admirar la belleza del otro, cuidándolo (cuidándonos), de no quedar por siempre mal parados, sin posibilidad alguna de remedio ni misericordia. Miremos hondo al corazón de la inmensidad que nos rodea y sintámonos carentes de perdón. Quizás así, sin misericordia, sin condescendencia, sin perdón para con nosotros mismos, nos espere un mundo más justo, más amable. El el sentido más amplio de la palabra. 

viernes, 14 de noviembre de 2008

XCIV

What if? Who knows? Where's the love? When the music's over, turn out the lights...
English & universales preguntas. ¿Y saben qué? Fuck'em all! Ver el cielo, ver la luna original y una estrella que quiere asemejarla, brillando como ninguna, es la luz de esperanza. Vaciar la cabeza y escucharse vivo, seguir el ritmo y seguir su ritmo. No pensar. Cruzarse con ella y el amor en sus brazos. Cruzarse, y querer ser parte. Una historia de dependencia eterna. En este caso, racionalizando diferente, quizás sin racionalizarlo tanto. Abriendo los poros y dejando inmiscuírse a los sentimientos propios y ajenos. El néctar de la vida. El suspiro de los ángeles libres, reposando sobre nuestras cabezas, floatin' around. Un universo fugitivo que quiere no serlo. Dos nervaduras de una misma y frágil hojita de vida. Compenetrándose. Compenetrándonos. Lejos y cerca. Cautivos y prohibidos. Anestesiados en lo que nos rodea. Apabullados por mandatos de grandes, cuando queremos ser niños. Y a veces nos cansa explicar o incluso pensar en hacerlo. Nada vale más que el amor de un niño, y el cuidado que éste de a su flor. Nada.

domingo, 19 de octubre de 2008

LXVIII

Por hoy le dije adiós al triste anciano que hay en mí. Hace tanto tiempo no sentía esa desubicación temporal, al terminar la noche y volver a casa, cuando los potros del hipódromo ya se encuentran en pleno entrenmiento. Pocos travestis quedan ya, mostrando las cachas por los bosques de Palermo, índice sold out a la noche. No había realmente más nada que hacer. Y ahora estoy en casa, esucuchando mi propio Spaghetti del Rock que ya compartiré, tomando un café caliente, y por irme a la cama con bastante menos en la cabeza que con lo que me levanté. Feliz Domingo para todos, feliz día de la madre, para todas.

martes, 14 de octubre de 2008

LX

El olfato me juega una mala pasada, y por favor pido no se lo subestime. No creo que haya sentido más melancólico que el olfato, tal vez peleando cabeza a cabeza con el maldito gusto, que denota pertenecia y lugar de origen. Pero los aromas son aún más crueles, haciéndose presentes como ahora, y siendo vestigio sinsabor, de una omnipresente añoranza. Ni escapando de Buenos Aires estoy a salvo de que a una desconocida dama se le antoje usar el mismo perfume que el amor. Porque el amor usa perfume, y creo que todos lo tenemos bien presente, más allá de que sea distinto para cada uno de nosotros. El café con crema de Juanes me impide emprender una huída veloz hacia el presente. Mientras, Ricardo y Luis Alberto se baten a duelo en la absurda dicotomía de si hoy es hoy, u hoy es mañana. Yo puedo afirmarles que hoy, específica y concretamente HOY, es ayer. Y espero, siguiendo lineamientos de raciocinio, que mañana pueda, al menos, disfrutar un poco de este hoy, tan gris.

miércoles, 8 de octubre de 2008

LVIII

Definitivamente hay mundos paralelos y subyacentes a esta superficialidad cotidiana. Y hoy quiero mencionar dos aspectos totalmente opuestos. Está el costado espiritual que origina toda acción física o exterior; por caso, el expresionismo vanguardista de comienzos del siglo XX o la "descripción densa" que implementó Geertz en sus estudios; y demás manifestaciones artísticas o herramientas de estudio que se inmiscuyen en lo más profundo del accionar humano. Pero también hay un mundo donde las relaciones sociales no son tales, sino meros códigos, interpretados y descifrados por aparatos tecnológicos especialmente desarrollados para esa tarea. Estoy descubriendo Facebooks, Sónicos, Twitters, Zookodas y demás herramientas para manejarse fluídamente en el ámbito 2.0, y los cuales facilitan la comunicación intersubjetiva. Ahora bien, suena un poco absurdo, e incluso algo Robertocarlense, sumar "amigos" en un Facebook, sólo porque aceptan una invitación o ven nuestro perfil. Creo que en cierto punto, ésto degrada valores esenciales del hombre, aunque seguramente sea por mi obsoleto romanticismo. Pensar que hablamos todo el día con alguien por chatear, mensajearse o interactuar en esas modernas redes sociales, no creo que sea más que una forma de tenernos más bajo la lupa, mecanizando (aún más) los lazos de conveniencia que nos atan. Critico, si, pero ahí estoy. Obviamente por factores de conveniencia, ubicando a ciertas cosas donde realmente tienen que estar. Las relaciones vivas y reales las tendré personalmente, con gente viva y real.