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sábado, 1 de enero de 2011
DXCVI: El jardín de los presentes
Como los días de la naciente vuelta al sol, el hombre erige sentires y pesares sobre el cimiento del acostumbramiento. Es animal de rutina y costumbres. Sólo entraña aquello que supo hacer propio con antelación; que hizo suyo con la ilusoriedad ansiada y tan humana de los lazos de pertenencia. Falta aquello que una vez, hondamente, se poseyó. Se llora anticipadamente aquello que aún no se tiene, pero faltará. La lógica del abandono impío y la pertenencia sublimada. Todo escribiéndose con la letra capital de la costumbre, del paso del tiempo y de hacer escuela de sus -de nuestros- presentes. Los jardines del eterno se deambulan hoy de a pares, sus manzanas se degluten con la calma de quien nada espera; y un folk de Plant y Krauss, aletargan los mañanas que se cuelan en el hoy con imprudencia, en un hoy tan nuevo como el vuelo de la fogosa mariposa que andaba empezando el mundo, en un suave día de verano; en el primer y el último día de su exhortación de vidas mutantes. El miedo sobre la repisa. Mañana, una incertidumbre. La costumbre, aquel viejo mal hábito. Este hoy, nuestro hoy, proyectado en el horizonte de la vida como un posible para siempre, y otro nuevo aleteo danzarín, sonriente, compartido.
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Mauro Fernández
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16:35
lunes, 8 de noviembre de 2010
DLXXXI: El monstruo que crece
El sendero se angosta al acercarte al precipicio. Barranco vacuo, sólo conformado por los sinsabores pasados en el incesante repiquetear de las metrallas a mansalva. De las sombras, las certezas. Del hastío aquella lágrima. Par al cuadrado de hilvanadas soledades, encontrándose una a una en los espacios que el destino les depare. Las garras del ser que mastica carne ajena crecen desde las tinieblas, y en su estela va dejando los cariños de un Estocolmo hipocondríaco. Marfiles sangrantes e insaciables, se aparecen recurrentes ante el espejo, retornando indemne al desafío inesperado. El virus de su entraña se disipa infectando de tiniebla el inframundo paralelo. Pasos perdidos tras su huella, pisando sin quererlo los talones esquivados. ¿Y por qué tanto hastío? ¿Por qué no volver a cagármele de risa en la cara al tirano hostil que marchita la primavera; al Rey Momo que con su ojo panóptico licúa las sonrisas de nuestro carnaval? Porque asquea, irrita, insiste. No dejar de serme fiel, ni por el monstruo que crece, ni por las rosas que quiera regar en mi jardín o las crisálidas que, acongojadas pero expectantes, devienen en bellas mariposas.
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Mauro Fernández
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11:24
domingo, 31 de enero de 2010
CDLI: Jean Dominique Bauby

En 1995 a la edad de 43 años, Jean-Dominique Bauby, carismático redactor jefe de la revista francesa Elle, sufrió una embolia masiva. Salió del coma tres semanas más tarde y se descubre que es víctima del "síndrome de cautiverio "; está totalmente paralizado, no puede moverse, comer, hablar ni respirar sin asistencia. Su mente funciona con normalidad y sólo es capaz de comunicarse con el exterior mediante el parpadeo de su ojo izquierdo. Forzado a adaptarse a esta única perspectiva, Bauby crea un nuevo mundo a partir de las dos cosas sobre las que conserva el control: su imaginación y su memoria.
En un hospital de Berk-Sur-Mer, le enseñan un código usando las letras más comunes del alfabeto utilizando el parpadeo de su ojo izquierdo. Mediante este parpadeo, y con la ayuda de los doctores del hospital es capaz de deletrear letra a letra concienzudas palabras, frases y párrafos. Mediante este método es capaz de dictar una profunda aventura dentro del psique humano. Este método es capaz de abrir la prisión que resulta su cuerpo (la escafandra) permitiéndole planear sin límites el reino de la libertad (la mariposa).
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La imagen la saqué de acá.
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Mauro Fernández
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16:32
lunes, 9 de noviembre de 2009
CCCLXXII: Callophrys Rubi

Te encontré en el repasador de la cocina. Eso, es salir del gris. Eso es encontrarte en todos lados con la mirada blanca...
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Mauro Fernández
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15:14
viernes, 10 de julio de 2009
CCLXXVI: Mariposa en llamas

“Ya no hay distancia que te trabe. Vas volando y como encantado, hasta que al fin, de luz deseoso, ardes mariposa en la llama.”
Gracias Toli.
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Mauro Fernández
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10:34
lunes, 13 de abril de 2009
CCXXXIII: Impresiones de Santa Rosa, La Pampa (I)
Me llegó el capítulo de la verdadera Pampa Argentina. Y en su sacra capital descubrí el esperanzador azul del cielo, circundando a la misma y perfectamente esférica luna, que cualquier otro habrá contemplado desde sus circunstanciales tierras. Mi duda sobre la extensión en la ruta quedó obsoleta al momento en que tres mariposas blancas danzaron festivas a mi alrededor. El viejo puente de madera une cielo y tierra, transportando a sus viajeros al epicentro de la laguna, lúdica y paradisíaca isla. Y al compás del bolígrafo, mis pies juguetean inquietos en el agua fría y reverdecida por el moho infalible, que tantas graciosas caídas ha provocado. Sin plan certero a corto plazo, y con la piel cansada de un sol intenso y persistente, me zambullo sin dudarlo para lavar el alma, barajar, y dar de nuevo.
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Mauro Fernández
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13:57
miércoles, 25 de marzo de 2009
CCXVIII
"Espero no tener nunca la vida hecha..." Una frase que fue regalo, hoy se luce y me ilumina desde la parte superior del monitor de mi máquina. Y la creo, y la vivo; pero a veces, si bien no quiero tener la vida hecha, me gustaría dejar de sentir el sabor a hospital en la laringe, la impotencia interminable de la insatisfacción, el apego inescindible a los amores. A veces quisiera dejar de sentir a la muerte hacerse carne en un cuerpo abandonado y erosionado por la tierra roja del despojo. A veces quisiera amar más la ciudad, contentarme con menos y disfrutar cada instante al cien por cien. A veces, lo logro; con ella lo logro. A veces la necesito más de la cuenta y otras, recuerdo aquella mariposa del tuyú, perdiéndose en el horizonte mientras mi mente se edificaba bajo el seudónimo de Juan Pablo Castel. De blanco a negro y visceversa, sin saltos ni sobresaltos. Ayudándonos es más fácil. Apoyándonos, es perfecto. Pero es el maldito equilibrio de un gris inerte, el que duele y sumerge en inmensos mares de incomprensión.
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Mauro Fernández
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15:25
miércoles, 18 de febrero de 2009
CXCII
Cuando Rocío irrumpe en cualquier espacio, especialmente cuando sale esplendorosa por alguna puerta hacia las ruidosas calles de Buenos Aires, el segundero sufre el peor de los infartos. Como un imán de retinas, acapara -no se si por egoísta o por ser intensamente única- la atención de toda mirada que ande perdiendo el tiempo en otra cosa. Como una mariposa radiante, sonríe al compás de un vals inédito que sus cabellos danzan con el viento. Se entrelazan, se mecen, se funden y se hilvanan en la constancia inconstante de la volatilidad atmosférica. El mundo quieto, parece sólo dejar lugar a sus movimientos. Los edificios se empequeñecen bajo un sol sorprendido, que acaba de encontrar competencia. Con una postura casi antimonopólica, esta flor del Edén arranca la exclusividad que el astro poseía sobre la luz y el calor que los seres reciben para poder vivir. Ella los regala, y lo hace día y noche. Cruzarse con sus ojos quietos, puede perderlo a uno en un sueño eterno. Cuenta la leyenda que varios no pudieron escapar de su encanto, y quedaron por siempre apegados a su belleza. Pero sólo los sabios que supieron amarla y dejarla ser, encontraron en ella la salvación perpetua de sus almas.
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Mauro Fernández
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15:08
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