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lunes, 17 de mayo de 2010
DXXXV: Caprichos
Caprichos de querer, de saber y de creer. Caprichos que se ahogan en la copa rota del amanecer. Trastabillo y sigo jugando al equilibrista en el cordón; all in, todo o nada. Mi equilibrio es la oscilación incesante entre los extremos. Balance del lance y la precaución. De jugármela toda, ponerme la camiseta y sentir la carne al rojo vivo; o, por el contrario, de esconder la cabeza, silenciar todo sentir y jugar a las apariencias. No existen intermedios entre el ser y el parecer. Intento, trato que existan, porque sé que no es más que un instante de la vasta existencia. Y sé que reflejado el espejo del tiempo, podría verlo tan ínfimo y ridículo que no merece la pena la preocupación. Caprichos de un ser medio inerte, medio pasional, que camina entre las sombras y se tropieza encandilado por la luz del alba. Soy caprichoso, banqueselá!
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Mauro Fernández
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21:29
jueves, 1 de octubre de 2009
CCCIXL: La extinción es equilibrio
Somos parte de un todo en sintonía. Sentirnos en desequilibrio es el error más intrínseco del ser humano pensante. La necesidad de la transformación, la ambición del cambio idealista, la concepción del mundo perfecto. Dulces ilusiones ópticas cuyos cimientos yacen y se perpetúan en el surgimiento de la cultura humana y las sociedades -más o menos- civilizadas. El Dios de nuestro Dios es el propio hombre, que dio origen y poder a una institución inexistente que decanta su estrategia de marketing de la fé en un Lord invisible que todo lo puede. El único líder, el único omnipotente, es el hombre. Aquel capaz de crear historias, mentiras y verdades, dioses y demonios. La concepción idealista, por definición se basa en un ideal inventado por el desarrollo vil de la cultura del hombre; de la cultura de la muerte. Allí vamos, camino a la extinción, disfrutando cada segundo como un enfermo terminal, o sufriendo a cada grito como el extraviado mental que no se atreve a reconocerse entre la mierda del húmedo vaho ajeno. Reconozcamos el macro equilibrio en sintonía con nuestra naturaleza madre. Deprimamos la torpe pulsión humana de tropezar cientos de veces con el mismo cabello.
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Mauro Fernández
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1:42
lunes, 17 de noviembre de 2008
XCVIII
Que lindo es jugar al circo, haciendo equilibrio en el cordón de la vereda con los brazos extendidos en forma de "T", como si éste fuese lo suficientemente angosto para permitirnos caer. Definitivamente, también sabemos que ante un eventual traspié, no caeríamos más que unos 15 centímetros, pero decidimos obviar también ese detalle. Nos imaginamos en una cuerda floja a setenta y cinco metros de altura, desafiando los límites (más angostos que la misma cuerda) entre la vida y la muerte. ¡Y se siente exquisito! Nos vemos en nuestro espejo mental como guerreros inquebrantables de una lucha existencial. La boina nos calza como nunca. La estrella, ¡impecable! Y en cuanto queremos acordarnos, estamos en la esquina, ante la encrucijada de obedecer a nuestro destino urbano o seguir jugando, eternizándonos en una infinita vuelta manzana. A veces girar en círculos lleva más lejos que caminar kilómetros en un rumbo fijo. El placer es poder abrir los ojos mientras revoloteamos a la belleza. Disfrutarla y conocerla, sin bajar del cordón. Jugando, equilibrando, sonriendo constantemente, por no estar urgidos de un destino. ¿Juegan?
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Mauro Fernández
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10:00
miércoles, 13 de agosto de 2008
XIII
Entre disputas, frustraciones y encontronazos, fui erosionando mi capacidad sensorial, exquisitez sólo apacible en busca de la ataraxia. No sentir, para ser. Lo peligroso, sin embargo, es perder la integridad del ser, desequilibrados al no sentir absolutamente nada y perdiendo el juicio de la discriminación entre lo auténtico y lo impuesto. Tal vez haya hundido mi alma en las nubes cegadoras de la angustia, del inconformismo y la crítica egoísta, pero el amor, oportuno como pocos, descubre el velo del caminar y traza risas y sonrisas que se funden con la mente concibiendo percepciones caleidoscópicas e inimaginables. Desdibuja el mundo. Pero no para entorpecer las miradas, sino para descubrir sus misterios, ocultos en lo empíricamente estructural. Y así, buscando respuestas en lo desconocido, tal vez hallemos una respuesta para las miserias mundanas que a todos nos afectan directa o indirectamente (¡no caigamos en la pusilanimidad de saltar sólo cuando nos meten el dedo en el culo!).
Hoy cambié el mundo, mi mundo. Y se lo agradezco al equilibrio que floreció de quien dio el puntapié inicial. A aquel maldito amor, que tanto miedo da.
Hoy cambié el mundo, mi mundo. Y se lo agradezco al equilibrio que floreció de quien dio el puntapié inicial. A aquel maldito amor, que tanto miedo da.
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Mauro Fernández
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16:28
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