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lunes, 26 de julio de 2010
DLX: Rosario siempre estuvo cerca
Rosario es más que una linda ciudad, una capital cultural, una cuna de próceres. O menos que eso. Es menos que un país soberano, la capital del fútbol, o incluso, menos que el hogar de las mujeres más lindas del mundo. O tal vez, más que eso. No encaja, no es. Ni una cosa ni la otra. Es única. Es bohemia, refinada, hermosa, oscura, imponente, sencilla... La duda es quién soy yo cuando la visito, no quién es ella en realidad. Me enamoro, voy y vengo, me relajo. No existo y empiezo a existir, alumbrado por las tres luces celestes del semáforo invisible, Sabina Bar, y la añoranza; o los comienzos. Los sueños y las pesadillas repetidas. Sentimientos, al fin. Más que mucho. Loca ella y loco yo.
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Mauro Fernández
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1:07
lunes, 14 de junio de 2010
DXLV: Robando secciones
Innauguro un hurto; una sección que mi experimentado amigo @pablobullrich posee en su blog/manzanaqueno. Creo que lo hago un poco porque me encantó la idea, y otro poco porque me quiero presionar a no ver siempre la misma imagen, a avanzar en la lectura aunque siempre "tenga otras cosas que hacer". Queda tanto por descubrir que no puedo quedarme allí. Y además, porque si este blog es para intentar descubrir un poco sobre mí mismo y saber un poco mejor quién soy -o qué soy-, los libros que leemos son uno de los principales escultores de nuestras inconsistentes ánimas. Pero además, agrego una con eso que me lima momentanea e instantáneamente. Puede ser un disco, un libro -el mismo libro-, una mujer, un objeto, un sentimiento. También como una manera de exteriorizar gráficamente todo lo que me pasa en un momento dado. Con ustedes, en la columna izquierda, Kerouac y King Crimson.
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Mauro Fernández
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23:46
domingo, 2 de mayo de 2010
DXXVI: Matu a la onceava potencia.

Hoy he pasado un lindo día con mis amigos conocidos y familiares.
Por nada cambiaria este día que dios quiso que pasara bien y que bendijo con todo su poder. Jugué a muchos juegos lindos con mis amigos y también fui a la plaza.
Allá tiramos fosforitos , entonces hoy la pase re bien y espero que mañana sea un día tan lindo como fue hoy y como antes dije que dios nada mas me quiso dar un lindo día.
LOS QUIERO, MAREO NAZARENO FERNANDEZ.
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Texto escrito a los 9 años. Hoy, cumple 11. FELIZ CUMPLE, HERMANITO!
Otro texto, acá.
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Mauro Fernández
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14:37
domingo, 25 de abril de 2010
DXXI: Terapia en el Cilindro.
Salí tarde, di mil vueltas, me sacaron una hermosa foto que me muestra sin cinturón -no interesa que les explique que no quiero abrocharme a la vida como rezan los carteles-, agarré Acceso Oeste en lugar del Puente Pueyrredón y doblé mal en la bajada. Al final, llegué al Cilindro, 20 minutos tarde, como mínimo. Ni pregunté como iban, estaba bastante introspectivo se ve, me dediqué a ver el partido apretado, agarrado de un tirante y bajo la bandera de los Racing Stones con quienes tanto me identifiqué en los días de la pre-adolescencia. La popular repleta, las plateas de arriba igual, como si Racing estuviese peleando el campeonato y no liberándose del mal sueño de la promoción.
Gente linda, intelectualoides rockeros, como alguna vez generalizó un tipo de la tele que ahora no recuerdo. Y una bandera que me hizo sonreir: Soy de Racing, luego existo.
La filosofía llega a lugares inimaginables, pero el fútbol no es uno de esos. El fútbol ES filosofía. Una parte al menos, la que más me gusta y me atrae por estos días. El "permiso" que piden los barras de pelo largo, liso y dorado, para pasar entre la gente. El código. Ser uno más y entender de respeto. A veces entenderlo a la fuerza y de formas poco democráticas, pero qué más que el hombre en su mayor expresión de naturalidad es una popular de domingo.
Termina el primer tiempo y me acomodo un poco mejor en el tirante para que no me corran los otros que también son el hombre natural en su máxima expresión, pero al contrario, los que no me gustan y no me atraen. Los que pasan empujando y tirando a la gente escalones abajo y, sin embargo, sonriendo. Esos que llegan a sus fines sin importar los medios. Esa es la otra parte, que también existe; tanto en la cancha como en la calle. Y entonces la terapia que había comenzado con la exhibición de estímulos para que mi corazón reaccionase, se tornó psicoanalítica y me dejó asociar libremente todo lo vivido en mi infancia, mis sentimientos actuales, mis miedos de siempre o los nuevos, los debates internos.
Vi al otro, desaparecí por un instante. Comprendí que el único regulador y el único límite es uno mismo y su corazón. Toda regla, toda ley, toda norma o todo código, es fácilmente quebrantable. Relativismo absoluto, todo puede dar lo mismo. No existe un sentido determinado para cada una de las cosas, sino que las valorizamos simbólicamente en la relación que se forja en su interacción con el ambiente y con nosotros mismos. Todo parece colgar de una nube.
Sale Racing, vuelvo a la realidad.
Igual parte de mí no estaba en ahí viendo a De Olivera saludar a su gente y a éstos retribuyéndole el cariño con un grito y un aplauso. Una parte seguía pensando que el límite es uno mismo, y por lo tanto, la única regla que vale la pena respetar es la interna. Quién supiera sobre que cimientos se constituyó esa única pulgada de integridad. Quizás en nuestra infancia con las canciones de mamá y las sonrisas de papá, o en los cuentos que nos leyeron. En la modestia de una vida peleada pero atravesada persistentemente con sonrisas, magia y buenos momentos.
Frente a Osiris será muy tarde. Ser juzgado por un Honorable Juez terrenal -¡y argentino!- es absolutamente contradictorio, y por tal, inconducente. Mejor sería elegir mejor cuando somos nosotros mismos quienes estamos en la posición de jueces. En cada momento. En elegir quebrantar una ley, o un código, o una norma. Porque a veces, la gran mayoría, eso lastima adentro. Revuelve el estómago, deprime el pecho y dirime la capacidad pasional. Entonces escalamos una montaña rusa de desenfreno buscando la pasión perdida, porque ya no queremos siquiera volver a vernos en la situación decisiva. Esa pulgada no puede ser perdida. Es lo único que tenemos. Es una huella espiritual única, el DNI del alma que se pierde con nuestro espíritu cuando cruzamos el umbral hacia los paraisos de lo desconocido.
Pido perdón a cualquiera que pueda haber perjudicado mientras jugaba a la montaña rusa, mirando persistentemente mi ombligo para intentar estar mejor. Hoy intento volver a creer en ángeles y estrellas, o en la suavidad de un café con miel por la noche tenue de la literatura.
Puedo ser más aburrido de lo que muchos quieran. Puedo sufrir más de lo necesario. Puedo elegir ese camino u otro. Pero prefiero el sufrimiento con mi pulgada de integridad intacta, a la sonrisa hipócrita del divertimento superfluo.
Gol de Martínez, se vino abajo la tribuna y yo agarrado al tirante zafé de la caída, me avalancé sólo unos escalones, me vi de cara a la gente gritando el gol y abrazándolos a todos, fundiéndome simbólicamente a falta de alguien a quién abrazar. Minutos de buen fútbol, sólo minutos, y gol de Bieler. La escena se repetía. En el Este y el Oeste, en el Norte y en el Sur, brillará blanca y celeste, La Academia Racing Club!
No quise irme. Esperé parado hasta que se abrieron las puertas, y mirando atónito ese inmenso salón terapéutico, comencé a salir entre las risas de las familias, los chistes de los borrachos y los juegos de los nenes que tanto tienen por vivir.
No puedo cerrar este escrito de otra forma que dejándoles un deseo muy profundo a todos los que estuvieron -y están- conmigo en las buenas, pero más me soportaron o sufrieron en las malas. En estos tiempos que no fui yo. Y ese deseo, no es otro símbolo que las palabritas mágicas: Por favor, perdón y gracias.
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Mauro Fernández
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20:30
domingo, 18 de abril de 2010
DXIV: Nuevo amigo
Ayer conocí a un amigo. Chiquito, tímido, pero valiente, de cabeza casi esférica, cuerpito morrudo y mínima estatura; vestía un buzo polar verde y azul estilo canguro, un pantalón de jogging y unas zapatillas verdes de lona, pero eso es lo de menos. Lo conocí en el 106 que va de Retiro a Liniers, a eso de las 5 de la mañana. Él estaba sentado en ese asiento individual que se ubica en la mitad del colectivo, pasando el espacio reservado para sillas de ruedas y casi en frente de la puerta de descenso. Ahí, solito, miraba con un dejo de descubrimiento cada movimiento que dábamos todos los que compartíamos destino o, al menos, camino. Me maravilló su mirada, su boca que connotaba todo lo que en su impecable respeto, callaba. Yo lo observaba cada tanto, tratando de no ser obvio ni invasivo, apoyado en los caños que sirven de amarre para las sillas de ruedas. En una parada sobre la avenida Córdoba, dos muchachos subieron y se ubicaron a la vera de mi amigo, charlando cosas triviales, jocosos y sin perturbar la calma. Pero visiblemente mi amigo se sintió incómodo. No sé si ante ellos o si repentinamente un término de la ecuación en la que estaba inmerso lo perturbó; algo le pasó. Empezó a mirarlos de reojo, miraba hacia atrás y al poco tiempo miraba por la ventanilla, para no ser descubierto tal vez. Volvía a observar, se preocupaba con los labios, el inferior siempre más hinchado y salido que el superior, se movía. Balanceaba las piernas y cruzaba los dedos, volvía a mirar por la ventana. Otra vez miraba a los pasajeros y cerraba los ojos con fuerza como intentando que el mal sueño desapareciera, pero no había caso. Entonces, en un rapto de honestidad y aceptación, levantó su cuerpito, cruzó el pasillo y se sentó arriba de un tipo casi idéntico a él. Indicó con la cabeza a su padre que ya no quería sentarse allá solo y se acomodó sobre su rodilla sonriendo. La preocupación se había desvanecido, ya estaba en casa. Al tiempo, los muchachos, que habían esperado parados un tiempo prudencial antes de sentarse por si mi amigo quería volver, se trasladaron a un par de asientos recién desocupados al fondo del colectivo. Sólo entonces, mi amigo volvió, se acomodó y siguió mirando tranquilo por la ventana.
Y pensar que tantas veces decimos vanamente cuánto querríamos ser chicos una vez más para disfrutar del mundo como en aquel momento y sin pensarlo tanto. Valiente mi amigo que cuando el entorno lo hastió y preocupó en demasía, buscó una pierna conocida en la cual sentarse, una palabra de aliento y un instante de comprensión, sólo para cuando el mal sueño haya desaparecido, volver a aventurarse al descubrimiento del mundo.
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Mauro Fernández
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23:17
jueves, 8 de abril de 2010
DII: Hablemos de amistad

Un amigo está ahí. Un amigo está. Otro amigo, ahí. Terminología abstracta, lejana y difusa como el polvillo de la grava recorrida que le llueve al cielo. Un amigo está ahí, y yo no supe sentirlo. Charlie no supo sentir ni decir papá, así que no me preocupo. Pero al final, el papá está. Y el amigo está. Ahí o acá, pero que lindo es que esté. Los tiempos y respetos, la empatía de vibrar en la misma frecuencia, en syncro, a un tempo congruente y consistente, aunque tan cambiante que no haya melodía capaz de soportarlo. Amistades de botellas vacías y vasos medio llenos. De atardeceres y amaneceres, y de noches acompañándose en la ruta. Fieles. Un amigo está ahí, otro acá, y uno desconocido hace dedo buscando tránsito más que destino:
-¿A dónde vas?.
-A la tierra inalcanzable, pero voy y voy con vos.
-¿A cumplir tus sueños?
-A soñar mis sueños.
-¿Para descansar de la rutina?
-Para soñar mis sueños.
-¿Y nada más? ¿Y de pensás vivir?
-Con qué -dijo, enfatizando el con-, querrás preguntar en todo caso... Y respondete fácil mirándote al espejo.
-Pero de un amigo no se vive.
-Ni tampoco del dinero, ni la materialidad.
-No, pero al menos tenés la libertad de hacer cosas; viajar, comer afuera, ir al cine...
-Tenés la responsabilidad -lo interrumpe-, de su cuidado, su administración, y de convertirte en el esclavo de tus posesiones.
-Y sin nada no tenés la libertad de tener todo lo que te dije antes.
-Tener, tener, tener... No se trata de tener, se trata de sentir. Y de estar. Y al fin y al cabo, mi amigo, acá estamos.
-Puede ser, qué se yo -dijo, dubitativo. Yo tomo la 3 acá hasta Paysandú, ¿querés seguir?
-Me bajo acá, me gusta el mar y el horizonte. La Interbalnearia es mi lugar inalcanzable. El tránsito es mi tránsito, y las aguas son mis aguas. Esas posesiones que no se tienen, que son. ¿Querés acompañarme?
-¿Y, pero sabés qué pasa?
-No se contesta una pregunta con otra pregunta, ¿querés venir?
-Si.
-Y vamos.
-¿A dónde?
-A la tierra inalcanzable, pero vamos. Y vamos juntos.
Y se fueron juntos, ni tan inmiscuidos en su propio vacío personal, ni tan atados a sus franqueables verdades. Juntos y agradecidos por haber encontrado alguien tan par y a la vez tan dispar, para compartir un rato junto al océano azul. Un amigo está ahí, otro acá, y aquel quién sabe.
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Mauro Fernández
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11:45
martes, 9 de febrero de 2010
CDLXII: Maxi
Hoy es el cumpleaños número veintiuno de Maxi. Ayer -o un día de estos que pasó- soñé que Maxi se moría. La gente dice que soñar que otro muere, es alargarle un poco la vida. La Ley decía que los veintiuno indican mayoría de edad, ahora ya no. La misma gente de antes, dice que para los cumpleaños hay que regalar cosas. Yo me acordé de Maxi. Quizás no de la mejor manera, o tal vez sí. Regalándole un poco más de vida o soñándolo muerto que, para la gente, es lo mismo. Maxi... ¿qué será de vos?
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Mauro Fernández
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3:19
martes, 19 de enero de 2010
CDXXXII: Marqués de Sade
"Ser cortés, honrado, orgulloso sin arrogancia, solícito sin palabras insulsas; satisfacer con frecuencia las pequeñas voluntades cuando no nos perjudican, ni a nosotros ni a nadie; vivir bien, divertirse sin arruinarse ni perder la cabeza; pocos amigos, quizá porque no existe ninguno verdaderamente sincero y que no me sacrificara veinte veces si entrara en juego el más ligero interés por su parte." (20 años)
"Los días, que en un matrimonio por conveniencia sólo traen consigo espinas, hubieran dejado que se abrieran rosas de primavera. Cómo hubiese recogido esos días que ahora aborrezco. De la mano de la felicidad se hubieran desvanecido demasiado deprisa. Los años más largos de mi vida no tendrían suficiente para ponderar mi amor. En veneración continua me arrodillaría a los pies de mi mujer y las cadenas de la obligación, siempre recubiertas de amor, habrían significado para mi corazón arrebatado sólo grados de felicidad. ¡Vana ilusión! ¡Sueño demasiado sublime!"
"Los días, que en un matrimonio por conveniencia sólo traen consigo espinas, hubieran dejado que se abrieran rosas de primavera. Cómo hubiese recogido esos días que ahora aborrezco. De la mano de la felicidad se hubieran desvanecido demasiado deprisa. Los años más largos de mi vida no tendrían suficiente para ponderar mi amor. En veneración continua me arrodillaría a los pies de mi mujer y las cadenas de la obligación, siempre recubiertas de amor, habrían significado para mi corazón arrebatado sólo grados de felicidad. ¡Vana ilusión! ¡Sueño demasiado sublime!"
Donatien Alphonse François de Sade
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Mauro Fernández
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11:51
domingo, 3 de enero de 2010
CDXIX: Perspectiva ribereña
El horizonte perdido,
un todo
fundiéndose los elementos en una densa bruma
que refleja el fulgor ajeno de la luna
en su cuerpo amorfo.
Las cuerdas reverberan, como la amistad
en el aire y como el ardor de las picaduras,
irritantes tras la calma paciente.
La ciudad como banda de sonido
con sus costumbres y reflejos,
pasándonos por alto (o nosotros
en cuclillas).
Vestigios del festín estallan en las nubes
y un mosquito se posa en mi dedo
tres minutos.
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Mauro Fernández
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21:27
viernes, 11 de septiembre de 2009
CCCXX: Oasis
Sos un oasis, una laguna en el desierto. Tus letras casi tan rectas y perfectas como tus gustos. El serif delicado de las pestañas que han sabido pestañar junto a las mías, los manifiestos compartidos. Hojas que huelen a recuerdo, a libro viejo, a páginas amarillas; los presagios del mañana. La bandera blanca de sabernos emboinados bajo las mismas bombas, cuenta historias de García Márquez enclaustrado en habitaciones paralelas, en principios constantes de incertidumbre. Sentir el aroma de la amistad eclipsando otras no elegidas, suspira por mí cada verso caminado.
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Mauro Fernández
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2:40
martes, 31 de marzo de 2009
CCXXIV: Recomendación de Listao
Como podrán observar, a partir de este momento habrá una pequeña modificación en los títulos de las entradas. Desde hoy, y por recomendación de mi compañero y amigo Hernán Nadal, gurú de las comunicaciones si los habrá y con uno de los blogs más leídos en su haber, cada una de las entradas, comienza a titularse. Esto no sólo genera un mayor potencial en la búsqueda y en la generación de tráfico a Egosincracia, sino también actúa como ejercicio de síntesis para mis periódicas escrituras. Sin más, I say hi to the title, & give a huge thanks to Listao!
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Mauro Fernández
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23:18
domingo, 29 de marzo de 2009
CCXXI
Hay suspiros en los que el tiempo se relativiza, se hace volátil, inestable, prácticamente conjugado en un plano de la realidad donde pasado-presente-futuro se funden en un mismo instante. Y uno se empeña en retener ese suspiro para poder seguir inmortalizándose en lo sobrenatural de los viajes atemporales, sin reconocer que por definición, es lo efímero lo que obra de llave, de puerta de entrada y salida de esta dimensión paralela.
La siento amiga, la veo viva, sonriente, pura y apasionada; la sé amada y amante, generosa, completa, eterna. En dimensiones compartidas o subyacentes, sólo quiero vernos brillar. Y vuelvo y la siento inyectando sus jugos en mi cola de serpiente, arrastrándose y debilitándome cada vez más a la magia de sus encantos. Sonrisas japonesas se le animan a la empatía de nuestras miradas; Papa Noel llega temprano, por miedo a que su magia material quede en segundo plano ante nuestra pasión encapsulada. Dedos impertinentes cruzados bajo las sillas de un recinto sabinero y repetido; el año nuevo, el año compartido, desde las doce hasta hoy -desde hoy y hasta siempre-. Estoy en ese pasado que mientras dure el suspiro, será también hoy y mañana. Adoro los tímidos enamoramientos, sus dedicatorias inesperadas, el sabernos compañeros de una vida espejada y la lucha constante por ser la raíz de la fulgencia más inmaculada que se imagine en una sonrisa o en un corazón ya podrido de latir.
Encontrarte y encontrarme. Encontrarnos y eternizarnos. Acompañándonos, amándonos, soslayando formalidades, enfervorizando cada instante.
Caminando juntos, de la mano y cruzando cualquier temporal que se aventure a enfrentarnos. Porque además de pares, somos espejos. Y eso es lo que nos da fuerza. Eso es lo que mantiene viva la mecha de la pasión.
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Mauro Fernández
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17:14
domingo, 1 de febrero de 2009
CLXXIV
Sometimes I can't understand people. I think that'd be normal for a damn leftie teenager, with so little knowledge about what life, in fact, is. Eventhough, I'd like to help people suffering, 'cause I realize they're people with a huge pain on their hearts. Maybe they don't know it, maybe they choose to lie themselves so well (and for so long), that it become invisible for their eyes. And of course, the sickness they're suffering today, don't let them see with the eyes of their souls. I feel a soft whisper on my neck; I think it might be death. I think it might be... you. And you might be death, and don't know it. I'd like you to live your life, 'cause death don't fit so well on your body, so full of energy, allways so up to do something magnificent. Reboot your black feelings, and feel again. I love you, although you can't believe me, or understand it. Sometimes, maybe you can't understand people either. Maybe we have things in common. Maybe both of us, live and love. Open your heart, there's your answer. There I've found mine. Hope to see you better, with no more pain on your soul. Take a breath... take a deep breath.
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Mauro Fernández
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9:00
martes, 16 de diciembre de 2008
CXXI
Hoy tuve un día interno agitado. Tiré mi autoestima por el suelo y comencé a pisotearlo, por algún motivo que desconozco. Será por eso que quiero sacarme todo lo que tengo adentro, todo lo que siento y lo que imagino, con el solo fin de desnudarme de prejuicios e inmiscuírme en un mar dulce de olas calmas. Yo, Amaro (Amado o Amato, son también acepciones válidas para mencionarme en la ausencia), vivo una vida vertiginosa. No puedo dejar el culo quieto dos segundos, que las hormigas vuelven al asecho. A veces intento presionarlo tan fuerte contra el suelo que, al no sentir el constante hormigueo, llego a sentirme cómodo. Grave error. Me equivoco y aprendo (y aprehendo), y vuelvo a empezar. Pero no desde cero, sino siempre desde el podio de la derrota. Fracasado pero victorioso, emprendo nuevos caminos, constantemente. Entre el hastío y la aventura, lo conocido y lo misterioso. Así fue que un día, me enamoré de un personaje autárquico y tan real como cualquiera de nosotros, que recibió el nombre de Lili. Desde mis submundos preconiza todo impulso sentido. Compartimos largas noches y largas tardes, en las cuales los espíritus se hicieron uno. Aún así, y fiel a los edictos del príncipe Joaquín, al final llegó el final. Una tarde en que el sol se esmeraba por ocultarse pero mis ojos querían seguir viendo, Lili se desvaneció. Como si nada... como si todo. Y comencé a recorrer nuevos caminos en busca de una historia que leer, que un espíritu que acompañar e, incluso en busca de un amor en quién creer. Quizá algún día pueda hacerlo. Tengo fé que así será. Y si la tengo, es gracias a un amigo blanco que me concibió, que hoy puede hablarme de eso con una sonrisa de oreja a oreja, casi como si estuviese anonadado por la pureza de un espíritu libre. Casi como yo con Lili. Cerca del principio y cerca del final. Viviendo una vida vertiginosa y enamorándose de alguna sonrisa o alguna mirada que sepa darle paz. Su paz.
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Mauro Fernández
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0:24
viernes, 12 de diciembre de 2008
CXIX
Fiel a un rito, posiblemente generado a partir de la posibilidad de perder la entrada y mi vicio de querer coleccionarla, subo la de mañana. Además, ésta tiene un valor agregado para mí, ya que fue un presente de corazón de un amigo. Uno con quien compartimos locuras, literatura, guitarreadas. A quién le he dedicado posteos, y quién me ha regalado poemas. Esos regalos que no son materiales, esos que se llevan adentro, bien adentro. Los mejores regalos, me atrevo a decir. Y esta vez me regaló una regresión que hace tiempo estaba esperando; y lo hizo en el momento justo. Cuando más me aboqué a redescubrir mi corazón es cuando nace un nuevo encuentro con esos que desde chico me dijeron "Y ahora sólo un camino he de caminar, cualquier camino que tenga corazón". Y allá voy. En camino a San Pedro, en camino a un encuentro, a una sensación única y pura como sólo La Renga puede hacer sentir. Porque cada recital suyo tuvo para mí un componente extra, una cuota de magia. La magia del primer gran recital, la de la caminata eterna desde Parque Patricios, la vuelta a las canchas... Viajes únicos, de los que rescato sólo tres momentos preciados. Mañana será tiempo de un nuevo encuentro, entre lo que me gusta y lo que no, lo que estoy de acuerdo y lo que no, pero como de costumbre, caminando uno de los pocos caminos que tienen corazón. Ahora los dejo y me voy como siempre, como me gusta...Hablando de la Libertad.
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Mauro Fernández
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19:48
lunes, 24 de noviembre de 2008
CIII
Este fin de semana estuvo empapado de Joaquín. Inflamable, tanto por el whisky de Atilio personificándolo como pocos, como por todas esas últimas curdas que el verdadero poeta supo escribir. Mi hígado no fue a quién le tocó soportar, vivió en paz; más si mi corazón tuvo sensaciones fuertes que conocer. Desde la magia de los acordes, hasta la de la vida y los instantes. Las relaciones más cercanas de un mundo verde que volvieron a surgir en la intimidad de un sábado por la tarde. La cama matrimonial, el aire salvador, Les Luthiers, Ismael y los corazones abiertos igual que en aquel viaje a Rosario, igual que siempre. Incluso, tal vez, un poco más. Felicidad espontánea, para darle paso nuevamente a Joaquín. Los sueños y los anhelos que despertó. Viajes de nostalgia, tanto para atrás como para adelante. Y después un nuevo sueño ya soñado por quién decidió bajarse en Atocha. Un dejavú precioso, de esos que parecen no terminar nunca. Y así entre sueños, sabinas y dejavús, no elijo 300 años de paraísos ajenos. Prefiero 17 noches eternas, inmortalizadas en mí, para siempre.
"Sabes mejor que yo que hasta los huesos..."
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Mauro Fernández
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15:25
sábado, 22 de noviembre de 2008
CI
Seamos amigos del alba. Sentados eternamente a años luz, pero despertando con él, dejando que sea artífice de nuestras primeras sonrisas. Viendolo allí, tan inconmensurable y lejano, es uno de los instantes más mágicos que lo celestial supo concebir. Pero así como lo vemos en línea recta con la arena de las playas, también podemos ver un amanecer distinto en nuestro interior. Yo prefiero el amanecer a las puestas del sol. Aún así me mudaría a ese asteroide que sonríe para ver centenares seguidos. Hoy no te hablo, prefiero hablar de vos o de todas las demás. Ella es el alba. Es lo que llevo adentro, pero veo a años luz. Es cada uno de los amaneceres. Quizás deba ser menos inquisidor pero soy definitivamente un pendejo de mierda. Y es por esa simple "razón", o ese simple sentimiento, que nunca, pero nunca, voy a dejar de caminar hacia el horizonte. No olvido aquel "ya nos veremos caminando juntos por el horizonte". Es la ataraxia pacificadora de la contemplación. Es ver amaneceres, hasta que un día, seamos parte de él.
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Mauro Fernández
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14:15
viernes, 24 de octubre de 2008
LXXIV
La amistad entre el hombre y la mujer no existe. Es así, y en este caso soy el fucking dueño de la verdad. Wanna know why? Porque esa pseudo amistad es absolutamente susceptible a corromperse, y todo ente corrompible, no es digno de ser llamado como tal. Punto. Más allá de que haya distintos tipos de relaciones, unas más juguetonas que otras, y de que se mantenga una línea de mutuo disfrute pasivo, si esa puerta se abre tomamos la casa en cuestión de segundos. Y ésto es aplicable a todo y todos (a todo, y todas). No ocurre por obligación sino por humanidad. Pero al saber que también la puerta puede permanecer eternamente cerrada, es imprescindible saber disfrutarse desde un costado momentáneo, trivial. O vivir sumido en la constante fluctuación entre la vorágine de los recuerdos y la vehemencia de los deseos.
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Mauro Fernández
a las
12:55
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