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viernes, 27 de noviembre de 2009
CCCXCVIII: City Tour (¿11?)
No. Siempre me dolieron los finales abiertos, pero aprendí a imaginarlos. A que la historia estará preescrita, pero no en este mundo; no en mi mundo. Hoy triunfa el desafío de Paloma, que se animó a ponerle un final a un cuento tan ajeno como propio. Una Paloma que lo hizo carne, y vivió una experiencia interna viéndose de afuera y no cerrando la puerta. Para ella, el regalo de mi final, como un saldo de cuentas que no llegó como se esperaba, sino como nadie dictó. Para ella el cierre preciso y perfecto. Para aquel que su inquietud no le dicte conocerlo, será cuestión de esperar a que en algún momento, el cuento se publique íntegro. Para el inquisidor, basta un pedido. Gracias y hasta la próxima!
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Mauro Fernández
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5:15
jueves, 26 de noviembre de 2009
CCCXCVI: City Tour (10)
Avergonzado de sus silencios y su torpeza, Víctor sólo pudo volver a imantarse a la ventana, dejar caer el rocío de su cobardía por la mejilla derecha, y resignarse a la incesante repetición de sus errores. Pero no, no esta vez. Esta vez era distinto, y el puente estaba tendido, él lo presentía, confiaba, pero no tenía el valor. Tomó coraje y cerró los ojos, preparando la artillería de flores y los más dulces poemas jamás soñados, cada adjetivo perfecto, cada gesto. Y al cerrar los ojos se supo capaz de comenzar por preguntarle su nombre, seguir bromeando sobre su timidez y terminar de escribir el libro de sus vidas en la órbita de un astro compartido. Era ahora o nunca, el horizonte y sus puestas del sol, los puentes y la alevosía de su sonrisa para enamorarlo. Lo sabía y confió. Giro súbitamente su rostro y al abrir los ojos (...)
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Mauro Fernández
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11:00
miércoles, 25 de noviembre de 2009
CCCXCV: Impasse del City Tour (NdeR)
No quiero. No, me niego a publicar la entrada que correspondería hoy a City Tour, a ese bang bang que es el punto final en el pecho de Víctor. Esa húmeda y cruel caída al baboso asfalto del empedrado. Lo quiero allí, hilvanado entre sus labios en un abrazo inquebrantable hasta el primer destello del alba. Y si soñaste tanto como él, si alguna vez viviste el deja vú más parecido al amor y se te escurre por los dedos, si sabés que el palo a la cabeza viene certero y contundente, despertá! Despertá y animate, no la dejes ir. Víctor, por favor, no la dejes ir...
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Mauro Fernández
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10:39
martes, 24 de noviembre de 2009
CCCXCIV: City Tour (9)
Tras el golpe, Víctor viró su mirada y la encontró hablándole, tendiendo un puente entre ellos que el importunio de un rapto de torpeza al girar la página había forjado y ya nada podría romper. Sus miradas se cruzaron hasta el amanecer, se acariciaron, se entregaron y se soñaron vivas esquivando solitarias pesadillas. Las estrellas comenzaron a caer, las luces de Buenos Aires se extinguieron como la exhalación póstuma del alma mientras la luna llena iluminaba el Edén de su abrazo. Destellos fulgiendo sobre sus rostros, el viento elevaba sus cabellos y la nuca débil que les hacía de sostén, se arqueaba entregándose a sus besos. La entrega absoluta, desfachatada, real e impertinente. Todo fue perfecto hasta aquella frenada repentina que le golpeó la cabeza contra el caño de la puerta y lo hizo caer a la realidad.
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Mauro Fernández
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1:56
lunes, 23 de noviembre de 2009
CCCXCIII: City Tour (8)
Del morral que pendía de su hombro, sacó un libro de poesía, de tapa barroca y artesanal. Se entregó al mundo de sus páginas ya amarillas de contar historias y romper corazones, y con una leve sonrisa dibujada, se escapó hacia otros veranos. Pasaban cuadras, paradas, pasajeros. Pasaba el tiempo y su compañía inigualable, y no había forma de despegarla de su libro que, claro, él no había visto. Con la mirada clavada en el afuera –que no era otra cosa que su miedo más profundo-, juntaba valor a cuentagotas y rompía el dique con cada pensamiento de rechazo. Mientras el retrovisor olvidaba la intersección de Bolivia y Juan B Justo, Víctor sintió un codazo en las costillas que lo hizo estremecer. La risita inocente apenas emitió sonido, casi al mismo tiempo que su voz de niña eterna, con el vibratto etéreo de sus sagradas cuerdas vocales, dijo: “Disculpame, siempre tan bruta”.
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Mauro Fernández
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13:09
domingo, 22 de noviembre de 2009
CCCXCII: City Tour (7)
Su sueño eterno venía caminando con determinación hacia él, y no vacilaba en un solo paso. La miró a los ojos, volvió a tragar saliva lubricando vanamente las palabras que jamás diría y bajó la cabeza corriéndose como imantado hacia la ventana, soplando el castillo de naipes que su mente ya había construído. Su mundo entero padeció un fusilamiento hostil. La cobardía, eterna verduga de cada uno de sus entierros, se enaltecía y clamaba por más poder desde su indiscutido rol de mando. Por más que lo intentase con todas sus fuerzas, era imposible para Víctor girar la cabeza –o siquiera sus ojos- sólo cuarentaicinco grados a la izquierda. Nada pedía, nada esperaba, más que inmortalizar ese perfil en su retina, observar cada dulce recoveco de sus oídos, la longitud precisa de sus pestañas, el ángulo de su olfato o el diámetro de su barbilla. No había caso. A fin de cuentas, el consuelo habitaba en ese mínimo detalle, no fuera a enfrentar sus verdaderos anhelos. ¿Cómo se le ocurriría jamás a un hombre soñarse durmiendo entre el volumen perfecto de sus labios, o perdiéndose en la profundidad de sus ojos de miel? No tendría el tupé.
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Mauro Fernández
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21:29
sábado, 21 de noviembre de 2009
CCCXCI: City Tour (6)
Divisó esa fila de cinco que da punto final a la masa de voluntades transportadas con rumbo fijo y recorrido establecido, y hacia allí se dirigió con un andar que oscilaba entre lo principesco y un vuelo de hadas. Víctor, atónito, la observaba como el reo liberado que vislumbra una puesta del sol tan mágica como olvidada. La miraba, perdido en sus caderas inquietas que parecían liderar una danza chamánica y lisérgica, mientras sus sentidos bailaban de emoción. Bailaba el corazón en llamas, los puños apretados, el impiadoso bajo vientre tan promiscuo en el amor. Bailaba el futuro sobre la cornisa de lo próximo y alcanzable, de la valentía que requiere entregarse al propio destino. Bailaban las estrellas y el azul del cielo; bailó el pasado escurriendo las nubes de otros tiempos por sus pestañas.
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Mauro Fernández
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18:27
martes, 17 de noviembre de 2009
CCCLXXXIV: City Tour (5)
Todo parecía adquirir una nueva dimensión; hasta el chofer que minutos atrás había maldecido con furia a una anciana que tardó en subir sus patitas trajinadas al bus -a esa misma que ahora seguramente lo había olvidado e invertía sus segundos en la minuciosa lectura del folleto de la óptica-, ahora sonreía con labios arqueados de amor. Ella, ya habiendo tomado el boleto, lo colocaba lentamente entre sus labios, acariciando con el papel la ternura de su comisura izquierda, mientras guardaba el vuelto en la billetera. Nadie será capaz de explicar por qué entre tantas ventanas libres y asientos solitarios, eligió descansar su divina humanidad junto a nuestro protagonista. Sería tal vez demasiado obvio que el único asiento libre fuese el contiguo a Víctor, por lo que entre la obscenidad de lo tradicional, como teniendo el futuro en sus manos, eligió regalarnos una historia.
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Mauro Fernández
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20:33
viernes, 6 de noviembre de 2009
CCCLXX: City Tour (4)
Los espejos magnéticos de la entrega repentina insurreccionaban en su mente y oía el corazón disparando al cielo como la columna revolucionaria que toma La Habana y libera a sus pueblerinos. Mientras ella abría sutilmente su puño acariciando cada moneda, último mimo antes de despacharla a la fosa común del despojo, el chofer sonrió. La señora del asiento de adelante leía con mirada triste y perdida el folleto de una óptica, y la pareja de atrás se mataba a besos contra la ventana semiabierta, de cara a la luna. Todo había vuelto a moverse, pero en distinta dirección. El cuadro repentinamente tomó colores no soñados, sacros violáceos que fulgían a cada instante, y ya no era ella el epicentro del sismo interno, sino su único horizonte.
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Mauro Fernández
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13:18
miércoles, 7 de octubre de 2009
CCCXLIII: City Tour (3)
Deseó férreamente el fin de los tiempos cayendo sobre él como la más despiadada guillotina; era imprescindible en aquel momento que su mente estuviese diametralmente opuesta a su corazón. Creía oír el sutil giro de aquellas monedas ingresando a la máquina expendedora como si todo –incluso el caprichoso empedrado de la avenida- se detuviese por un instante y sus sentidos se fundiesen con una sola mujer. Aún así, su vista se había desviado como la extremidad imantada que descubre un polo símil del cual huír.
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Mauro Fernández
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3:32
miércoles, 30 de septiembre de 2009
CCCXXXVIII: City Tour (2)
El corazón le salía del pecho, la saliva inquieta jugueteaba en su laringe y Víctor sólo culpaba al empedrado de una Triunvirato que aún mantenía el aroma arrabalero de otras horas, por todo aquello que nunca tendría el valor de enfrentar. El ring prohibido, la batalla del nunca jamás. Y él, victorioso; con la victoria fingida de los que abandonan.
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Mauro Fernández
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0:19
domingo, 20 de septiembre de 2009
CCCXXVIII: City Tour (1)
"Pero la tolerancia de su recuerdo en el panteón del pasado hubiera sido la oscura, irrefutable prueba de que Laura lo había olvidado verdaderamente y para siempre"*. Víctor se encontraba en cada frase, cada punto final. Cerraba el libro tras mirarse al espejo de la palabra y cruzaba el puente para ahuyentar la penumbra de las páginas ya leídas. Tras un suspiro sordo y pausado, levantó sutilmente la cabeza en dirección al futuro. Entonces, entre la incolora muchedumbre atiborrada junto a la máquina expendedora de boletos, se maravilló encontrando al amor de su vida.
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Mauro Fernández
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20:56
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