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lunes, 19 de octubre de 2009

CCCL: Crossroads

¿Y qué hay de nuestras sonrisas? Si, el tiempo pasado, pasado está; pero ¿qué hay de las sonrisas? Mirarnos a los ojos y ver el hartazgo, el cansancio, la pared viniendo otra vez contra nuestra frente, y aún así seguimos firmes. ¿Pero por qué esa mirada contracturada, como atajándose ante la embestida? Hermanados en un ciclo incesante, hoy los ojos son ajenos, pero estamos. Estamos siempre y pase lo que pase, aparecemos -como por arte de magia-. Vos, yo, los demás. El bendito problemilla de los demás. Y como todo está íntimamente relacionado aunque al ojo común se vea antagónico, me permito regalar palabras de otro tiempo-espacio, comprobando fehacientemente que el amor es el camino y que está por doquier. No seas la madre de lo que no fué, se la hija de todo lo que es y lo que será. Crossroads...

domingo, 13 de septiembre de 2009

CCCXXII: Aquel primer amor

El domingo toma aires ibérico-peninsulares, ritmos andaluces, vozarrones experimentados en ajetreos del corazón. Y al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Menos, sabiendo que ella se acuerda de quererte cada dos años. Pero de vuelta, haciéndose presente y reivindicando todo espejismo. Abrazándola y sintiéndola cierta, aunque sus páginas hayan sido leídas en cátedras de un tiempo ausente. Fuimos desde la inocencia, equilibristas del cordón de lo eufemístico; del florecer de eternas primaveras. Aquel puente bajo un sol verde, vacacional, hoy embiste de frente las formas moldeadas por los palos constantes, entrometiéndose en las ruedas de nuestra bicicleta paralela. Me odio por no estar en forma; me recrimino el saber que no puedo darte, quizás, otro brillo que una compañía repetida. Quisiera redescubrirme, para transitar entre sonrisas este paréntesis de miradas reencontradas.

miércoles, 17 de junio de 2009

CCLXI: Nos veremos otra vez...



Aunque te abraces a la luna,
aunque te acuestes con el sol.
No hay más estrellas que las que dejes brillar,
tendrá el cielo tu color.

No estés solo en esta lluvia,
no te entregues por favor.
Si debes ser fuerte en estos tiempos,
para resistir la decepción
y quedar abierto mente y alma,
yo estoy con vos.

Si te hace falta quien te trate con amor.
Si no tenés a quien brindar tu corazón.
Si todo vuelve cuando más lo precisás,
nos veremos otra vez.

No estes sola en esta lluvia,
no te entregues por favor.
Si debes ser fuerte en estos tiempos,
para resistir la decepción
y quedar abierta mente y alma,
yo estoy con vos.

Si te hace falta quien te trate con amor.
Si no tenés a quien brindar tu corazón.
Si todo vuelve cuando más lo precisás,
nos veremos otra vez...

martes, 2 de diciembre de 2008

CXI

Hoy sentí, irrefrenable, la vehemecia de la nostalgia hacia adelante. Vi mis pies descalzos suspendidos, firmes, en el epicéntrico punto de quiebre de la historia urdida por vestigios pasados, acciones presentes e incertidumbres futuras. Un punto que puede ser vivido u olvidado. Interceptado o admirado. Enaltecido o añorado. La constancia ilógica de un miedo imbécil y pusilánime, por ser miedo antes que realidad. Por el incauto y prematuro temor a perder lo que siquiera nos pertenece. Enemigo íntimo, hermano de cama, besos, latidos. Compañero de viaje. Abrazo tus entrañas que son mías y te miro con ojos de adiós. Piernas juveniles e irreverentes, corriendo blanca fragata que zarpa. Convirtiéndose en artífices de la entrañable transparencia, de la querida presencia de mi ser. Ver al Sol Padre, reflejándose en océanos de incertidumbre y ver entonces, sólo entonces, un rostro auténtico y conocido. Inefables emociones se aglutinan en mi pecho que nunca deja de sentir. Abro los brazos e inundo un poco más el mar. Sólo un poco más. Miro al cielo y sonrío, fulgente y contagioso. Muero decidido y lentamente. Confinando mi presente a un nuevo amanecer. Ojos muertos llenos de vida, sonrientes y mirando al sol, ojos del ayer, ojos del mañana. Que amar es morir, que morir es poder y poder expresarme es también morir, pero de pie.

domingo, 5 de octubre de 2008

LV

Por más escéptico que uno sea, los reencuentros pueden ser de inimaginable satisfacción. El simple hecho de compartir una charla que nos debíamos hace tiempo con un viejo amigo (de esos que te entienden aunque haga años que tu nombre no aparezca en su Caller ID), me hizo sentir más en casa que muchas otras veces. Pero no digo en casa refiriéndome al ente inerte de cuatro muros y techo a dos aguas que puedan visualizar, sino en casa en mí mismo. Sabiéndonos ambos uno solo, sabiendo a los demás esenciales compañeros de ruta en el mismo todo, más allá de que su rumbo predilecto sea drásticamente inverso al nuestro. Bros, inmersos en una fucking lie. Y hablo en un persistente spanglish, para hacer inapié en esa burguesa intelectualidad tan debatida el día de hoy, y más allá de lo tanto más bondadosas que resulten ciertas expresiones anglosajonas. Nos repetimos doctrinas ajenas para reafirmar el escepticismo y la desazón que sentimos ante lo que nos rodea. Casi sin discutir, nos convencimos. Así supimos por ejemplo, que la terapia es un jabón existencial, y que la vida es un ininterrumpido e infinito zapping televisivo.