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sábado, 6 de diciembre de 2008

CXIII

Fuera de cualquier tipo de fetiche sexual o de otra índole, afirmo rotundamente que hay pies con los que prefiero no cruzarme. En estos corrientes tiempos veraniegos, todos salen a relucir con honra el punto más austral de sus cuerpos, como si los demás estuviésemos expectantes de tal grado de exhibicionismo. A grandes razgos, creo que sólo un 7,5% de los pies que vemos en el subte, en la calle o en los colectivos, son dignos de ser mirados. Con el restante 92,5%, sinceramente no me sentaría ni a tomar un café. Mucho menos los metería en mi cama o me metería en las suyas. Cuenta la leyenda materna, que años atrás, ante un cartel publicitario con una mujer semidesnuda en la playa, sólo atiné a espantarme al grito de: "MAMÁ, ¡¡SE LE VEN LOS PIES!!". Gracias a Dios (si éste efectivamente fuese el padre de la creación en su totalidad), hay algunos que son únicos, hermosos y que merecen nuestro amor y nuestro cuidado. Esos que quizás, descuidados, no caminan, sino reptan por el asfalto porteño y se desnudan al llegar a la paz hogareña (o no tanto). Es por ellos y sólo por ellos, que hoy levanto mi copa y brindo. Por que terminen en paz este 2008, sigan andando con esa gracia y resplandeciendo a cada paso. Al 7,5%, a ese par, a los únicos... ¡salud!

lunes, 24 de noviembre de 2008

CIII

Este fin de semana estuvo empapado de Joaquín. Inflamable, tanto por el whisky de Atilio personificándolo como pocos, como por todas esas últimas curdas que el verdadero poeta supo escribir. Mi hígado no fue a quién le tocó soportar, vivió en paz; más si mi corazón tuvo sensaciones fuertes que conocer. Desde la magia de los acordes, hasta la de la vida y los instantes. Las relaciones más cercanas de un mundo verde que volvieron a surgir en la intimidad de un sábado por la tarde. La cama matrimonial, el aire salvador, Les Luthiers, Ismael y los corazones abiertos igual que en aquel viaje a Rosario, igual que siempre. Incluso, tal vez, un poco más. Felicidad espontánea, para darle paso nuevamente a Joaquín. Los sueños y los anhelos que despertó. Viajes de nostalgia, tanto para atrás como para adelante. Y después un nuevo sueño ya soñado por quién decidió bajarse en Atocha. Un dejavú precioso, de esos que parecen no terminar nunca. Y así entre sueños, sabinas y dejavús, no elijo 300 años de paraísos ajenos. Prefiero 17 noches eternas, inmortalizadas en mí, para siempre.

"Sabes mejor que yo que hasta los huesos..."

sábado, 25 de octubre de 2008

LXXV

Los fines de semana tienen la magia especial de la inutilidad. Uno es so useless, que puede perfectamente sentarse a mirar crecer las plantas durante todo el Sábado, y no sentir al segundero martillando sobre su cerebro. Sin embargo, muchos prefieren martirizar su paz interna convirtiéndose así en victimarios de un desasociego cruel. Creo que muchas veces nos gusta tener a mano un buen detonador de sueños. Infinitas otras, exhibimos al mundo nuestra devoción por el rock'n roll en lo más amplio de su expresión. Así y todo, aún yendo hacia ninguna parte, debemos mantener el camino. Seguramente, esto se deba a lo fervientemente gallego, terco y caprichoso que le toca a mi apellido, pero creo que cada cual tiene su ruta. Y qué mejor que el hecho de saber que cada uno de ustedes, junto a mi mismo, hayamos encontrado nuestro único, intransferible e insensato camino. Ya lo dijo León: Busquense, se encontrarán. O algo así.