viernes, 12 de septiembre de 2008

XXIX

A veces ni quiero escuchar a Joaquín, cantando aquello de "y hubo tanto ruido, que al final llegó el final", ya que más allá de su posible acierto, hay días en los que quiero creer en la sordera voluntaria. Quedarnos sordos de un reiterado tormento emocional, puede ser un tanto absurdo si no hay en que creer, pero una causa noble no se abandona por meras dolencias individuales. El corazón es epicentro de sismos relacionales, pero nunca (¡jamás!), es la superficialidad lo que determinará la crónica de una muerte anunciada. ¿Estructuralismo? ¿Determinismo? No lo sé. Sólo creo fundamental, hurgar constantemente en los pilares que estructuran las conductas intersubjetivas que se manifiestan luego, haciendonos "elegir", "creer", "sentir". Consecuentemente, si estamos en combate por la supervivencia de alguna relación, debemos comprar tapones para los oidos, y situarnos en ese lugar tan recóndito y subyacente a lo cotidiano, para poder tapar la pérdida de gas, antes que ese todo irascible. explote ante la más mínima chispa.

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