domingo, 21 de septiembre de 2008

XL

No quiero dejar de darle la bienvenida, en un día tan apacible como éste, en el que recibimos, expectantes, a la estación más alegre y colorida. A esa primavera que es anfitriona de un descomunal festín dionisíaco, que se da lugar en cada parque, en cada casa, en cada calle. Un festín en el que parece primar la amistad, el amor, el sexo, las drogas y el rock and roll. Y Dios mío, que mundo increíble podemos imaginar cada 21 de Septiembre. Es un Woodstock constante y paralelo, en cada esquina. Nos olvidamos de la crisis en Bolivia, del Club de París, de Wall Street, del campo y de la familia Kirchner. Nos olvidamos también del obrar de Al-Qaeda, del trístemente célebre re-accionar estadounidense, del hambre, de las condiciones paupérrimas de vida en África, y de todo tipo de dolencia social o espiritual que deban cargar nuestros hermanos, como cruz en sus espaldas. Pero no está mal, el problema es la hipocresía. Nos exhibimos como seres sociables, enérgicos y sonrientes, porque "ese es el espíritu de la primavera", cuando en realidad estamos olvidando penas ajenas. Caemos también en el flagelo de la autodestrucción en varias oportunidades, nos dejamos llevar por mandatos establecidos por todos aquellos que nos venden un amor que no es más, que la circunscripción de la lucha y los algoritmos sociales.

Por tanto, quisiera darle una esplendorosa bienvenida, a esa primavera que sabe ser momento propicio de lanzamiento, para las más variadas e ingeniosas campañas de profilácticos. Y menos mal que lo hace. Con la incontable cantidad de orgías, rebosantes de gente haciéndole el amor a la ignorancia y a la hipocresía; el forro es una buena prevención para no contagiarse.

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