viernes, 26 de septiembre de 2008

XLVI

Hoy cambié mi cepillo de dientes. Pero no porque la relación se hubiese desgastado por algún motivo, sino porque en un acto de torpeza y somnolencia, aventé su físico existir al inodoro. Si, me confieso, tiré completamente nuestra relación por el inodoro. Al recogerlo, y a fin de darle un digno funeral en la bolsa de la basura, le repetía suavemente: -No sos vos, soy yo-. Sorprendido y razonablemente ofendido por mis actos, decidió no contestar. A los pocos pasos, ya estaba enterrándolo en el olvido, abriendo un paquete, y eligiendo a un nuevo cepillo, verde y resplandeciente. Aún no puedo explicarme cómo es posible superar una ruptura semejante (fiel por naturaleza y de un vínculo cotidiano y constante), en tan sólo unos pasos, y dejar atrás todo aquello compartido. Si tan sólo las relaciones humanas fuesen un poco como los cepillos de dientes, todo sería más fácil.

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