lunes, 9 de noviembre de 2009

CCCLXXIII: El equivocado

Mirarse al espejo puede ser una linda manera de creerse auténtico. La imagen real y concreta que refracta el vidriado, se inyecta mucho más profundo que el iris de nuestros ojos y penetra en cada una de nuestras ideas, quizá haciendonos creer en lo cierto. 

Mirar alrededor, puede ser una linda manera de creerse hermano. Hermano de un todo más amplio, de un espectro hermoso e inconmensurable que excede las actitudes humanas, la cultura de la invención y los establishments indiscutibles.

Mirar adentro, puede ser una linda manera de creerse a la deriva. De desconfiar hasta de las propias acciones, con el convencimiento de que cada guiño llega por orden celeste más no por la voluntad propia del ser. Un árduo camino de superación espera en el horizonte.

Mirarse al espejo con la intención de ver bien adentro, sin salir de un contexto determinado en el que nos erigimos como figuras auténticas y hermanas a la deriva, es una linda forma de reconocernos equivocados, y asumir que nuestra verdad suele faltar el respeto al orden existencial y específico de cada una de las cosas.

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