jueves, 25 de diciembre de 2008

CXXXII

Inocentes lucecitas alumbrando nuestros pasos y endulzando nuestro andar, se cuelgan de las ventanas de los nuevos rascacielos, de las antiguas casas bajas y trepan hasta lo más alto de los pinos que alberga nuestra hermosa y navideña ciudad. Suponen encender ilusión, gestar algún tipo de sueño incandescente en las neuronas apagadas de un pueblo que no da más. Se cuelgan de los árboles más altos, y anuncian así la llegada del benefactor de los creyentes, del padre y emperador del imperio de la ignorancia. Los espejos reflejan sus colores, pero ciertas mentes saben captar que esas luces no alumbran, sino que su razón de ser es el simple hecho de encandilar ojos con sed de verdad y cegarlos por siempre, haciendo invisible la mentira que se esconde tras ellas. Una historia que ya por tradición se contradice. Una conmemoración, un nacimiento, un sincero recuerdo de un bebé salvador, un Padre de los afligidos y de los soñadores, un comienzo y un final para dos eras, para dos formas de pensar radicalmente distintas. Por otro lado, existe un invento ya gordo de tragar vanidades y de alimentarse del bolsillo ajeno, un festejo inconsciente, miles de muertos alrededor del mundo, y el inefable e infame mercado de la fe, que sigue su marcha firme junto a ciertas ideologías que satisfagan sus deseos de ambición y que puedan  cumplir con las prioridades de sus mandatos. Hay por detrás de toda institución, un símbolo de verdad, una idea que seguir, pero siempre, la institución se corrompe, la idea se tergiversa y se utiliza para el beneficio de los peces gordos, para quienes ya se está forjando una celda en el infierno. Sin embargo, por delante de todas estas humildes y sanas atrocidades, de esta inmensa mentira y de una  traición que el mismísimo hijo y padre nunca perdonará, se encuentran colgadas aquellas lucecitas, tan adorables, por cuya simple observación, muchas mentes se sienten tranquilas, y se les transmite paz... Pero para otras, se resalta la ira de una idea que aún no se concretó, pero que pide a gritos alguien que la lleve a cabo.

No hay comentarios: