martes, 9 de diciembre de 2008

CXV


No quiero escribir. No quiero leer lo que escribo ni pensar en eufemismos pelotudos para decir lo que tenga que decir, que honestamente, es bien poco. Me encanta, pongo Floyd y todo se vuelve tan liviano... flota. Incluso mi estabilidad sensorial y mental. Los colores se mezclan y escribo con los ojos cerrados en la nube de magia que es el segundo solo de Gilmour de Comfortably Numb. Espero estar pegándole a la tecla correcta porque sino todo sería un desastre y ustedes no entenderían nada. ¿Importa? Si de todas maneras quizás no entienden nada, igual que yo, igual que todos... Los ojos blancos, la euforia pasada, el éxtasis de aterrizarse en un vuelo. Los gusanos... ¡¡LOS GUSANOS!! Váyanse, vuelvan, salgan, entren, ¡Hijos de puta! ¡Los amo! Llega el final y me cago en las circunstancias. Acá soy Dios, yo mando. Un botón y empezás de vuelta, donde yo quiero, como yo quiero. Si, no quiero escribir... Hoy no.

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