sábado, 20 de diciembre de 2008

CXXV

Mirando hacia atrás llego a la única conclusión de que nunca tuve "amores que matan", ya que todos murieron. Quizás alguno simplemente mutó de forma, pero la distancia se empeñó en erosionarlo al punto tal de condenar al olvido al sentimiento más puro. Es un vicio común a muchos, eso de andar deambulando por amores trabajados o repentinos, buscados o encontrados, aprendiendo de cada una de las frustraciones que el desamor nos regale. Y digo desamor porque cuando se ama en realidad, no se des-ama. Creo que es el único sentimiento tan eterno y tan mágico, que ante la posibilidad de no poder realmente encontrarlo en nuestras vidas, terminamos tergiversándolo y llamando amor a cualquier indicio de apego físico o espiritual con alguna persona. Sea como sea, los tiempos cambian y tal vez me hagan abandonar la racha. O quizás, siga aprendiendo de cada link sentimental que me toque en suerte. En mala suerte.

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