miércoles, 13 de agosto de 2008

XIII

Entre disputas, frustraciones y encontronazos, fui erosionando mi capacidad sensorial, exquisitez sólo apacible en busca de la ataraxia. No sentir, para ser. Lo peligroso, sin embargo, es perder la integridad del ser, desequilibrados al no sentir absolutamente nada y perdiendo el juicio de la discriminación entre lo auténtico y lo impuesto. Tal vez haya hundido mi alma en las nubes cegadoras de la angustia, del inconformismo y la crítica egoísta, pero el amor, oportuno como pocos, descubre el velo del caminar y traza risas y sonrisas que se funden con la mente concibiendo percepciones caleidoscópicas e inimaginables. Desdibuja el mundo. Pero no para entorpecer las miradas, sino para descubrir sus misterios, ocultos en lo empíricamente estructural. Y así, buscando respuestas en lo desconocido, tal vez hallemos una respuesta para las miserias mundanas que a todos nos afectan directa o indirectamente (¡no caigamos en la pusilanimidad de saltar sólo cuando nos meten el dedo en el culo!).

Hoy cambié el mundo, mi mundo. Y se lo agradezco al equilibrio que floreció de quien dio el puntapié inicial. A aquel maldito amor, que tanto miedo da.

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