domingo, 10 de agosto de 2008

IX

Hojas, pequeñas hojas. Resplandecientes en primavera, y rebosantes de clorofila, gracias a las bondades de nuestro Sol, padre. Tristes, machacadas y compungidas en los vendavales otoñales. Cayendo, sin fuerzas para resistir aferradas al árbol que nos dio la vida. En el verano, castigadas por los sofocantes rayos del sol y, en invierno, por el incesante y acaparador frío que descuida. Sólo frágiles hojitas. Desde niños, hasta siempre. Desde el más débil, hasta quién se sienta omnipotente. Por siempre hojas, a la merced del viento. Por siempre así, gracias a Dios.

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