viernes, 17 de septiembre de 2010

DLXXIX: Nos. Otros.

Lo prescindible del ajeno, la propiedad adquirida. Un pacto de voluntades desarraigadas de la mera presencia del individuo prójimo que lo ignora o lo reemplaza. Los caminos paralelos, sin rotondas ni cruzadas. Las barreras que seducen, la otra cara, su mirada. Las visiones del alcohol que se entremezclan con un alba redundante en luminarias, siempre vasto en lapidarias. Lapidaria de ser uno, siempre el otro y tan lejano. De uno mismo y del espejo, nuevos ritmos que se emplazan. Fundación del sinsabor, de amalgamar un anagrama, que entorpece las certezas de mirarte y ver tu cara (de mirarla y ver su cara). Despedidas de un final que nunca acaba por su fama, que eterniza y encarniza las victorias de la nada; y en un llanto devenido en tierno abrazo, estoy en casa.

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