jueves, 28 de abril de 2011

DCIX | Volvió el blog, volvió con todo

Tengo ganas de escribir. De plasmar, de plantear. Quiero dar vuelta aquello ya establecido que, por una u otra razón, me resultaba cómodo y constante. Este nuevo-viejo lugar, es el bunker de mis locuras, de mis reproches, castigos y esperanzas. El lecho de mis desasosiegos. Formas que se reedifican, palabras que se hacen más -o menos- complejas, entradas más largas. Imágenes, fotos, videos; de todo un poco, si hace falta.

Cambio porque otras estabilidades me dan felicidad. Cambio porque hace falta cambiar y probar, para que la costumbre no esclavice y los imperios de las formas tiriten bruscamente de un cimbronazo sentimental. Cambio, seguramente, porque este cambio es espejo de otros más grandes que me han llevado hasta la lágrima melancólica de lo que ya no será. Porque este cambio no influye en tu dieta, en tu libertad, en tu solidaridad.

Estoy con ganas de que el anónimo o el no tanto aporte, escribaa, comparta, putee con bronca. Con ganas de que te suscribas en el casillero de acá arriba y leas Egosincracia por donde fuera que estés. Deseo fervientemente que edifiques toda esta anarquía interna que mi alma padece -o disfruta-, entre lobos esteparios y burgueses acostumbrados que vigilan desde el panóptico de una escalera de Escher.

Bienvenidos a otra etapa. Puede durar un día, pueden ser 52 años. Pero el simple hecho de que sin fines haya principios es, por sí solo, un gran principio: ¿principio de incertidumbre? No. Principio de la certidumbre más nihilista jamás negada.


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