miércoles, 27 de abril de 2011

DCVII: Carta Abierta de diez Nóbel de la Paz contra la energía nuclear

La carta que se copia a continuación fue enviada a los siguientes gobiernos: Argentina, Armenia, Brasil, Bélgica, Bulgaria, Francia, Japón, Pakistán, Polonia, República de Korea, Eslovakia, Ucrania, Reino Unido, España, Suiza, Hungría, México, Holanda, Eslovenia, Lituania, Rumania, Sudáfrica, India, Finlandia, República Checa, Taiwan, Swiza, China, Canadá, Alemania, Rusia y Estados Unidos.



CARTA ABIERTA
26 de abril 2011
Para: Líderes Mundiales
De: Premios Nobel de la Paz

Los Premios Nobel de la Paz pedimos a los líderes mundiales que elijan las energías renovables en vez de la energía nuclear.

En el vigésimo quinto aniversario del desastre nuclear de Chernobyl en Ucrania –y más de dos meses después del terremoto y del tsunami que devastó a Japón– nosotros, los Premio Nobel de la Paz abajo firmantes, solicitamos que inviertan en un futuro más seguro y pacífico y que se comprometan a la utilización de fuentes de energía renovables. Es hora de reconocer que la energía nuclear no es una fuente de energía limpia, ni segura, ni barata.

Estamos profundamente preocupados por las vidas de las personas en Japón, que están en riesgo por la radiación nuclear en el aire, en el agua y en los alimentos como consecuencia del colapso en la central nuclear de Fukushima. Creemos firmemente que si el mundo abandona el uso que hace actualmente de la energía nuclear, las futuras generaciones de personas en todo el mundo –y los japoneses, quienes ya han sufrido demasiado– vivirán con mayor paz y seguridad.

“Veinticinco años después de Chernobyl, algunas personas dicen que las cosas están mejorando. Yo no estoy de acuerdo“, dice Mykola Isaiev, uno de los “liquidadores” de Chernobyl, personas encargadas de limpiar las consecencias del desastre. “Nuestros niños están enfermos por comer alimentos contaminados y nuestra economía se destruye”. Isaiev dice que puede identificarse con los liquidadores que ahora están trabajando en Japón. Al igual que él, probablemente ellos no se hayan preguntado tanto sobre la seguridad de la energía nuclear.

Consideren las palabras de un comerciante en Kesennuma, una de las ciudades que sufrió los mayores efectos del tsunami a lo largo de la costa noreste: “Esa cosa de la radiación es extremadamente temerosa. Está más allá de un tsunami. Un tsunami se puede ver. Esto no puede verse”.

La triste realidad es que la crisis de la radiación nuclear en Japón puede volver a ocurrir en otros países, como ya ha sucedido en Chernobyl en la ex República Socialista Soviética de Ucrania (1986), Three Mile Island en los Estados Unidos (1979) y Windscale/Sellafield en el Reino Unido (1957). Los accidentes nucleares pueden ser el resultado de desastres naturales –tales como terremotos y tsunamis–, así como también de los errores y la negligencia humana. Personas de todo el mundo también temen la posibilidad de ataques terroristas contra las centrales nucleares.

Pero la radiación no sólo está relacionada con un accidente nuclear. Cada eslabón de la cadena del combustible nuclear libera radiación, a partir de la extracción de uranio, y luego continúa durante generaciones, porque los residuos nucleares contienen plutonio que permanecerá tóxico durante miles de años. A pesar de años de investigación, países con programas de energía nuclear como Estados Unidos han fracasado en resolver el desafío de encontrar un almacenamiento seguro del combustible nuclear “gastado”. Mientras tanto, cada día, se está generando más combustible nuclear.

Los defensores de la energía nuclear deben enfrentar el hecho de que esos programas son los ingredientes para fabricar armas nucleares. De hecho, esta es la preocupación subyacente en lo que respecta al programa nuclear de Irán. Que la industria nuclear prefiera ignorar esta enorme amenaza en la búsqueda de energía nuclear, no significa que el problema desaparezca simplemente porque sea minimizado o ignorado.

También debe enfrentarse a la cruda realidad económica de la energía atómica. La energía nuclear no compite en el mercado abierto en contra de otras fuentes de energía, simplemente porque no puede. La energía nuclear es una opción energética exorbitantemente cara que generalmente es financiada por los contribuyentes impositivos. La industria nuclear ha recibido amplios subsidios gubernamentales –dinero de los contribuyentes– para la suscripción de la construcción, límites máximos de responsabilidad y seguros para la limpieza y los costos de salud. Podemos invertir más responsablemente este dinero público en nuevas fuentes energéticas.

En la actualidad hay más de 400 plantas nucleares en el mundo –muchas, en lugares con alto riesgo de catástrofes naturales o disturbios políticos. Estas plantas proporcionan menos del 7% del suministro mundial total de energía. Ustedes, líderes mundiales, pueden trabajar juntos para sustituir esa pequeña cantidad de energía con otras fuentes energéticas actualmente disponibles, de fácil acceso, muy seguras y baratas, para encaminarnos hacia un futuro libre de carbón y de energía nuclear.

No podemos detener los desastres naturales como el que acaba de ocurrir en Japón, pero juntos podemos tomar mejores decisiones sobre nuestras fuentes de energía.

Podemos eliminar gradualmente los combustibles fósiles y la energía nuclear e invertir en una revolución de energía limpia. Ya está en marcha. A nivel mundial, en los últimos cinco años, ha habido más energía procedente de la energía eólica y solar, que de las plantas de energía nuclear. Los ingresos globales de la energía solar, eólica y otras fuentes de energía renovables aumentaron un 35% en 2010. Invertir en estas fuentes de energía renovables también generará trabajo.

Las fuentes de energía renovable son una de las claves más importantes para un futuro pacífico. Es por eso que tantas personas en todo el mundo –especialmente los jóvenes– no están esperando que los gobiernos hagan el cambio, sino que ya están dando pasos en esa dirección por sí mismos.

Comprometernos a un futuro con menos carbón y libre de energía nuclear, permitirá a los países que se asocien y amplíen el movimiento ciudadano global creciente y cada vez más influyente que rechaza la proliferación nuclear y apoya a las fuentes renovables de energía. Le pedimos que se unan a ellos y que creen un poderoso legado que proteja y mantenga no sólo a las generaciones futuras, sino también a nuestro propio planeta.

Atentamente,
Betty Williams, Irlanda (1976)
Mairead Maguire, Irlanda (1976)
Rigoberta Menchú Tum, Guatemala (1992)
Jody Williams, EE.UU. (1997)
Shirin Ebadi, de Irán (2003)
Wangari Maathai, de Kenia (2004)
Arzobispo Desmond Tutu, de Sudáfrica (1984)
Adolfo Pérez Esquivel, Argentina (1980)
José Ramos Horta, Presidente, Timor Oriental (1996)
Su Santidad el Dalai Lama (1989)

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Publicado en el blog de Greenpeace Argentina.

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