martes, 17 de mayo de 2011

DCXX | Los caminos de la vida

Hace cuatro años, allá por el hoy lejano 2007, tomé una decisión. Luego de años de genuinidad e independencia absoluta, sin sentirme representado por nada ni nadie, ni partidos políticos, organizaciones estudiantiles, ni nada que se le parezca, llegué a la web de Greenpeace Argentina y decidí que Greenpeace hablara por mí.

Obviamente, no me iba a quedar callado –justo yo, con lo que amo hablar–, pero quise dar a esta organización que es mucho más que ecologista y profundamente independiente, el apoyo que jamás le había brindado a ningún otro tipo de agrupación. ¿Por qué? Porque les creí. Creí las palabras de la independencia política y económica, creí en la praxis como un objetivo primero y primordial para cambiar la realidad que vivimos día a día, creí en la militancia de todos aquellos que donábamos nuestro tiempo y nuestras ganas a una causa loable en pos del bien común.

Pero también se trató de una cuestión de descreimientos. Del escepticismo para con la política partidaria tradicional, la corrupción reinante, las tácticas oscuras y el engaño a la opinión pública para obtener un inalterable rédito político. El establecimiento de políticas públicas en función de la popularidad y de las encuestas, más que por lo que el país exige y necesita. Y por otro lado, la comprobación de que en ciertas políticas asamblearias se generan debates constantes por cuestiones ideológicas que nunca llegan a la práctica por morir en el dogma eterno. El “no” porque “no me cabe”, porque “son unos caretas”, porque “le hacen el juego a la derecha”, o porque “nuestro espíritu no nos lo permite”. Amo la estructura asamblearia, admiro el espíritu, pero necesito apremio para las soluciones que el país y el mundo exigen. Greenpeace fue la convergencia de mis creencias y mis escepticismos.

Hoy, las vueltas de la vida llevaron a que sea yo quien represente a Greenpeace en La Rioja, y me llena de orgullo saber que todo aquello que deposité, toda esa confianza, hoy se invierte y se vuelca sobre mí. Me carga de alegría en un momento en el que la Justicia demuestra que puede ser justa, en el que otros emprendimientos personales prosperan y avanzan. Esto es anecdótico pero memorable. Un día como hoy, una pequeña cosita que para muchos no es más que una “asignación de tareas”, para mí representó un simbolismo energético insoslayable. Para compartir algo parecido a esta alegría de comenzar a representar aquello que a uno tanto lo representa, no sólo en materia de militancia ambiental, sino también cívica y social, los dejo con un videito que me pasó mi amigo Pablo Bullrich, donde se ve la fuerza y la magia de los colores.

Ama y haz lo que quieras. Aunque a Mamerto le hayan choreado el bobo.

Optimist from Brian Thomson on Vimeo.

No hay comentarios: