lunes, 30 de noviembre de 2009

CDI: Ir por adentro, ir por afuera

Acabo de leer un comentario de un cumpa que rezaba la verdad tantas veces repetida de que con un Estado ausente, absolutamente todo es posible, incluso teniendo las mejores leyes. La Ley, el mandato absurdo de una democracia que no sabe regirse por ella, sino por el miedo. De una democracia que asusta e intimida por portación de rostro o por intransigente, pero a sí misma se vanagloria de Reina Madre, absoluta, justa y representativa. El dinero, como medio de hacer más -y mejor-, o como método de lucha: otra variable, jamás decisiva. El rol del tercer sector en la transformación de una realidad absoluta es necesario e ingerente, gracias a él podemos acercarnos a conocer -al menos de lejos- la palabra justicia o igualdad. Pero siendo parte institucionalizada de la máquina, difícilmente la quiebre más que no sea por su conveniencia individual. Es necesario generar por fuera, animarse a soltar el bolígrafo un segundo y empezar a escribir ideas nuevas con la otra mano. 

CD: Prefacio de un final esperado

Mientras aprendía estructuras de números romanos, rezaba que se tiña de sal mi diciembre de Uruguay. Que el charco quede corto y Colonia sea cápsula perfecta para un viaje al futuro. Siempre me cuestan las lucecitas de navidad, esas que desde su pequeñez anuncian la llegada de unas fiestas manchadas de ollín y fuego. Pero este año que termina es un placer, le estrecho la mano y lo invito al olvido. Gracias doy, más no al corriente, sino al tesón inquebrantable de las ecuaciones no resueltas. Esas que en el correr de los días encontraron, taciturnas, una leve brisa para respirar. 2010, bienvenida de gitanas y adivinas, de las cartas sobre la mesa, de la ausencia de certezas.

domingo, 29 de noviembre de 2009

CCCXCIX: Historias

Ligan las cuerdas de acero de esa guitarra cínica y dolorida. Embarca el navío perdido de Nunca Jamás con negro pañuelo, cómplice de sus travesías. Una mirada al pasado, la tabla tendida, el puente esperando. Tanta sal que curase sus heridas, tanto naufragio en tierra firme. Entre las cuerdas de acero, los cuentos soñados y las hadas en sus páginas, las villanías de aquel tirano y sedentario lado oscuro, eternas enemigas del pirata incansable. Vuelos sin alas, pólvora de rosas. Historias de alquimia vivencial. Oxímoron probado, sonrisa vengadora ante el rostro pútrido de lo tautológico. Vuela la ceniza de nuestros caídos, regalando sus plegarias. Que el niño nunca crezca, que el náufrago no haga puerto. Que no alcancen los finales felices. Que la historia se escriba en presente.

viernes, 27 de noviembre de 2009

CCCXCVIII: City Tour (¿11?)

No. Siempre me dolieron los finales abiertos, pero aprendí a imaginarlos. A que la historia estará preescrita, pero no en este mundo; no en mi mundo. Hoy triunfa el desafío de Paloma, que se animó a ponerle un final a un cuento tan ajeno como propio. Una Paloma que lo hizo carne, y vivió una experiencia interna viéndose de afuera y no cerrando la puerta. Para ella, el regalo de mi final, como un saldo de cuentas que no llegó como se esperaba, sino como nadie dictó. Para ella el cierre preciso y perfecto. Para aquel que su inquietud no le dicte conocerlo, será cuestión de esperar a que en algún momento, el cuento se publique íntegro. Para el inquisidor, basta un pedido. Gracias y hasta la próxima!

jueves, 26 de noviembre de 2009

CCCXCVII: Vuelo

CCCXCVI: City Tour (10)

Avergonzado de sus silencios y su torpeza, Víctor sólo pudo volver a imantarse a la ventana, dejar caer el rocío de su cobardía por la mejilla derecha, y resignarse a la incesante repetición de sus errores. Pero no, no esta vez. Esta vez era distinto, y el puente estaba tendido, él lo presentía, confiaba, pero no tenía el valor. Tomó coraje y cerró los ojos, preparando la artillería de flores y los más dulces poemas jamás soñados, cada adjetivo perfecto, cada gesto. Y al cerrar los ojos se supo capaz de comenzar por preguntarle su nombre, seguir bromeando sobre su timidez y terminar de escribir el libro de sus vidas en la órbita de un astro compartido. Era ahora o nunca, el horizonte y sus puestas del sol, los puentes y la alevosía de su sonrisa para enamorarlo. Lo sabía y confió. Giro súbitamente su rostro y al abrir los ojos (...)

miércoles, 25 de noviembre de 2009

CCCXCV: Impasse del City Tour (NdeR)

No quiero. No, me niego a publicar la entrada que correspondería hoy a City Tour, a ese bang bang que es el punto final en el pecho de Víctor. Esa húmeda y cruel caída al baboso asfalto del empedrado. Lo quiero allí, hilvanado entre sus labios en un abrazo inquebrantable hasta el primer destello del alba. Y si soñaste tanto como él, si alguna vez viviste el deja vú más parecido al amor y se te escurre por los dedos, si sabés que el palo a la cabeza viene certero y contundente, despertá! Despertá y animate, no la dejes ir. Víctor, por favor, no la dejes ir...

martes, 24 de noviembre de 2009

CCCXCIV: City Tour (9)

Tras el golpe, Víctor viró su mirada y la encontró hablándole, tendiendo un puente entre ellos que el importunio de un rapto de torpeza al girar la página había forjado y ya nada podría romper. Sus miradas se cruzaron hasta el amanecer, se acariciaron, se entregaron y se soñaron vivas esquivando solitarias pesadillas. Las estrellas comenzaron a caer, las luces de Buenos Aires se extinguieron como la exhalación póstuma del alma mientras la luna llena iluminaba el Edén de su abrazo. Destellos fulgiendo sobre sus rostros, el viento elevaba sus cabellos y la nuca débil que les hacía de sostén, se arqueaba entregándose a sus besos. La entrega absoluta, desfachatada, real e impertinente. Todo fue perfecto hasta aquella frenada repentina que le golpeó la cabeza contra el caño de la puerta y lo hizo caer a la realidad.

lunes, 23 de noviembre de 2009

CCCXCIII: City Tour (8)

Del morral que pendía de su hombro, sacó un libro de poesía, de tapa barroca y artesanal. Se entregó al mundo de sus páginas ya amarillas de contar historias y romper corazones, y con una leve sonrisa dibujada, se escapó hacia otros veranos. Pasaban cuadras, paradas, pasajeros. Pasaba el tiempo y su compañía inigualable, y no había forma de despegarla de su libro que, claro, él no había visto. Con la mirada clavada en el afuera –que no era otra cosa que su miedo más profundo-, juntaba valor a cuentagotas y rompía el dique con cada pensamiento de rechazo. Mientras el retrovisor olvidaba la intersección de Bolivia y Juan B Justo, Víctor sintió un codazo en las costillas que lo hizo estremecer. La risita inocente apenas emitió sonido, casi al mismo tiempo que su voz de niña eterna, con el vibratto etéreo de sus sagradas cuerdas vocales, dijo: “Disculpame, siempre tan bruta”.

domingo, 22 de noviembre de 2009

CCCXCII: City Tour (7)

Su sueño eterno venía caminando con determinación hacia él, y no vacilaba en un solo paso. La miró a los ojos, volvió a tragar saliva lubricando vanamente las palabras que jamás diría y bajó la cabeza corriéndose como imantado hacia la ventana, soplando el castillo de naipes que su mente ya había construído. Su mundo entero padeció un fusilamiento hostil. La cobardía, eterna verduga de cada uno de sus entierros, se enaltecía y clamaba por más poder desde su indiscutido rol de mando. Por más que lo intentase con todas sus fuerzas, era imposible para Víctor girar la cabeza –o siquiera sus ojos- sólo cuarentaicinco grados a la izquierda. Nada pedía, nada esperaba, más que inmortalizar ese perfil en su retina, observar cada dulce recoveco de sus oídos, la longitud precisa de sus pestañas, el ángulo de su olfato o el diámetro de su barbilla. No había caso. A fin de cuentas, el consuelo habitaba en ese mínimo detalle, no fuera a enfrentar sus verdaderos anhelos. ¿Cómo se le ocurriría jamás a un hombre soñarse durmiendo entre el volumen perfecto de sus labios, o perdiéndose en la profundidad de sus ojos de miel? No tendría el tupé.