viernes, 24 de julio de 2009

CCLXXXVII: I do believe in fairies



¿Conocés ese lugar entre dormido y despierto? 
¿Ese lugar donde uno todavía recuerda que estaba soñando? 

Ahí es donde te amaré siempre. 
Allí te estaré esperando...

domingo, 19 de julio de 2009

CCLXXXV: 20 años - texto

Vacío y flotando inerme en las aguas del misterio, pataleo como un niño caprichoso sin saber siquiera en qué dirección se aventuran mis irreconocibles deseos, mis necesidad de volver a encontrarte. Buscando el alba en aquella dulce sonrisa, infectado por la peste de la inacción sensorial... No puedo seguir. No estás. No estoy. 

CCLXXXIV: 20 años - imagen


Loviu godiita, pero hacete cargo. Jé!

jueves, 16 de julio de 2009

CCLXXXIII: Testamento vital

Cansa. El cáliz de la inmortalidad fluye, pero cansa. El cuerpo no permanece en pie, la mente no encuentra sosiego y el alma vaga intranquila por algún rincón alejado de mi cuerpo ajetreado. Tal vez me vea diminuto en mi lejanía ausente, desde lo alto de un edificio porteño y espejado. Creo haber escuchado en las noticias, que alguna noche inadvertida, ella dio el paso que faltaba, trascendió sus miedos y se aventuró al vuelo del sueño eterno, dejándome ahogado en la soledad de la sangre gris, en el mar del despojo y la vacuidad. Si en la víspera de un nuevo mañana, por alguna razón, me tocase seguir sus pasos, exijo entereza en sus corazones. No me lloren, no me sufran. Sepan, mis amados, que toda acción o reacción mundana, sólo habrá sido forjada en pos del elíxir de los días, del éxtasis de la vida en su máximo esplendor. Que la fuerza que me ha imantado tras mi alma en esa búsqueda incesante que nunca pude abandonar, está cargada de vitalidad desde su raíz hasta sus cenizas. Llévenme siempre consigo, no como cruz sobre la espalda, sino como el silbido intangible y sagrado del alba, que despavila suavemente e invade por el tamiz de sus párpados helados.

CCLXXXII: One of my turns

CCLXXXI: Tristes guerras

Tristes guerras, si no es amor la empresa.
Tristes, tristes

Tristes armas, si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres, si no mueren de amor.
Tristes, tristes.

Tristes, como aquellas tardes de guerra;
aquellas tristes tardes.

Ismael Serrano, en base a poema de Miguel Hernández.

miércoles, 15 de julio de 2009

CCLXXX - Hurtos 12: Charles Bukowski

Margie iba a salir con este tío pero cuando salían el tío se encontró con otro tío vestido con un abrigo de cuero y el tío del abrigo de cuero abrió el abrigo de cuero y le enseñó al otro tío sus tetas y el otro tío se dirigió a Margie y le dijo que no podía mantener su cita porque el tío del abrigo de cuero le había enseñado las tetas y tenía que ir a follarse a ese tío. Así que Margie se fue a ver a Carl. Carl estaba en su casa, y Margie se sentó y le dijo:

-Este tío iba a llevarme a la terraza de un café, íbamos a beber algo de vino y a hablar, sólo beber vino y hablar, nada más, pero en en camino este tío se encontró a otro tío con un abrigo de cuero, y el tío del abrigo de cuero le enseñó sus tetas al otro tío y ahora este tío se ha ido a follar con el tío del abrigo de cuero, así que me quedé sin mesa, sin vino y sin charla.

-No puedo escribir nada -dijo Carl-. He perdido la inspiración.

Entonces se levantó y se fue al baño, cerró la puerta, y se puso a cagar. Carl echaba cuatro o cinco cagadas al día. No tenía otra cosa que hacer. Se bañaba cuatro o cinco veces al día. No tenía otra cosa que hacer. Se emborrachaba por la misma razón. Margie oyó el ruido de la cadena del retrete. Carl salió.

-Ocurre simplemente que un hombre no puede escribir ocho horas al día. Ni siquiera puede escribir todos los días, ni todas las semanas. Agota su mente, es una desesperación fija. Ahora no puedo hacer otra cosa que esperar. Carl se fue hacia el frigorífico y salió con un paquete de seis cervezas. Abrió un botellín.

-Soy el escritor más grande del mundo -dijo-. ¿Sabes lo difícil que resulta?

Margie no contestó.

-Puedo sentir cómo el dolor se arrastra por todo mi ser. Igual que una segunda piel. Me gustaría poder cambiar de piel como las serpientes.
-Bueno, ¿por qué no te revuelcas en la alfombra y tratas de desprendértela?
-Escucha -preguntó él-. ¿Dónde te conocí?
-En la tienda de legumbres de Barney.
-Bueno, eso lo explica un poco. Tómate una cerveza.

Carl abrió una botella y se la pasó.

-Ya -dijo Margie-, ya sé. Necesitas tu soledad. Necesitas estar solo. Excepto cuando necesitas algo, excepto cuando cortamos de una vez y entonces te sientes perdido y en seguida te pones a llamar por teléfono diciéndome que me necesitas, que te estás muriendo de la resaca. Eres débil y te rajas rápido.
-Sí, me debilito rápido.
-Y eres tan estúpido conmigo, nunca te pones caliente. Vosotros los escritores sois tan... delicados... No podéis soportar a la gente. La humanidad hiede, ¿cierto?
-Cierto.
-Pero cada vez que cortamos empiezas a dar fiestas gigantescas de cuatro días. Y de repente te vuelves ingenioso. ¡Empiezas a hablar! De repente estás lleno de vida, hablando, bailando, cantando. Bailas en la mesita de café, lanzas botellas por la ventana, interpretas fragmentos de Shakespeare. De repente estás vivo, cuando yo me voy. ¡Oh, me han contado cosas acerca de esto!
-No me gustan las fiestas. Me disgusta especialmente la gente en las fiestas.
-Pues para ser un tío al que no le gustan las fiestas, celebras unas cuantas.
-Escucha, Margie, no entiendes. Ya no puedo escribir. Estoy acabado. En algún lugar torcí el rumbo. En algún lugar morí en medio de la noche.
-De la única manera en que te vas a morir es de una de tus monumentales resacas.
-Jeffers dijo que incluso los hombre más fuertes pueden quedar atrapados.
-¿Quién fue Jeffers?
-Fue el tío que convirtió el Gran Sur en una trampa para turistas.
-¿Qué vas a hacer esta noche?
-Iba a irme a escuchar las canciones de Rachmaminoff.
-¿Quién es ese?
-Un ruso muerto.
-Mírate. Te quedas ahí sentado como un idiota.
-Estoy esperando. Algunos tíos aguardan dos años. A veces la inspiración no vuelve nunca.
-Supón que no te vuelve nunca.
-Entonces me pondría mis zapatos y bajaría andando por Main Street.
-¿Por qué no te buscas un trabajo decente?
-No hay ningún trabajo decente. Si un escritor abandona la creación, está muerto.
-¡Oh, vamos, Carl! Hay millones de personas en el mundo que no trabajan en la creación. ¿Quieres decir que están muertas?
-Sí.
-¿Y tú tienes alma? ¿Eres de los pocos con alma?
-Podría decirse que sí.
-¡Podría decirse que sí! ¡Tú y tu miserable maquinita de escribir! ¡Tú y tus cheques enanos! ¡Mi abuela gana más dinero que tú!

Carl abrió otra botella de cerveza.

-¡Cerveza! ¡Cerveza! ¡Tú y tu condenada cerveza! Está presente incluso en tus historias: «Marty cogió su cerveza. Al levantar su mirada, vio a una magnífica rubia entrar en el bar y sentarse a su lado...» Tienes razón. Estás acabado. Te material es limitado, muy limitado. No puedes escribir una historia de amor, ni siquiera puedes escribir una decente historia de amor.
-Tienes razón, Margie.
-Si un hombre no puede escribir una historia de amor, es un inútil.
-¿Cuántas has escrito tú?
-Yo no pretendo ser escritora.
-Pero -dijo Carl-, pareces tomar una pose de estúpido crítico literario.

Margie se fue pronto después de eso. Carl se sentó y bebió el resto de las cervezas. Era verdad, la literatura le había abandonado. Esto haría felices a sus enemigos de las catacumbas. Podrían subir un jodido escalón. La muerte les complacía, tanto a subterráneos como a escritores con éxito. Recordaba a Endicott, sentado allí y diciendo: «Bueno, Hemingway se fue, Dos Passos se fue, Patchen se fue, Pound se fue, Berryman se tiró desde un puente, todos muertos... Las cosas cada vez están mejor y mejor y mejor». Sonó el teléfono. Carl lo cogió.

-¿Señor Gantling?
-¿Sí? -contestó.
-Quisiéramos saber si a usted le gustaría venir a dar una lectura en el Fairmont College.
-Bueno, sí. ¿Para qué fecha?
-El treinta del mes próximo.
-No creo tener nada que hacer para entonces.
-Nuestra paga usual son cien dólares.
-Me suelen dar ciento cincuenta. Ginsberg cobra mil.
-Pero es Ginsberg. Sólo podemos ofrecerle cien dólares.
-De acuerdo.
-Muy bien, señor Gantling. Le mandaremos los detalles.
-Qué me dice del viaje? Son varias horas de carretera.
-De acuerdo, veinticinco dólares por el viaje.
-O.K.
-¿Le gustaría hablar a los estudiantes en sus clases?
-No.
-Hay un almuerzo gratis.
-Entonces sí.
-Muy bien señor Gantling, estaremos por el campus esperándole.
-Adiós.

Carl dio una vueltas por la habitación. Miró la máquina de escribir. Puso una cuartilla de papel en el rodillo, se asomó a la ventana y vio pasar a una chica con una minifalda increíblemente corta. Empezó a escribir. «Margie iba a salir con este tío pero en el camino este tío se encontró con otro tío vestido con un abrigo de cuero y el tío del abrigo de cuero abrió el abrigo de cuero y le enseñó al otro tío sus tetas y el otro tío se dirigió a Margie y le dijo que no podía mantener su cita porque el tío del abrigo de cuero le había enseñado sus tetas...»
Carl cogió su cerveza. Era agradable volver a escribir de nuevo.


No puedes escribir una historia de amor
Charles Bukowski

domingo, 12 de julio de 2009

CCLXXIX: Ser lo que somos

Somos los artistas del eufemismo invisible; de la pasión engayolada en su más bella expresión. Somos la laringe irritada del grito liberatario. Los malsonantes alaridos en afonía que imploran otro mundo posible. Somos los ojos fijos frente al espejo interrogante, yuxtaposición de insoslayables verdades frente al sinsabor de los recuerdos y el desvarío. Somos los traidores del orden divino, la herejía vil de los corazones sangrantes. Somos tantos, sin saber que somos. Somos los segundos salteados, las líneas no escritas, el advenimiento de los sueños cumplidos. Somos el puente a un nuevo reino. Somos tus latidos, tu motor. Tu futuro.

sábado, 11 de julio de 2009

CCLXXVIII: Patch, sweet home.

All of life is a coming home. Salesmen, secretaries, coal miners, beekeepers, sword swallowers, all of us. All the restless hearts of the world, all trying to find a way home. It's hard to describe what I felt like then. Picture yourself walking for days in the driving snow; you don't even know you're walking in circles. The heaviness of your legs in the drifts, your shouts disappearing into the wind. How small you can feel, and how far away home can be.

Home. The dictionary defines it as both a place of origin and a goal or destination. And the storm? The storm was all in my mind. Or as the poet Dante put it: "In the middle of the journey of my life, I found myself in a dark wood, for I had lost the right path." Eventually I would find the right path, but in the most unlikely place.

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Todo en la vida es una vuelta al hogar. Para vendedores, secretarios, mineros, apicultores, tragasables, para todos. Todas las almas intranquilas del mundo buscan volver al hogar. Es difícil explicar cómo me sentía. Imagínense que llevan días caminando bajo una tormenta de nieve, sin saber que van caminando en círculos. La pesadumbre de las piernas bajo la nevada, los gritos ahogándose en el viento. Imagínense qué insignificantes pueden sentirse, qué lejos puede estar el hogar.

Hogar. El diccionario lo define ambiguamente como lugar de origen y como meta, destino. ¿Y la tormenta? La tormenta rugió siempre en mi mente. O como dijo el poeta Dante: "En el medio de la vida me hallé en una selva oscura. Había equivocado la ruta". Eventualmente volvería a encontrar el camino correcto, y en el lugar más inverosímil.