jueves, 25 de noviembre de 2010

DLXXXIX: Luz del horizonte

Es el elíxir sublime del horizonte donde descansa, azul, un destello de anhelos sensatos e imperecederos. Sentires de añares y centurias, de rayos y centellas y llamas inextinguibles lamiendo de fuego los muros de tus castillos constitutivos. Erosión ardiente del ladrillo pulverizado bajo tu vuelo. Encarnizamos la luz estelar de un mañana alcanzable y posible, efigies mutantes y vivas de los amores eternizados en un dueto infalible y certero. Aves de alto vuelo, gaviotas por momentos. Rasantes cada tanto, danzando el vals del viento entre las nubes y los dioses pasados. Quetzalcóatl sonríe, se realiza. Se hace estrellas y se funde con la nada y nuestros cuerpos. Y en el excelso devenir de las almas comulgadas, somos luz y vida eterna.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Te siento a vos. Luz: vida eterna o presente. Es igual, nos tiene.